El gym y la escritura

Pueden parecer cosas opuestas pero ir al gym me resulta un combustible para escribir. Pongo el cuerpo a trabajar, midiéndose con las pesas, las mancuernas y mi cabeza empieza a fantasear. Las ideas se presentan, personajes se dibujan o voy perfilando historias que me gustaría trabajar. Someter al cuerpo a una actividad mecánica me permite disociarlo de la cabeza por unos minutos.

Hoy volví al gym luego de dos semanas de «descanso». Las vacaciones en Buenos Aires fueron también un momento de ocio para los músculos. Aunque me sentía un poco duro hoy, el cuerpo recordó los ejercicios y tuve la sensación de reencontrarme con ese dolor placentero que produce el músculo agotado. Algo similar como cuando se escribe por varias horas. Una sensación de pequeño hastío pero con la satisfacción de haber sacado un poquito lo que en el interior se llevaba como una masa indefinida. El gym es la oportunidad para reencontrarme, de mirar mi cuerpo, de sentirlo y en la medida de lo posible me encuentro con mis personajes.

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Ya en la última parte de la rutina, cuando hago cardio, viene por así decirlo el «delirio». El movimiento mecánico de la caminadora enchufado al iPod me hace volar, imaginar a personajes hastiados de sus rutinas y que dejan el alma en las máquinas. Personajes que tras una decepción amorosa no encuentran nada mejor que herir sus músculos con más peso del adecuado, que astillan sus piernas con ejercicios excesivos, que rompen sus bíceps para no llorar ante una despedida no programada. El gym es un escenario democrático donde todos convergen y buscan sanarse al menos en el cuerpo. Del alma ya se encargarán otros lugares.

Y así entre músculos adoloridos, entre pesas que rebotan en el piso, rostros contraídos, aire enrarecido de sudor y canciones electrónicas que buscan motivar a los caídos, transcurren los personajes del gym. Esperan sin saberlo, que alguien los escriba para que la sesión de ese día al menos haya valido la pena.

Ideas sueltas sobre mi sesión de hoy 

Escribir sobre esta historia es un buceo sin camino, es lanzarse sin pensar (mejor que pensar sin lanzarse). He hecho una estructura de la historia para saber por dónde debo navegar, pero ahora ya en el guion, todo es incierto, todo suena falso, artificial, forzado, atropellado. Y sin embargo en ese buceo, los personajes se van abriendo, se liberan de la estructura y simplemente son. Saltan de la pantalla, juegan con darme información, ocultándome otra. Son ellos y yo soy ellos. Escribo lo que ellos me dictan, me vuelvo ese médium de sus voces. Atravieso el mundo con ellos. Me proponen desbaratar la estructura, desestabilizar las bases e improvisar frases jamás pensadas, acciones en reversa.

Y así termina esta noche de escritura.

Amor eterno a Sarah Paulson

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Ya me gustaba desde sus otras temporadas en American Horror Story pero en Hotel, me encanta. En cada temporada descubro una faceta nueva de su interpretación y consigo «olvidar» momentáneamente a las Sarah Paulson de las temporadas anteriores. En Hotel es una mujer rota, violenta, decadente, sufrida, una junkie. Amo sus escenas con Kathy Bates (siento nostalgia de las que tenía con Jessica Lange sobre todo en Asylum y Coven) y también sus momentos de soledad, en el que su personaje, carente y perdido se desnuda. La cámara quiere a Sarah Paulson y ella disfruta de ese barniz con que ha pintado a Sally.

Definitivamente amo esta nueva encarnación de Sarah Paulson.

Saudade de Domingo #36: Necesidad

En las clases de Guion de las últimas semanas, hemos venido hablando sobre la importancia de armar bien el conflicto de la historia y de su relación directa con el personaje. Éste debe tener una carencia o algo insatisfecho dentro de sí para que cuando aparezca una situación determinada, se active en él la necesidad de luchar, de moverse en función a un objetivo. Esa necesidad en términos dramatúrgicos, toma el nombre de necesidad dramática, que no es más que cualquiera de las necesidades (de amor, de realización profesional, heroísmo, libertad) que tenemos todos en mayor o menor medida, según el momento de la vida que estemos transitando.

Siempre me resulta curioso enseñar en Guion, la relación del conflicto con la necesidad dramática de los personajes y viceversa. Por un lado me resulta un poco obvio enseñar esto pero por otro lado, cada vez que lo enseño sumado a las preguntas de los chicos, siento que aprendo más sobre el conflicto y las personas (en la vida real). «¿Y qué pasa si un personaje no tiene ninguna necesidad?», me preguntó una vez un estudiante. Y yo le respondí, «pues no habrá situación alguna que mueva a ese personaje y por tanto no habrá conflicto». En ese momento recordé a muchos conocidos que están aparentemente como el personaje que señaló el estudiante. Personas que desconocen sus propias necesidades, que no saben bien por dónde ir, cómo moverse, qué hacer. Al igual que en la dramaturgia, las personas no siempre saben sus necesidades sino que las van descubriendo a medida que se encuentran con situaciones en las que deben decidir algo. Pero incluso en esas situaciones, varios conocidos parecen no tener conciencia de que algo interno se movió o se despertó. Entonces esa necesidad que quiso manifestarse vuelve a dormirse hasta que quizás en algún momento por alguna razón, vuelva a despertarse y quizás esta vez la persona estará atenta a escucharla.

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Cada persona tiene su tiempo para hacer y vivir las cosas. Por tanto la necesidad de una persona debería activarse cuando sea el momento indicado. Luchar por un amor, por un trabajo, por los ideales de una sociedad, por la justicia, son diferentes clases de necesidades unidas a una situación que dan lugar a un conflicto. En la vida quizás tenemos una gran necesidad de algo y sólo nos enteramos muchos años después, atando cabo de nuestros errores pasados. En dramaturgia clásica, para no ver un sinnúmero de escenas dispersas, deberíamos arrancar la historia en el punto cercano a esa «iluminación» que va a tener el personaje. Ver durante los primeros minutos la situación de vida del personaje para luego ponerlo frente a una situación (muerte de alguien cercano, amor a primera vista, concurso de méritos, oferta de trabajo, divorcio, etc.) y que a partir de ahí, accione creándose un conflicto. Recuerdo una vez, cuando trabajaba como asistente de dirección en una obra de teatro, que el director vio durante los ensayos a una de las actrices darse tumbos sin que se sintiera vivo a su personaje. La dejó «actuar» así durante unos minutos. El otro actor metido en su personaje le hacía reclamos por algo que pasaba en la trama y ella actriz, desde su personaje no accionaba. Luego el director interrumpió la escena para decirle: «¿sabes cuál es tu problema? Es que no tienes clara la necesidad de tu personaje y por tanto no deseas nada. Cuando tienes claro el deseo todo se organiza». Esa última frase me cayó como una revelación, como si hubiera sido yo un personaje y me enfrentaba a una situación en la que «descubría» cuál era mi necesidad, mi deseo. En aquel momento me debatía entre irme a estudiar fuera del país o no. Tenía muchas dudas acerca de cómo sobreviviría afuera y al escuchar esa frase comprendí que lo importante era irme, tener la férrea decisión de estudiar afuera y que luego sobre la marcha «algo» ayudaría a organizarlo todo.

man-walking-down-road-alone-640x376.jpgY así fue. Estrenamos la obra, la actriz se lució y fue muy felicitada por su interpretación, mientras yo empecé las averiguaciones para hacer una maestría fuera del país. Tomó un tiempo barajar opciones, esperar respuestas, hasta que finalmente en marzo del 2012 me fui a vivir a Buenos Aires, llevando conmigo ilusiones, sueños y proyectos. No sabía bien qué pasaría pero tenía claro que mientras tuviera clara mi necesidad de superación, todo alrededor se organizaría, que el universo conspiraría a mi favor, como se dice en Metafísica. Pasaron muchas cosas buenas y no tan buenas en ese proceso, pero conseguí lo que quería. Mi ceremonia de graduación fue un lindo final del tercer acto de mi propia película.

Es así como una clase de Guion me recuerda, a través de las necesidades dramáticas de los personajes, que uno como persona debe estar enchufado con el interior, prestar atención a las necesidades y a las situaciones que se presenten. Que si queremos que algo pase hay que estar atento. Todo pasa por algo y nunca se sabe cuál puede ser el próximo objetivo (conflicto en términos dramatúrgicos). Por eso nos encanta tanto ir al cine, leer un libro, ver una obra de teatro. Necesitamos ver a modo de espejo, la lucha de un personaje, cómo se sobrepone a los obstáculos y cómo finalmente consigue o no cumplir sus objetivos. Somos seres de lucha.

¡Terminado el desafío de los 21 días!

Hace una semana terminé el desafío de 21 de postear en Instagram una foto mía con un texto original inspirado en cada imagen. Como lo había dicho por acá, se trataba de una especie de prueba o de intento por adquirir un hábito. Ahora que ha pasado una semana del fin de los 21 días, aun siento embrionario poder hablar de haber adquirido un hábito, pero definitivamente fue un lindo proceso dedicarle un tiempo diario a la elección de cada foto y escribir un texto a partir de eso.

Captura de pantalla 2016-07-02 a las 10.51.17 p.m.
Foto del día #16

Me dejé sorprender por los personajes y las situaciones que iban surgiendo. Dentro de esa mecánica en la que había una mezcla de alquimia, alegría, incertidumbre y dependiendo del día, falta de ánimo, empecé a sentir más o menos por el día 12 -no lo recuerdo con precisión-, que había personajes que volvían a aparecer. Se disfrazaban en otras situaciones, bajo diferentes atmósferas pero al final del texto ahí estaban como si quisieran decirme algo. Suelo dejarme afectar -en un buen sentido- por esas causalidades (sí, causalidades, no escribí mal) y decidí jugar conscientemente con esos personajes, que se fueron uniendo y saltaban de una foto a otra. Al final del desafío, en la foto 21, teniendo como imagen el bello prado santafesino capturado durante un viaje en bus que hice a Rosario en el 2011, dos personajes importantes se encargan de cerrar la historia. Una historia que surgió espontánea, sin sinopsis ni escaleta previa. Se fue haciendo con cada foto, que ya parecía condenada a quedarse aletargada en una carpeta imposible del disco duro. Con este desafío de 21 días, esas fotos resucitaron y en los recovecos de los pixeles, se desplegaron personajes variados.

Que venga pronto un nuevo desafío de 21 días.