Saudade de Domingo #38: Buen día, Guayaquil

Como no podía ser de otra manera, Guayaquil ofrece hoy en su fecha de independencia un sol radiante y un calor infernal con aire tropical. Esto del aire, pasados unos días ya ni se percibe pero cuando se viene de afuera y se sale del aeropuerto, inmediatamente invade una humedad fluvial, de las entrañas del trópico que en primer momento lo único que hace es aturdir. Así es Guayaquil para mí, una ciudad abrumadora, recargada, que avasalla. No es hipócrita, te hace saber desde un principio que es una ciudad difícil, hostil pero también cálida y seductora. Y es que Guayaquil seduce con su modernidad, su precariedad, con el corazón y sus fluidos. Es difícil que produzca indiferencia: la amas o la odias. Y aun cuando se la odie a momentos, luego te pone al frente las razones por las que has elegido vivir aquí y terminas reconciliándote con ella.

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Guayaquil vista desde el Guayas, específicamente desde el Morgan.

Viví un tiempo fuera del país y al regresar he mantenido con Guayaquil una relación bastante particular. Siento por ella toda clase de sentimientos y emociones: amor, odio, seducción, alegría, bienestar, angustia, ansiedad, tristeza, nostalgia. Es una ciudad vieja que se engalana de joven. No tiene memoria, se va rehaciendo sobre la marcha y por ello pareciera que todo estuviera por empezar y por hacerse. Guayaquil es una ciudad que devora su pasado, que oculta lo que no le gusta, lo que no se ve bien y se pone máscaras para las fiestas. Pero hay quienes que sí conocemos algo más de esa fachada y entendemos sus neurosis. Aun con todo la amamos como la madre imperfecta que es pero que sigue siendo madre, porque entre sus desvaríos, es amable, cariñosa, te sorprende con un cielo azulado, un río calmo, el cántico de pajaritos y un árbol centenario que se ha salvado de la tala municipal. Guayaquil tiene sus encantos y es necesario conocer sus venas a profundidad para vivirla desde las entrañas. Es en ese fluir sanguíneo de las calles adyacentes, de los barrios de antaño, en las periferias de sus cuatro costados, donde se percibe el saborcito guayaco que está mejor condimentado que en las zonas regeneradas. Son los contrastes los que enamoran de Guayaquil, los que la engrandecen y hacen pensar que pese a todo, vale la pena vivir acá.

¡Feliz día, Guayaquil!

Proyecto: Semana 1

Siempre me resulta difícil entrar en el universo narrativo de mi historia. Siempre me olvido que es más cuestión de sentarse, ver qué se hace y dejar que las ideas vayan bajando, asentándose, que los personajes ayuden a marcar el camino también.

El domingo pasado preparé en Excel un cronograma de escritura con el que pretendo, si todo sale bien, tener el primer borrador de la película en diciembre. Luego dejar descansar la historia en enero y retomar el segundo borrador en febrero.

Esta primera semana el objetivo era definir bien la estructura que llevaría la historia. Cuáles serían los puntos de giro, la necesidad de los personajes y sobre todo el desenlace. La trama más o menos la tenía clara, pues se trata de una historia que ya me venía dando vueltas desde hacía varios años, pero siempre surgieron otros proyectos en el medio y siempre este quedaba para más adelante.

Las clases de Guión que doy en la universidad me han ayudado mucho a tener fresca la estructura y en estos últimos días ha sido fundamental utilizar la técnica de las 8 secuencias para construir la estructura clásica de tres actos. De alguna forma ayuda a no sentirse tan asfixiado en la mitad del segundo acto. La verdad nunca había probado esta técnica y ha sido muy útil para detectar los puntos débiles de la estructura. Así no hay que esperar a la escaleta o al guion para encontrar los huecos de la trama. Ya desde la secuencia uno se puede dar cuenta por dónde va la historia, su ritmo, su tono. Para clarificarme aun más desempolvé una pizarra vieja que tenía y sobre ella dibujé la estructura y coloqué los momentos importantes de la historia. Es impresionante lo mucho que ayuda “ver” en grande la estructura. Se trata de un primer acercamiento a la historia desde la base, viendo las primeras acciones de los personajes, sus consecuencias y el aumento de la tensión hacia el clímax del conflicto.

He cumplido con la misión de esta primera semana. Puedo irme a ver una peli antes de dormir.

Saudade de Domingo #37: Nuevo desafío

Los meses pasan y es fácil caer en la inercia. Intento huir un poco a las reglas, pero mirando hacia atrás me doy cuenta de lo importante que resulta fijarse metas, plazos, deadlines para cumplir algún objetivo. Eso de esperar el momento indicado, que llegue la inspiración, que se unan los astros y demás son sólo pretextos para ponerse a trabajar. Entiendo también que ya en los trabajos convencionales hay tantas reglas y pasos, que lo que uno quisiera es liberarse de ellos en los proyectos personales. Sin embargo, estos también exigen una disciplina, una metodología (más lúdica quizás, dependiendo) y sobre todo una constancia, un compromiso con uno mismo. Y creo que ese es el compromiso más jodido de cumplir. Es más fácil comprometerse por/con otros, pero el compromiso personal, ese que nadie está verificando si cumples o no, es el más difícil de mantener. Por ello la idea de fijarse metas, así sean pequeñas, cortas, insignificantes para otros. No hay nada más lindo cuando se cumple una meta y sentir que uno mismo se hace «check» en la lista de deseos.

Por mi propia experiencia siento que cuando no llevo un calendario de actividades, termino perdiéndome. No sé bien cómo aprovechar el tiempo y tengo la sensación de estar sujeto a los tiempos de otros. Por eso trato de llevar un calendario semanal para ver en macro cómo estará la semana y encontrar esos pequeños intersticios para realizar algo personal, que normalmente se decanta también en varias áreas de mi interés: leer, aprender o repasar un idioma, escribir un cuento, escribir un guión, ver alguna película o serie.

Aprovechando el inicio de mes, decidí desde la semana pasada, que estos últimos meses del año (qué rápido se está yendo el 2016) los dedicaré a escribir un proyecto concreto. Hace años atrás llevo una historia que me ronda la cabeza, que a veces me abandona y otras veces regresa con fuerza, ímpetu, obligándome casi a dejar lo que estuviera haciendo para empezar a escribir. Siempre termino por desplazarla y cae nuevamente en el olvido. Hace unos días vi una película alucinante, muy bien escrita, dirigida e interpretada que se realizaba en una sola locación. Mi historia perfectamente se puede contar también en una sola locación y desde ya empiezo a martillearme la cabeza con empezar a escribir.

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Así que desde hoy 2 de octubre hasta el 30 de diciembre, me propongo escribir el guión de esa historia. Tengo varios apuntes, un esbozo de la estructura narrativa, perfil de los personajes principales. Ayer sábado 1 me puse a ordenar un poco todos los apuntes dispersos en un solo documento y en esto como siempre me está ayudando un montón utilizar el Scrivener, software maravilloso que me permite visualizar todo en un documento master.

No sé si será un proceso ordenado ni agradable, veré cómo respondo o cómo me siento ante la incertidumbre pero ponerme nuevamente frente a la página blanco, con personajes que esperan mis directrices. No será un guión perfecto como no lo es ninguno en el primer borrador pero lo importante es sacarlo, dejar que me martillee la cabeza y que al menos descanse agotado sobre el papel. En lo posible iré documentando desde acá los avances que vaya teniendo sobre el guión, para que me sirve como una bitácora del proceso mismo.

Y que sea lo que tenga ser, como decía un personaje en un corto que escribí años atrás.

Saudade de Domingo #36: Necesidad

En las clases de Guion de las últimas semanas, hemos venido hablando sobre la importancia de armar bien el conflicto de la historia y de su relación directa con el personaje. Éste debe tener una carencia o algo insatisfecho dentro de sí para que cuando aparezca una situación determinada, se active en él la necesidad de luchar, de moverse en función a un objetivo. Esa necesidad en términos dramatúrgicos, toma el nombre de necesidad dramática, que no es más que cualquiera de las necesidades (de amor, de realización profesional, heroísmo, libertad) que tenemos todos en mayor o menor medida, según el momento de la vida que estemos transitando.

Siempre me resulta curioso enseñar en Guion, la relación del conflicto con la necesidad dramática de los personajes y viceversa. Por un lado me resulta un poco obvio enseñar esto pero por otro lado, cada vez que lo enseño sumado a las preguntas de los chicos, siento que aprendo más sobre el conflicto y las personas (en la vida real). «¿Y qué pasa si un personaje no tiene ninguna necesidad?», me preguntó una vez un estudiante. Y yo le respondí, «pues no habrá situación alguna que mueva a ese personaje y por tanto no habrá conflicto». En ese momento recordé a muchos conocidos que están aparentemente como el personaje que señaló el estudiante. Personas que desconocen sus propias necesidades, que no saben bien por dónde ir, cómo moverse, qué hacer. Al igual que en la dramaturgia, las personas no siempre saben sus necesidades sino que las van descubriendo a medida que se encuentran con situaciones en las que deben decidir algo. Pero incluso en esas situaciones, varios conocidos parecen no tener conciencia de que algo interno se movió o se despertó. Entonces esa necesidad que quiso manifestarse vuelve a dormirse hasta que quizás en algún momento por alguna razón, vuelva a despertarse y quizás esta vez la persona estará atenta a escucharla.

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Cada persona tiene su tiempo para hacer y vivir las cosas. Por tanto la necesidad de una persona debería activarse cuando sea el momento indicado. Luchar por un amor, por un trabajo, por los ideales de una sociedad, por la justicia, son diferentes clases de necesidades unidas a una situación que dan lugar a un conflicto. En la vida quizás tenemos una gran necesidad de algo y sólo nos enteramos muchos años después, atando cabo de nuestros errores pasados. En dramaturgia clásica, para no ver un sinnúmero de escenas dispersas, deberíamos arrancar la historia en el punto cercano a esa «iluminación» que va a tener el personaje. Ver durante los primeros minutos la situación de vida del personaje para luego ponerlo frente a una situación (muerte de alguien cercano, amor a primera vista, concurso de méritos, oferta de trabajo, divorcio, etc.) y que a partir de ahí, accione creándose un conflicto. Recuerdo una vez, cuando trabajaba como asistente de dirección en una obra de teatro, que el director vio durante los ensayos a una de las actrices darse tumbos sin que se sintiera vivo a su personaje. La dejó «actuar» así durante unos minutos. El otro actor metido en su personaje le hacía reclamos por algo que pasaba en la trama y ella actriz, desde su personaje no accionaba. Luego el director interrumpió la escena para decirle: «¿sabes cuál es tu problema? Es que no tienes clara la necesidad de tu personaje y por tanto no deseas nada. Cuando tienes claro el deseo todo se organiza». Esa última frase me cayó como una revelación, como si hubiera sido yo un personaje y me enfrentaba a una situación en la que «descubría» cuál era mi necesidad, mi deseo. En aquel momento me debatía entre irme a estudiar fuera del país o no. Tenía muchas dudas acerca de cómo sobreviviría afuera y al escuchar esa frase comprendí que lo importante era irme, tener la férrea decisión de estudiar afuera y que luego sobre la marcha «algo» ayudaría a organizarlo todo.

man-walking-down-road-alone-640x376.jpgY así fue. Estrenamos la obra, la actriz se lució y fue muy felicitada por su interpretación, mientras yo empecé las averiguaciones para hacer una maestría fuera del país. Tomó un tiempo barajar opciones, esperar respuestas, hasta que finalmente en marzo del 2012 me fui a vivir a Buenos Aires, llevando conmigo ilusiones, sueños y proyectos. No sabía bien qué pasaría pero tenía claro que mientras tuviera clara mi necesidad de superación, todo alrededor se organizaría, que el universo conspiraría a mi favor, como se dice en Metafísica. Pasaron muchas cosas buenas y no tan buenas en ese proceso, pero conseguí lo que quería. Mi ceremonia de graduación fue un lindo final del tercer acto de mi propia película.

Es así como una clase de Guion me recuerda, a través de las necesidades dramáticas de los personajes, que uno como persona debe estar enchufado con el interior, prestar atención a las necesidades y a las situaciones que se presenten. Que si queremos que algo pase hay que estar atento. Todo pasa por algo y nunca se sabe cuál puede ser el próximo objetivo (conflicto en términos dramatúrgicos). Por eso nos encanta tanto ir al cine, leer un libro, ver una obra de teatro. Necesitamos ver a modo de espejo, la lucha de un personaje, cómo se sobrepone a los obstáculos y cómo finalmente consigue o no cumplir sus objetivos. Somos seres de lucha.

Saudade de Domingo #35: La ciudad por los aires

El viaje arranca desde el momento que se elige el destino y se arma toda la logística para llegar al lugar. Una parte del mismo -y de las que más disfruto- es la de sobrevolar ciudades. Hay un atroz encanto en mirar la geometría de los pueblos, las grandes capitales, sea de día o de noche. Es un escenario en el que por esos segundos parecieran no existir habitantes. Las formas algunas veces caprichosas en las que se asientan las poblaciones, me permiten fantasear sobre cómo serán los recorridos en tierra. Desde los aires quedan en evidencia los techos, las calles, la luminaria. Las ciudades están desnudas, indefensas para el cielo.

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En mis últimos viajes he comenzado a tomar fotos desde la ventanilla del avión. Hay momentos que son claves. Un atardecer, un amanecer, el despegue dejando la ciudad de origen, el aterrizaje en la ciudad de llegada. Resulta más interesante si se sobrevuelan lugares desconocidos, sin estar «contaminado» previamente por el recorrido en tierra. A medida que el avión se acerca a tierra, la ciudad va cambiando de forma. Se vuelve «real», los letreros se amplifican, las personas se «humanizan», las carreteras dejan ser líneas hasta que finalmente el avión toca tierra. Son aquellos intervalos de magia en los que la ciudad deja de ser solo una maqueta, una proyección.

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Buenos Aires, de noche

Me gusta la idea de imaginar la ciudad como una alfombra desde el aire. Cuando fijo un nuevo destino y debo viajar en avión, no sólo pienso en su recorrido sino en su vista desde el aire.

La Uruguaya

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Si no hubiera tenido que buscar un libro por encargo de una amiga en El Ateneo, jamás habría dado con esta novela. De pronto apareció, entre los últimos lanzamientos de la librería  y su título me llamó la atención. Del autor, Pedro Mairal no sabía nada, lo cual me resultaba tremendamente seductor. Amo encontrar desconocidos en la literatura y ver si su narrativa me sorprende o decepciona. Ambas cosas ya me pasaron, pero persisto en el juego de cita a ciegas literario.

Empecé la lectura de La uruguaya sin muchas expectativas que la de pasar un rato. Estaba de visita por Buenos Aires y entre cafés, charlas y caminatas, me fui insertando en la vida de un escritor cuarentón en crisis que evocaba a una uruguaya a quien había conocido en un encuentro literario en el país de Galeano años atrás. Quedé muy impresionado por la soltura del lenguaje. Es una novela que no busca el preciosismo en su narrativa. Por el contrario, todo resulta coloquial. El personaje de Lucas, que es quien lleva la acción, narra todo en segunda persona, como si le contara la historia a Catalina, su pareja actual y lo hace con tal realismo, que parecería Mairal retrata con precisión los escenarios de Buenos Aires y Montevideo. Para cualquiera que ha estado en las dos ciudades, la cartografía que realiza el protagonista de la historia resulta verosímil y actual.

La novela se desarrolla durante un día cronológico con varios saltos en el tiempo, lo que otorga un buen ritmo. Cada fin de capítulo deja una intriga para el siguiente y de esa manera la novela termina por leerse rápidamente.

Al final del libro, me quedé con la misma sensación de haber «vivido» muchas cosas como cuando tengo un día largo, apretado de actividades una atrás de la otra. Me dejó además una leve sensación de nostalgia al evocar ciertos pasajes de la novela. Una historia con la medida justa, muy recomendada.

Dream Come True, de Yoko Ono

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Yoko Ono ha vivido a la sombra de quien fuera su pareja, el ex beatle fallecido, John Lennon. Ha sido odiada por los fans acérrimos del grupo británico, endilgándole la responsabilidad de ser la causante de la separación de la banda. Ono, pesar de su calidad artística, gozó de poca simpatía y para muchos ha sido sólo «la mujer de John Lennon».

El MALBA en Buenos Aires, decidió realizar una muestra como retrospectiva de la obra de Yoko Ono, desde los años 60 hasta la actualidad. En ella se pueden apreciar vídeos, films, registros sonoros e instalaciones que proponen toda clase de instrucciones, en las que el público debe prestar atención a los latidos de su corazón, a su respiración, a su mirada, entre otros ejercicios que busca la conexión con el propio ser y el entorno.

13925051_10210117258626907_7589248735779190853_nComo pieza inicial está la famosa obra de la escalera Ceiling Painting, en la que John Lennon descubrió el talento de la japonesa a través de la palabra “sí” (yes) que había que buscar con una lupa en lo alto de una plancha que simulaba un techo. A partir de ese momento, según aseguraba Lennon, se había enamorado perdidamente de ella.

La retrospectiva propone varios momentos. El sellado de la frase “imagina la paz” en los diferentes puntos del mapamundi donde cada uno quisiera que funcionara la frase, el rearmado de varios objetos rotos para luego colocarlos en una estantería, escribir frases con tiza sobre una gran pared oscura, pintar palabras en una pared. También Ono aprovechó la muestra para hacer un llamado a las mujeres latinoamericanas que hayan sufrido algún tipo de violencia para que enviaran una fotografía de sus ojos relatando un testimonio personal de forma anónima.

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John Lennon no podía faltar en la obra de Yoko. Queda retratado en una película de long portrait y en otra donde aparece un primer plano de sus nalgas, intercalado con las de Ono. También Lennon fue el responsable del trabajo de sonido de muchos de los vídeo-arte que se encuentran presentes en la escena.

La obra de Yoko obliga a mirar(se) hacia adentro sin descuidar tampoco el encuentro con el otro. En cada una de sus instalaciones, apela siempre al interior para dar cuenta del otro y al mundo donde vivimos. En ella hay una fuerte presencia de la tierra, del agua, del aire y del fuego, pero lejos de sonar imperativa con sus instrucciones, en su obra se respira calma pero no estatismo, acción pero sin prisa. Toda su obra resulta una invitación a desafiarse, a conocerse, a reconocerse en el otro y eso es algo que como visitante, se agradece profundamente.

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Yo escribiendo la palabra Saudade. (Nada raro).
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Una de las «instrucciones» de Yoko.

Para “vivir” la obra de Yoko es necesario entregarse a ella, jugar a los desafíos que propone a través de sus famosas “instrucciones” aun cuando algunas pudieran parecer extrañas. En ese sentido, me dejé llevar por ella; pinté, escribí, subí la escalera con la lupa, contemplé el tragaluz desde donde Ono propone mirar el cielo con otra conciencia. Luego de salir de la muestra de Yoko me sentí pleno, revitalizado, como si hubiera visitado a una amiga que me abrió las puertas de su casa y que me permitió jugar en ella. Tenía muchas expectativas alrededor de esta muestra y quedé gratamente sorprendido. Al igual que el título Dream come true, visitar la obra de Ono fue un sueño hecho realidad.

Saudade de Domingo #34: De cómo empezó mi amor por la lengua portuguesa (brasileña)

Hago la aclaración de lengua brasileña, porque el portugués hablado en Portugal dista mucho en fonética, léxico, e incluso en ortografía del que se habla en Brasil, que fue justamente el portugués que aprendí a hablar en los años de pubertad y por el que siento una endiablada devoción.

¿Cómo empezó ese amor? Pues con misterio, alrededor de los 4, 5 años, cuando todavía ni sospechaba que llegaría a hablar con fluidez, pensando y soñando en portugués una década más tarde. No recuerdo con exactitud cuando escuché por primera vez el portugués, pero seguro que fue con Xuxa, cuando el precario doblaje permitía escuchar en segundo plano la voz melódica de la reina de los bajitos. Aprendí también a «masticar» algunas de sus canciones en portugués. Aquel idioma en la infancia me daba una extraña sensación de cercanía y distancia. La sonoridad de la lengua confundida con el español me hacía sentir cerca aun cuando me daba la sensación de que me perdía de palabras importantes. La escritura del portugués, con aquellos acentos agudos, circunflejos y el característico til sobre la a y la o (ã, õ), me marcaba una lejanía que me atraía. El portugués era para mí, como darle al español una segunda opción de cómo podía ser escrito. Era como un español transgresor, rebelde que se autoimponía acentos donde se marcara la mayor fuerza voz.

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Las telenovelas brasileñas también tuvieron gran responsabilidad en esa fascinación por la lengua de Jorge Amado. Al no haber internet en los primeros años de infancia y pubertad, me conformaba con leer los créditos de las telenovelas. Y me enamoré de esas palabras escritas (direção, produção. convidados, figurino), de nombres de personajes y actores (Glória, João, Letícia, Cássia, Fátima, Paula, Carlão, Renata, Eduarda). También me emocionaba cuando en algunas producciones no traducían el título al español y quedaba el original como en Brilhante, Desejo, A Próxima Vítima, O Clone, Laços de FamiliaMulleres Apasionadas, etc. Era la oportunidad de comparar el título en español con el original. En algunos casos eran completamente diferentes y me quedaba entonces con una sensación de frustración con lo que se perdía en el traspaso al español.

Recuerdo que una vez me emocioné mucho cuando durante un capítulo de Por Amor, algo le pasó al video y apareció el audio original en portugués. Y pude escuchar a Regina Duarte con su voz profunda y grave en portugués, muy diferente de la voz doblada. Luego el audio se corrigió pero me quedé en la cabeza con esa melodía, sintiéndome estafado por la voz del doblaje. Ya más grande, cuando tenía un dominio del idioma gracias a la música y al cine, grababa algunos capítulos (sobre los finales) y me divertía poniendo en mudo el audio, haciendo yo el doblaje en portugués, como si quisiera devolverle a esas escenas su audio original. No sabía si eran en realidad las mismas palabras que dirían los actores pero hacía el esfuerzo de imaginar y de que cuadrara lo que decía con los labios de los personajes. Creo que desde ahí viene mi deseo por querer doblar alguna novela o película algún día.

Ya esos años de fervor adolescente han pasado, pero el amor por el portugués continúa igual. Necesito una dosis diaria de música brasileña, de literatura, de cine o televisión del gigante de América del Sur. Uno de mis días más felices fue cuando pude tener en cable a Globo Internacional y desde ese momento es el canal en el que más tiempo paso cuando veo televisión. Podría prescindir de todo el resto de canales, siempre que tuviera Globo conmigo.

La lengua portuguesa (brasileña), también resultaba -y resulta todavía- un gran desinhibidor. Con el portugués me atrevo incluso a cantar (aunque no lo haga del todo bien). Hay un extraño placer, un éxtasis sonoro al pasar por las cuerdas vocales, palabras y verbos lusitanos. Mis grandes amigos, compañeros de idioma fueron -y son- Tom Jobim, Caetano, Simone, Chico, Gal Costa, Roupa Nova, Titãs, Cazuza, Cássia Eller. Cantar en portugués funciona para mí como una terapia espiritual, así como para los hindúes lo es el cántico de los mantras en sánscrito.

Y la saudade… bendita palabra dulce, melancólica, sensual y dolorosa, con la que he podido identificarme quizás porque no es fácil de definir pero sí de sentir. Y es así que sinto saudade de tudo, hasta del mismo proceso de enamoramiento en el que me apaixonei pela língua portuguesa (brasileña).

Peli de Sábado por la Noche #18: Reaching for the Moon (Flores Raras) (2013)

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Acá estoy de regreso con la sección de pelis de sábado por la noche. Vi muchas pelis en este tiempo pero por una u otra razón se me dificultaba reseñarlas por acá. Ahora regreso con la tarea y reinicio con una película brasileña que tenía en la mira desde hace algún tiempo porque amo todos los trabajos que hace Glória Pires, una de sus protagonistas.

En su dilatada carrera como director, Bruno Barreto apuesta a contar una historia que aun ahora desafía los convencionalismos. En Reaching for the Moon (o Flores Raras, como fue su título en Brasil), Barreto narra la historia real de amor entre la poetisa norteamericana Elizabeth Bishop y la arquitecta brasileña Lota de Macedo Soares.

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Basada en la novela de Carmen L. Oliveira, la película no hace ningún tipo de juicio moral acerca de la relación de las dos mujeres. Miranda Otto y Glória Pires trabajan sus personajes desde la humanidad, dejando a un lado la mirada castigadora heteronormativa de dos mujeres que se aman. En escena se ve a dos seres humanos que se quieren con sus cualidades, con sus vicios y que gozan, sufren por sus propias acciones. Otto trabaja más desde la introspección, desde los silencios, la contención, mientras que Pires se centra más en la fuerza, en el poder que tiene su personaje, siempre bien relacionada con las altas esferas de la sociedad carioca, lo que le permite ser un poco maestra de vida de la poetisa.

Barreto no convierte al film en una bandera por los derechos GLBTI, sino que busca mostrar la naturalidad que existe en cualquier tipo de relación, siempre que haya un amor genuino. Elige encuadrar a Elizabeth y a Lota en el paisaje natural de la hacienda de la arquitecta en Petrópolis, lo que permite que su amor se desarrolle lejos del ruido urbano, mientras se cocía a fuego lento el golpe que llevó a Brasil a la dictadura en 1964.

El retratar el amor de dos mujeres en edad madura, le representó todo un desafío a Bruno Barreto, pues en Brasil muchas instituciones se negaron a ser patrocinadoras de la película justamente por la temática central de la historia. Por el hecho de que la película es mayormente hablada en inglés, se esperaba que tuviera alguna nominación al Óscar, cosa que lamentablemente no ocurrió, a pesar de todos los méritos artísticos que posee la cinta.

Saudade de Domingo #33: Viajar

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Siempre me ha gustado viajar: desde la planificación del destino, seleccionando los lugares que quiero visitar, armando horarios, decidiendo qué ropa llevar. Para mí el viaje empieza desde el momento en que decido comprar el boleto. La cuenta regresiva también alimenta mis ansias por perderme en un nuevo lugar, sentirme foráneo y desafiar a mi cabeza para que aprenda nuevas rutas.

Con el tiempo he aprendido a canalizar mejor mi emoción por los viajes. En otras épocas, de niño o adolescente, llegaba incluso a enfermarme. Recuerdo mi primer viaje a Brasil, en el 2003: terminé rapándome la cabeza antes del día del vuelo.

Lo que sí me pasa hasta ahora es no dormir bien la noche anterior al viaje. Me lleno de expectativas, me fijo una y mil veces de que no se me quede nada. Repaso mentalmente todo lo que quiero hacer en el avión y luego cuando llegue al destino. Se me van algunas horas así y termino durmiendo en promedio sólo tres horas. Luego recupero algo en el avión pero casi nunca consigo dormir.

Cambiar de aire, aunque sea por pocos días, es para mí una necesidad. Debo realizar cada cinco, seis meses un viaje largo para poder soportar mi ciudad por unos cuantos meses más. Mi destino favorito es Buenos Aires, ciudad que puedo decir sin falso orgullo que conozco bastante bien. Muchos se preguntan por qué voy tanto a la capital argentina. Más allá de que parte de los mejores recuerdos de mi vida fueron allá, con Buenos Aires siento que realmente puedo descansar. Que no tengo que hacerme el turista y correr de un lado a otro para cubrir un itinerario. Disfruto la ciudad con la calma de que tengo a Buenos Aires para siempre, que puedo sentarme toda una tarde a tomar café mientras leo o escribo, sin sentir que estoy perdiendo el tiempo. Que puedo meterme en librerías todo un día si quiero y esa inmersión hace parte de mi viaje.

Pero también hay los destinos donde me gusta dormir tarde y despertar temprano. Restarle horas al sueño para conquistar más lugares, tomar más fotos, conocer más gente. Es el encanto que despierta lo desconocido, como si tuviera un deseo obsesivo de volver cotidiano aquello que me resulta diferente. Me hace feliz cuando a los pocos días de llegado a un lugar, puedo caminar sin perderme, identificando calles, líneas de buses. Un viaje es siempre estimulante, hace crecer, quiebra limitaciones. No es que un viaje borre los problemas, ya que el cambio debe venir del interior de cada uno, pero sí es verdad que el viaje en sí mismo permite mirar las cosas de otra manera, con menor rigor quizás.

Viajar más allá del placer que pueda provocar, es una necesidad de vida.