Saudade de Domingo #135: Letraherido en San Valentín

A eso de las doce años, en paralelo a ese obligado paso biológico de niño a hombre, solía leer libros y ver películas en busca de aquellas partes donde las parejas expresaban su amor —o simplemente su deseo— y sus rostros, sus cuerpos quedaban expuestos a mis ojos. Podía no ser nada explícito pero me estremecía ante esas muestras de cariño y pasión. Así me hice espectador frecuente del canal cinco en el que cada sábado por la noche, bajo el título de “cine candente” los programadores creían estar pasando películas pornográficas cuando en realidad pasaban películas europeas y latinas de culto. Por ahí pasó todo Almodóvar, Bigas Luna, Bertolucci, entre otros. El canal 5 y yo estábamos engañados, pero esa ignorancia me regaló imágenes que aun perduran en mi memoria (no solamente las eróticas).

Así fue como un sábado cualquiera me encontré a una jovencita rubia, de rostro y cuerpo tallado con precisión griega. Me perdí en esos ojos dulces que miraban a un hombre mayor, distante y terrenal. Estaban juntos, tenían mucho sexo pero era un amor otoñal, reposado así como era el cuerpo de esa mujer. Sus caderas, sus senos modestos eran captados con una luz tenue mientras él exhausto descansaba a su lado. Ella se movía con delicadeza, como si no fuera un ser de este mundo. Tiempo después descubrí, con la llegada masiva del internet, que esa mujer celestial era Nastassja Kinski y él hombre que llevaba la voz cantante en la relación, era Marcello Mastroianni. La película se llamaba Así como eres (Così come sei) de 1978 y en ella la alemana Kinski, hablaba en italiano, hecho adicional que me hizo ver de nuevo la cinta. Quería escucharla y sobre todo traer al presente a ese púber que fui.

Recuerdo que en esa segunda ocasión (ya andaba por los 23, 24 años) entendí mejor la historia, me envolví en la música de Ennio Morricone y los personajes me enamoraron. Diez años, con tantas pelis y libros en el medio, de Così come sei solo conservo retazos de imagen, la mirada de Mastroianni, la boca de Kinski, la fotografía cremosa, los trajes de invierno y evidentemente el cuerpo aéreo de Kinski que parecía flotar sobre las escenas.

Nastassja Kinki como Francesca en Cosi come sei (1978)

Hoy algunas imágenes de esta película me cayeron de sorpresa mientras trabajaba en la novela que escribo. Me dejé abrazar por ellas, googleé la película y ahí estaban Mastroianni y Kinski congelados en el tiempo, amándose con distancia, uniendo el cuerpo aunque no del todo corazón. Repasé algunas fotografías y me encontré con esta de aquí abajo, que para mí sintetiza el espíritu de esta historia. El amor distendido mezclado entre las sábanas, el tiempo sin tiempo.

En ese momento caí en la cuenta de que hoy es San Valentín. Ya mi papá, a su manera, nos había recordado esta mañana la fecha al compartir en el chat familiar un artículo sobre la palabra catalana Lletraferit, que en español se ha adaptado como letraherido, “el que ama de forma extrema la literatura”. Me identifiqué inmediatamente con esa palabra. Los libros me han acompañado en todos los momentos de mi vida, en las bibliotecas y en las librerías encuentro mis catedrales, el olor de sus páginas es mi afrodisíaco, repito mentalmente frases que se me han clavado en el corazón, en el menor descuido se me aparece algún personaje de un libro, mi escritura a veces “se contamina” de los libros que estoy leyendo. Soy un letraherido. San Valentín se confundió al no flecharme hacia una persona sino hacia los libros. Haría extensivo ese amor por los libros hacia las películas, que son letras en movimiento, palabras pintadas en una pantalla. Soy un filmherido también. 

Hoy no tendré una cita de cerveza, de café, ni nada más caliente, pero me pondré los auriculares y me lanzaré a la calle, caminando conmigo al lado, escuchando el soundtrack de mi corazón, el que he venido cultivando cada día con las canciones que me tocan, que me parten en pedazos, que me hacen llorar y reír, que están ahí para recordarme de dónde vengo y dónde estoy. Después volveré a casa, seguiré leyendo Por el camino de Swann y más tarde veré Così come sei, aunque quizás no sea tan hermosa como la recuerdo. Quizás hoy Mastroianni y Kinski me parezcan irreales, insoportables o a lo mejor sublimes e intocables. Me acompañarán mis libros en la cama, dispersos entre las almohadas y cada tanto abriré alguno de ellos mientras miro la película.

Hoy quiero ser mi mejor date

Saudade de Domingo #133: Propósitos literarios para el 2021

Estamos ya iniciando la tercera semana de enero en un tiempo extraño para el mundo. Aunque sabíamos que el nuevo año no cambiaría el panorama pandémico, psicológicamente para todos en occidente, un año que inicia es un momento para fijarse metas. ¿Pero cómo tener objetivos el día de hoy cuando el escenario cambia minuto a minuto? Es por ello que este año más que fijarme metas personales que dependan de circunstancias externas, he preferido pensar en mis propósitos literarios. Durante el 2020 los libros fueron los compañeros fieles que estuvieron en mi escritorio, en mi velador, en mi cama, en la cocina para hacerme escapar por unos momentos de la realidad durísima que estamos viviendo. Todo esto me ha hecho pensar que puedo prescindir de muchas cosas menos de los libros y por ello me gustaría organizar un poco mis objetivos de lectura. Sólo un poco porque sé que en el camino se me aparecerán nuevos libros y no podré escaparme de ellos.

De modo que mis propósitos literarios para este 2021 son más bien una guía hacia donde quiero enfocar mis esfuerzos de lectura. He decidido que este año miraré más a los clásicos de la literatura, algunos de los cuales leí en la adolescencia y otros, con mucha vergüenza, admito que nunca leí. Quiero nutrirme de ese saber histórico, de esos textos que han influenciado a otros autores, de esas frases que perduran y flotan en la memoria colectiva de nuestra sociedad. Calculo que una buena parte del año me tomará en leer los siete tomos de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, pero me gustaría también darle espacio a otros libros. De momento ya empecé con Moby Dick, de Herman Melville, que lo estoy leyendo dentro del taller de lectura de Martín Felipe Castagnet. Es una maravilla leer este libro, pues al igual que la teoría del iceberg de Hemingway, Melville habla de mucho más que la ballena blanca. La cantidad de referentes en religión, historia, cetología, hacen de esta novela una lectura deliciosa.

Así que bueno, vamos acá con la lista de propósitos:

  1. Moby Dick – Herman Melville
  2. En busca del tiempo perdido – Marcel Proust
    1. Por la parte de Swan
    2. A la sombra de las muchachas en flor
    3. La parte de Guermantes
    4. Sodoma y Gomorra
    5. La prisionera
    6. Albertine desaparecida
    7. El tiempo recobrado
  3. Frankenstein – Mary Shelley
  4. Drácula – Bram Stoker
  5. La Ilíada – Homero
  6. La Odisea – Homero 
  7. La metamorfosis – Kafka
  8. Cumandá – Juan León Mera
  9. La Eneida – Virgilio
  10. La divina comedia – Dante Alighieri

Tuve ganas de incluir más clásicos pero la verdad es que tengo que ser realista con mis tiempos. El trabajo en la universidad, aunque es online, es muy absorbente por lo que no dispondré de muchas horas libres para dedicarlas a la lectura. También estoy trabajando en la escritura de dos novelas que me van a consumir tiempo y he empezado el estudio de un nuevo idioma, cuya experiencia contaré pronto en otro post.

Sobre lecturas más contemporáneas me interesaría leer:

  1. Shortcuts – Raymond Carver
  2. Solenoide – Mircea Cartarescu
  3. Cezara – Mihai Eminescu
  4. El túnel – Ernesto Sabato
  5. A hora da estrela – Clarice Lispector
  6. Unquiet – Linn Ullmann
  7. Rosemary’s baby – Ira Levin
  8. Nuestra parte de noche – Mariana Enríquez

Dejo la lista contemporánea así “breve”, porque en el camino sé que irán apareciendo otros libros y puede que cambie un libro por otro. Me dejo guiar mucho por la intuición en esto de leer. Si se me aparece un libro que buscaba hace tiempo en una librería, no me lo pienso, lo compro y lo empiezo a leer. Si escucho que alguien me lo recomienda y después me encuentro con ese libro en alguna circunstancia, tampoco me lo pienso y lo leo. Se trata más bien de una lista de ideales, de libros que me gustaría que me acompañen en este segundo año de pandemia. También estoy abierto a que sean otros libros los que me acompañen. Son los libros los que me buscan y no yo a ellos. Incluso si he elaborado esta lista de propósitos, responde a que en los últimos meses sus pasos me han rondado muy de cerca. 

Por lo pronto sigo en el Pequod buscando a Moby Dick. En febrero arranco con el primer tomo de En busca del tiempo perdido y Solenoide. Si quieren leer algún libro de la lista, pues bienvenidos. Sería bueno dialogar sobre estas lecturas. Soy un fiel creyente de que la lectura compartida magnifica el amor por los libros y juntos se aprende mejor.  

Si tienen ganas elaboren también su lista de propósitos literarios, pero ojo, no hay que obsesionarse con cumplir, que sea apenas una guía para la travesía. 

«Querido» 2020

Creo que luego de todo ese vendaval que has provocado, queda un aprendizaje durísimo, como cuando el profesor asigna un proyecto complejo y los estudiantes se rebanan la cabeza para resolver y cumplir la misión. Nuestra misión contigo fue persistir, no dejarnos caer, que aunque la enfermedad nos envolviera, se nos pusiera de frente en el cuerpo de amigos y familiares, había que luchar hasta el último aliento de vida. Miro hacia atrás, me recuerdo en ese oscuro mes de abril, en ese cumpleaños confinado que pasé, triste pero con el calor de mis padres, mi hermana, mis tíos y mis amigos que se manifestaron por videollamada, por mensajes de voz, por chat. Lo único que quedaba era agradecer por estar vivo, por no ser parte de esa estadística que contaba los muertos cada día, de los cuerpos sin sepultura que quedaban en las calles. Pienso en abril y escucho gritos, sirenas de ambulancia desesperada, el horror al pisar en la calle. Respirar, inflar los pulmones era mirar de frente al virus.

¡Qué año tan difícil! Parecías un buen año pero con el pasar de las primeras semanas, fuiste revelando lo frágiles que somos como seres humanos en un planeta oprimido, deprimido, histérico que de alguna manera nos ha devuelto la imagen que hemos creado. Nos hemos creído invencibles y tú, 2020, nos has abofeteado, escupido, pisoteado, maltratado y acá seguimos, cansados, tratando de explicarnos qué nos ha pasado y qué podemos aprender de todo esto.

2020, me mostraste que el amor trasciende lo físico. Tan acostumbrados estábamos al toque, al abrazo, a olfatear, que en vista del encierro necesario tuvimos que buscar otras alternativas para sostenernos. La virtualidad ayudó mucho en ese camino pero también volver al corazón, cerrar los ojos y encontrar esa corriente que nos une a todos sin importar el tiempo ni el espacio. A pesar de la ansiedad y la angustia, gracias por recordarnos que hay que conectar desde el interior. Suena a una obviedad pero ponerlo en práctica puede llevar toda la vida.

Mi celebración virtual de cumpleaños con mis colegas y amigos

Fuiste un año en el que me demostraste que tengo mucho para trabajar con mi propio cuerpo. Y no me refiero a lo superficial de tener un cuerpo musculoso sino de prestar atención a las señales que da, un leve dolor, ardor, un hincón. Localizar la parte que molesta y mirar más allá del órgano que da problemas. Ha sido duro encontrar dolor emocional escondido en un dolor corporal. Te agradezco por ese nuevo sistema de pensamiento que he empezado a olfatear.

Por otro lado no fuiste un año de viajes. Mientras que el 2019 me hizo subirme al avión un montón de veces, este año me demostraste que hay tiempo para todo y que era un momento de estacionar, de hibernar, de mirar el lugar que te habita. Tuve que viajar hacia el interior, también recorrer el barrio, las calles y también darme tiempo para pensar en lo que había aprendido en todos mis viajes de los años anteriores. Definitivamente espero volver a los viajes en el 2021, porque seguro yo tendré otra cabeza para encararlos.

En una de mis primeras salidas por la ciudad, cuando se empezó a flexibilizar el confinamiento en Guayaquil

Fuiste un año que me permitió sentarme a escribir. Trabajé varios cuentos, empecé un proyecto de serie, terminé el primer borrador de una novela y emocionado, he empezado una segunda novela. Volver al corazón me devolvió la alegría de crear, de atreverme, de abrazar el tiempo presente como única forma de supervivencia. De ti 2020 me llevo esto justamente: haberme forzado a empezar y concluir trabajos de escritura.

También fuiste un año de muchas lecturas (y muy variadas), de muchas series, de muchas películas. Como siempre digo la ficción nos salva y el haberme metido en historias de lugares y épocas distintas me permitió respirar otro aire en medio de estos meses de encierro.

No te guardo rencor, 2020. Para el mundo entero ha sido un año complicado, doloroso, un paréntesis extraño y espero que tus enseñanzas nos sirvan para vivir mejor los años venideros. Después de la zozobra, espero un año más reposado, de recuperar el afecto físico, de poder circular sin miedo y que con una nueva conciencia estemos más atentos a nosotros mismos.

Querido 2021, te espero con cariño, que nos traigas nuevos aires, mucha salud y la fuerza para seguir adelante, para rearmarnos como podamos y sobre todo, danos la capacidad de confiar. Con todo eso, ya tendríamos bastante para vivir.