Los libros que dejó Miami

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Siempre hago la “promesa” de no comprar libros cuando viajo. Puede incluso que los primeros días me sienta orgulloso de no caer en la tentación de detenerme ante una librería, pero al final termino cayendo. Alguien leyendo un libro, un afiche sobre algún libro en lanzamiento, alguien en Facebook recomendando un libro, me invitan a algún encuentro literario y hasta ahí llegó la promesa de no comprar libros. Suelo pensar que los libros son los que me buscan y no yo a ellos, porque la verdad en mis últimos viajes, he tratado de evitarlos. La primera razón, porque me aumenta exponencialmente el peso de las maletas; segunda razón, porque aunque amplié mi biblioteca al paso que voy, dentro de poco no habrá espacio para más libros.

Pero los libros se imponen, me buscan y me encuentran. En mi último viaje (a Miami) me encontré con varios libros que tenía en mi lista de deseos de Amazon, así que en lugar de esperar semanas de entrega, impuestos de envío y tal, compré en Books and Books (una modesta cadena de librerías de Miami), algunos de ellos. Hasta ahí todo bien, lo que no sabía era que al interior del aeropuerto de Miami hubiera tantas librerías (no muy surtidas, claro) y eso fue un poco mi perdición, a pocas horas de mi regreso.

Aunque Miami sea casi que una extensión de América Latina y el español predomine por todos lados, en las librerías la mayor parte de los textos está en inglés. De todas formas comparto la lista para que vean los nuevos amigos que me traje de Miami.

IMG_2382Chicago – David Mamet
Este fue un gran encuentro que no me habría imaginado, pues ni siquiera lo tenía en mi lista de deseos de Amazon. Ni tampoco sabía de la existencia de esta novela. Las referencias que tengo de Mamet están relacionadas al teatro, donde él se ha desempeñado muy bien como dramaturgo. Me gusta su estilo, fuerte, directo, descarnado a momentos. De hecho estoy pensando tomar su masterclass a ver qué onda. Aun no comencé a leer el libro pero me resulta muy interesante conocer a Mamet en su faceta literaria.

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Frankenstein – Mary Shelley
Por motivo de los 200 años de su primera publicación, las editoriales alrededor del mundo han lanzado la novela en diferentes formatos, con portadas creativas, con la intención de atraer a más lectores. La novela la leí hace muchos años en español pero ahora me seduce la idea de leerla en su idioma original. La pasta dura de tela me hace pensar en los libros antiguos de la biblioteca de mi casa. Tiene un encanto vintage que combina bien con la textura de corazón humano que adorna la portada.

IMG_5525Do the work – Steven Pressfield
Este libro no me encontró. Yo lo busqué, aunque no precisamente a él. Quería leer cualquier libro de Steven Pressfield. Ya he visto y leído varias de sus entrevistas hablando acerca de la creatividad, de la disciplina y del gran enemigo de todo artista: La resistencia. En este libro como en muchos de los otros que ha escrito, habla sobre cómo la resistencia adopta diferentes caras para sabotearnos: Puede traducirse en la familia, amigos, investigaciones eternas, perfeccionismo, distracción, entre otros. Pressfield aboga por una creatividad libre en la que “simplemente” nos dediquemos hacer nuestro trabajo. Si es el caso de la escritura, pues a escribir, si es a pintar, a pintar, y así. Pressfield sabe que a pesar de lo simple que parece esto, es una labor titánica, porque muchas veces no estamos atentos a las trabas que nos ponemos para alejarnos de nuestro oficio. El libro es una lectura deliciosa, bien directa, breve. Lo leí de un sólo tirón en el vuelo de regreso y la verdad es que es un libro de lectura recurrente. Es un gran material de consulta y sobre todo para reflexionar sobre el trabajo artístico que cada uno hace.

Creativity – Mihaly Csikszentmihalyiimg_8035.jpg
Este libro sí estaba en mi lista de pedidos pero no era una prioridad. Me bastaba un poco con la charla TED que dio el autor sobre la creatividad, las reseñas de sus libros y varios de sus consejos presentes ya en su libro más conocido Flow. Pero al verlo en la estantería mientras buscaba otro libro que de hecho no encontré, Creativity me saludó y no pude decirle que no. Es un libro que no ve la creatividad como algo exclusivo de genios torturados sino como una capacidad humana (y por tanto para todos) que está más relacionada con el vivir el aquí y ahora, disfrutando todo lo que se pone al frente. Cuando termine de leerlo haré un review especial sobre el libro, que es un pequeña joya.

IMG_9295Chicken soup for the soul – Inspiration for Writers
Chicken soup for the soul es una colección de libros que recogen, bajo alguna temática específica, las historias verdaderas de gente común relacionadas a ese tema en cuestión. Son libros que tienen más un carácter de autoayuda pero las historias son muy interesantes. En el caso de Inspiration for Writers, hay muchas historias de vida (muy diferentes unas de las otras) que están muy bien escritas y la verdad resultan muy motivadoras. Lo bueno también es que como son historias independientes, se pueden leer al gusto del lector, sin tener que llevar un hilo conductor.

On Writing – Bukowskiimg_9200.jpg
En este libro, editado por Abel Debritto, tenemos acceso a una selección de cartas que escribió Bukowsky a amigos, conocidos y en las que inevitablemente terminaba hablando sobre la escritura y sus procesos. Son cartas en las que, como no podía ser de otra manera, queda en evidencia la personalidad feroz de Bukowski. También es una lectura que se puede disfrutar de manera no lineal, así que se puede elegir cualquiera (amo esta manera de leer, que sin duda es menos comprometida que leer una novela o un non Fiction con hilo conductor).

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Stranger than fiction
– Chuck Palahniuk

El famoso autor del libro que luego se convirtió en película, Fight Club, se sumerge en un libro de no ficción para compartir historias reales que reflejan de una u otra manera, el oficio de la escritura. Palahniuk como ya ha dejado ver en sus entrevistas, no tiene tapujos en sus comentarios y se ubica en el lado de los escritores rebeldes del momento.

 

Why I Write – George OrwellIMG_3819
A través de la colección Great Ideas, la editorial Penguins Books, ha empezado a publicar una serie de libros de grandes pensadores de todos los tiempos como Charles Darwin, Seneca, Marco Aurelio, Nietzsche entre otros. En el ámbito literario no podía faltar el gran George Orwell. Esta edición se compone de tres ensayos escritos por él y el primer que abre (que además toma el título del libro) es sobre su pasión por la escritura desde su infancia. (Sí, muchos de estos libros de Miami tienen que ver con el acto de escribir).

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The artist’s way every day – Julia Cameron
Este libro funciona como una especie de complemento a El Camino del artista, que es un texto terapéutico esencial para todo artista que se siente bloqueado e incapaz de seguir con su oficio. En El Camino del artista, propone una serie de lecturas y ejercicios a lo largo de doce semanas que buscan rescatar al niño interior creativo y juguetón que todos llevamos dentro. En este nuevo libro, Cameron propone un pequeño texto para leer diariamente durante un año (viene acompañado con el día y el mes) con el objetivo de recordarnos que tenemos que estar enfocado en hacer el trabajo. Su escritura es fluida, algunos días habla en primera persona desde su propia vivencia y en otros habla en “nosotros”, porque al final todos somos espejos de los unos y los otros. Una gran lectura ligera para empezar el día (recomiendo leer El Camino del Artista primero para que le saquen más provecho).


The little book of Mindfulness
– Editado por Tiddy Rowanimg_5365.jpg
Una hermosa edición de bolsillo con portada de tela. El solo verlo ya provoca relax e invita a recorrer sus páginas. Se trata de una serie de pensamientos que se enfocan en el mindfulness intercalados con pequeños ejercicios de meditación de diferentes clases. Es un libro que puede funcionar como una buena herramienta de trabajo para hacer un paréntesis entre el trabajo y la vida cotidiana.

Tengo nuevos amigos de viaje para leer. En estos tiempos estoy leyendo más libros de no ficción y especialmente en el ámbito de la escritura. Y todos los encuentros librísticos se relacionan con eso. Que la sincronicidad de la que hablaba Jung siga proporcionando más lecturas así.

Saudade de Domingo #66: Tiempo para la lectura

En tiempos cada vez más visuales, leer es una actividad que ha ido quedando más desplazada. Lo veo en mí, en mis colegas, en mis estudiantes. El espacio dedicado a la lectura va reduciéndose en tiempo y normalmente queda relegado a las noches antes de dormir. Y no hablo de la lectura por trabajo sino a la placentera, aquella que tiene igual función de entretenimiento como ver una peli o una serie en Netflix. La que permite recrear mundos, acompañar una trama, amar u odiar personajes, devorar las páginas para llegar al final y estremecerse cuando se cierra la última página.

La lectura gozosa es algo que siempre me ha acompañado. La necesito para calmarme, para no aburrirme y sobre todo porque me encanta generar imágenes con las palabras, casi de una forma terapéutica. Sin embargo en los últimos meses dado el trabajo en la universidad y otros proyectos en paralelo, he tenido que optar por leer cuentos, relatos breves, dejando varias novelas en camino de espera. Han sido meses de lecturas muy interesantes, de descubrir algunos autores y releer otros. Schweblin, Neuman, Stephen King, Felizberto Hernández. He quedado enamorado de los cuentos de Mariana Enríquez y de Liliana Colanzi, autoras a las que llegué casi por accidente. En agosto recorría una librería de calle Corrientes y me encontré que Nuestro mundo muerto, cuyo título me sonaba familiar; entré a Google y encontré el artículo del diario El País que hacía una lista del nuevo boom latinoamericano, esta vez de mujeres. Ahí estaba Colanzi, Enríquez, también mi compatriota Mónica Ojeda, de la que hablaré en unas líneas más abajo.

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Caminando por otra librería, me encontré con Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez, quien escribe los cuentos con un tempo que no decae jamás, con personajes muy bien delineados y con desenlaces que siempre terminan por darte un knock out. Sea por su complejidad o por su ligereza. En Nuestro mundo muerto, Colanzi al igual que Enríquez, construye personajes desde lo cotidiano, pero en la primera la presencia de lo fantástico tiene mucha más presencia. Mi cuento favorito es La ola, un cuento en el que va desde la gélida Cornell (New York) hasta los Andes Bolivianos, en una atmósfera enrarecida por situaciones que en Colanzi encajan sin fórceps. Es de esas autoras que golpea con cariño a sus personajes, con dulzura y sin piedad.

Terminado el libro de Colanzi, empecé la última antología de cuentos de Stephen King El Bazar de los malos sueños. No es que fuera una antología pensada como tal, pues se trata en realidad de una recopilación de muchos relatos breves que King ha publicado en los últimos años en diversas revistas. La verdad creo que no lo hubiera empezado a leer sino fuera porque Mariana Enríquez en su columna en Página 12, recomendaba su lectura. Y ya que había quedado enamorado de su escritura, su opinión pesó mucho. Como resultado, los cuentos me mantuvieron en vilo. Buscaba tiempos muertos para leer (como hacía con Colanzi y Enríquez) y terminé el libro relativamente rápido.

Pensando en el tiempo invertido y en mi idea de “no tengo tiempo ahora para dedicarle a una novela”, me di cuenta que ya era momento de volver a las novelas en cola. Así que hoy empecé Nefando, de Mónica Ojeda. El año pasado leí su primera novela, La desfiguración Silva y ese aire bolañesco en una Guayaquil actual me tuvo agarrado del libro de inicio a fin. Fue un gran descubrimiento y presiento que este segundo trabajo de Ojeda no me defraudará tampoco.

De modo que he vuelto a una novela y la idea del tiempo es relativa. No tengo prisa por finalizar el libro, así que veré por cuáles caminos me llevará esta nueva historia. Terminada la misma trataré de recoger impresiones, dudas acerca de la novela, más que a modo de crítica, a modo de aclararme ciertos temas. Bucear en el universo de una novela es un salto al vacío y como todo regreso es necesario recapitular, registrar, todo para volver a lanzarse.

Las tipas, de Cristina Civale

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Terminé hace unos días de leer esta novela. No pretendo hacer una crítica o una reseña a lo Michael Orthofer sino más bien compartir unas cuantas impresiones, vacilaciones, divagaciones acerca de este trabajo de la argentina Cristina Civale, que dicho sea de paso acaba de ganar hace unos días el Premio Konex en la categoría de Periodismo-Artes Visuales.

Civale maneja un tempo de escritura admirable. Lo que ella logra en esta novela es algo difícil que es mantener la atención, el ritmo, en momentos claves donde la historia se vuelve meramente reflexiva, sin ningún tipo de acción (en términos dramáticos). Lograr esto es una proeza ya que fácilmente se podría caer en el tedio, pero Cristina consigue armar oraciones coloquiales en medio de sus reflexiones. Meternos en las cabezas de sus personajes y que desde ahí podamos entender sus motivaciones sin caer en el sentimentalismo es un trabajo de perfección quirúrgica donde nada sobra.

Otro acierto de la novela a mi parecer es el cambio de punto de vista. Sobre una misma situación, Civale dará voz a cada uno de los personajes involucrados y a manera de puzzle uno como lector completa toda la escena. En lo único que sentí falta sobre este aspecto es que los personajes involucrados no “sonaban” muy diferentes. Quizás era el propósito de la autora hacernos sentir que en realidad las tipas eran una sola. Que todas las mujeres presentes en la novela estaban unidas en sus ausencias, en sus frustraciones y que estaban hermanadas a través de la pérdida. Escribiéndolo ahora quizás haya sido así.

Las Tipas ha sido mi primera novela de Cristina Civale y espero que no sea la última. Tengo mucha curiosidad por leer lo que ha escrito antes y después de Las Tipas. Ha sido un grato descubrimiento encontrar una autora nueva para mí que me ha dejado varias interrogantes sobre el quehacer literario. Quien tenga la oportunidad de encontrarse con esta novela, seguro no se arrepentirá del tiempo invertido.

Saudade de Domingo #7: Releyendo a mis autores

Sí, mis autores. Aquellos que escribieron obras que han terminado siendo del mundo. En tal caso sería mejor decir “mis obras” pero prefiero el sentido más humanista de apropiarse de los autores, con quienes dialogo y discuto en sus novelas, cuentos; quienes me recuerdan con la elección quirúrgica de sus palabras exactas, que es ahí donde reside la grandeza de una buena historia, sea en el género que sea.

¿Quiénes son mis autores? Suelo ser un lector voraz pero si tuviera que elegir con cuáles viajar a una isla desierta serían: Charles Dickens, Gabriel García Márquez y Roberto Bolaño. Muchos grandes quedan fuera de la lista pero elijo estos tres porque cada vez que me siento un poco perdido en el marasmo de personajes e historias, termino recurriendo a algunos de sus relatos. El paso del tiempo se encargó de demostrarme que a pesar de las nuevas lecturas y el descubrimiento de nuevos autores, había una conexión especial con la relectura de Grandes esperanzas Cien años de soledad o Los detectives salvajes. En estas obras así como en sus otras mal llamadas obras menores, Dickens, García Márquez y Bolaño convierten historias cotidianas en grandes argumentos, dando una gran lección de escritura para todo aquel que busque dedicar sus días a la construcción de relatos.

Charles Dickens

                 (1812-1870)

Charles Dickens, ya convertido con el tiempo, en un autor clásico e indispensable de las letras inglesas. Sus novelas cubrieron gran parte de mi adolescencia, llevándome a conocer a Oliver Twist, David Copperfield, Ebenezer Scrooge. Dueño de un estilo directo, llano pero cargado de magia, incluso para describir a la durísima Londres victoriana, Dickens termina sometiendo a sus personajes a toda clase de situaciones donde se evidencian sus miserias tanto físicas como de espíritu. Coincido plenamente con el creador de Mad Men, Matthew Weiner, al decir que si Dickens hubiera vivido en nuestro tiempos, sería un showrunner (el sumo creador de una serie de TV).

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                            (1927-2014)

Hace pocas semanas, agobiado por las presiones que me impongo para terminar proyectos de escritura, me sorprendí agarrando el libro Doce cuentos peregrinos, de García Márquez. Necesitaba de forma inconsciente, nutrirme de una lectura fresca, breve, para sopesar el proyecto grande de escritura en el que me metí por motus propio. Devoré la antología de cuentos un fin de semana con los breves paréntesis para retomar la escritura de mi proyecto. Las historias de esos migrantes en Europa contadas por la pluma caribeña de Gabo, me hicieron reflexionar sobre la propia estructura en sí. La manera en que el colombiano presenta a sus personajes y los introduce en situaciones muchas veces surreales hablando un francés masticado o en un italiano doliente, me lleva como lector a un universo donde lo más natural sería cargar con el cadáver de una niña a la espera de una audiencia con el Papa para demostrar que es santa, que una mexicana termine en un psiquiátrico sólo por querer hablar por teléfono o que dos niños latinos elaboren un plan macabro para deshacerse de su institutriz en el mediterráneo italiano.

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                 (1953-2003)

Otro gran maestro, el señor Roberto Bolaño. Los detectives salvajes es una clase magistral de escritura, en términos de estructura, ritmo, diálogo, construcción de personajes y ambientes. Desde las primeras páginas nos sumerge en la sociedad de poetas infrarrealistas en el México de los 70. Su destreza en el uso de los diálogos, siempre exactos y la construcción musical de su fabular, resulta un oasis para quien está sediento de una buena narrativa. Recuerdo todavía la mezcla tristeza y nostalgia que me produjo leer las últimas páginas de la novela. Casi un cineasta a la hora de escribir, a veces tenía la impresión de estar viendo y no leyendo los capítulos del libro. Cada tanto releo fragmentos de Los detectives salvajes, no sólo por el mero placer de la narración o por la búsqueda de la técnica literaria, sino para recordar las sensaciones que me producía evocar los diferentes estadios de la obra.

Los autores son como esos amigos que aunque no veamos con frecuencia, siempre están ahí cuando los necesitamos y el lazo fraterno permanece intacto. Las coincidencias y las discrepancias son bienvenidas en la misma proporción, podemos festejar, reír o llorar a su lado con una taza de café o una copa de vino. Pueden soportar noches de desvelo o días soleados en la playa y siempre van a recordarnos con sus palabras por qué los hemos elegido como amigos.