Peli de Sábado por la Noche #18: Reaching for the Moon (Flores Raras) (2013)

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Acá estoy de regreso con la sección de pelis de sábado por la noche. Vi muchas pelis en este tiempo pero por una u otra razón se me dificultaba reseñarlas por acá. Ahora regreso con la tarea y reinicio con una película brasileña que tenía en la mira desde hace algún tiempo porque amo todos los trabajos que hace Glória Pires, una de sus protagonistas.

En su dilatada carrera como director, Bruno Barreto apuesta a contar una historia que aun ahora desafía los convencionalismos. En Reaching for the Moon (o Flores Raras, como fue su título en Brasil), Barreto narra la historia real de amor entre la poetisa norteamericana Elizabeth Bishop y la arquitecta brasileña Lota de Macedo Soares.

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Basada en la novela de Carmen L. Oliveira, la película no hace ningún tipo de juicio moral acerca de la relación de las dos mujeres. Miranda Otto y Glória Pires trabajan sus personajes desde la humanidad, dejando a un lado la mirada castigadora heteronormativa de dos mujeres que se aman. En escena se ve a dos seres humanos que se quieren con sus cualidades, con sus vicios y que gozan, sufren por sus propias acciones. Otto trabaja más desde la introspección, desde los silencios, la contención, mientras que Pires se centra más en la fuerza, en el poder que tiene su personaje, siempre bien relacionada con las altas esferas de la sociedad carioca, lo que le permite ser un poco maestra de vida de la poetisa.

Barreto no convierte al film en una bandera por los derechos GLBTI, sino que busca mostrar la naturalidad que existe en cualquier tipo de relación, siempre que haya un amor genuino. Elige encuadrar a Elizabeth y a Lota en el paisaje natural de la hacienda de la arquitecta en Petrópolis, lo que permite que su amor se desarrolle lejos del ruido urbano, mientras se cocía a fuego lento el golpe que llevó a Brasil a la dictadura en 1964.

El retratar el amor de dos mujeres en edad madura, le representó todo un desafío a Bruno Barreto, pues en Brasil muchas instituciones se negaron a ser patrocinadoras de la película justamente por la temática central de la historia. Por el hecho de que la película es mayormente hablada en inglés, se esperaba que tuviera alguna nominación al Óscar, cosa que lamentablemente no ocurrió, a pesar de todos los méritos artísticos que posee la cinta.

Sábado de Primavera

Veo la ciudad hermosa, dueña de un sol brillante, la gente feliz, los colores vivos inundan este lienzo en las márgenes del Río de la Plata. Los bosques de Palermo se han teñido de Renoir, sin embargo yo me ahogo en mis letanías, me siento un vampiro expuesto a la luz.
No me contagio de alegría, mi cabeza no me da tregua, quisiera descansar, pareciera que voy a explotar. Un géiser pasivo circula por mis neuronas… 
Disfruto en el dolor de lo que la vida me quitó…

Marion

Marion es nívea, delicada, un poco bipolar, excéntrica y con una fascinación por las monedas en desuso. Lleva el cabello corto y su color cobrizo parece brillar en las tardes soleadas con lluvia. Su español bien pronunciado aun tiene una cadencia particular de su francés olvidado. Aquella extraña melodía siempre me deja confundido, usando de pronto verbos en francés o haciendo mía la gramática gala para hablar en mi tibio acento guayaco.
Marion es atrevida y muchas veces hasta cínica. Se equivoca pero siempre soy yo el culpable. Pero hasta en su manera de ofenderme es tan desenfadada. Todo parece hacerlo con naturalidad, sin complicación, incluso en la hora de amar. Se deja llevar, no me prohibe nada, me permite recorrer cada milímetro de su cuerpo llenándome de su aroma, de la textura de sus delicadas venas azuladas. Sabe que la amo y se deja amar.
Marion siempre lleva botas. Las tiene de todos los colores y formas. Negras, amarillas, rojas, marrones, con tacos, sin taco, de terciopelo, de cuero, de caucho. Todas parecen ajustarse de manera mágica a sus largas piernas y a ese caminar que no le permite pasar desapercibida. Cómo me encantas Marion. Y aun así no te celo, te dejo libre, te dejo caminar, te dejo provocar, porque sé que siempre volverás. En ti se sustenta el don de la ubicuidad, ma chère.
Recuerdo aquella noche, aquel sábado después de larga jornada de trabajo, en la que luego de amarnos con cansancio, decidiste que querías cantar Tristesse de Milton Nascimento. Tu portugués precario siempre me daba risa, pero esta noche querías arriesgarte y me hiciste parte de tu juego al proponerme un dúo, como Milton Nascimento y María Rita. Me desarmaste. Sabes que no me resisto a cantar en portugués, aun cuando mi voz sea una desgracia. Agarraste la guitarra y luego de los primeros acordes me miraste para que empezara. Me calentaste las venas y sintiéndome Nascimento me dejé llevar por la letra. Esa noche tu portugués me elevó. Sonabas un poco como una voz de doblaje, muy perfecta, muy articulada. Habías estado practicando a mis espaldas, mientras preparaba las lecturas para mis siguientes clases. Tramposa, nunca te gusta perder y menos conmigo. Sin quererlo muchas veces establecemos una sana competencia en la que no hay premio, sino un deseo egocéntrico de demostrarnos que cada uno está con la persona indicada. Ahora te anotas otra victoria…
Terminamos la canción y guardaste silencio por unos minutos. No quise interrumpir tu ceremonia, mientras me clavabas tus endemoniados ojos celestes. Te me pareciste a Jasmine Trinca en la escena de La Meglio Gioventù cuando empieza a sonar A Chi de Fausto Leali. No sé por qué carajo la recordé, pero ahí estabas, curiosa, distante, como Giorgia. La luz de la lámpara te daba un efecto de soledad y de pronto sentí que debía abrazarte. Sin embargo, no quise interrumpir tu calma. Esbozaste una sonrisa pero te arrepentiste y decidiste agarrarte el cabello para alborotarlo un poco. Supe entonces que algo pasaba. No me diste tiempo a pensar y me lo dijiste: ¨Me voy¨. Otra victoria, ma chère… Tu me quittes…
Te acercaste, me besaste en los labios. Nos fundimos en un largo abrazo. Te sentí sollozar, tu corazón se aceleró y toda aquella fortaleza que me propuse tener se esfumó al sentirte tan frágil, tan dolida. Me miraste y vi tus mejillas coloradas. Tan nívea, tan fantasmagórica y de pronto tu rostro combina con tu cabello. Me volviste a ganar. Siempre imaginé que sería yo quien saldría más afectado con aquel lema de ‘siempre es más duro para quien permanece’. Ahora sé que algo mío se va contigo y un poco de ti se queda en estas líneas. Tu me manques, ma chère. Me mal enseñaste a hablarte en dos idiomas. Ahora no puedo extrañarte más que en francés. De pronto el verbo toucher se magnifica y además de tocar significa que me has llegado al alma, al espírito, como si tu amor tuviera ese poder de tocar aquello intangible. Toi, ma chère, ton amour m’a beaucoup touché.