Mi respuesta

Solo espero que me leas y no me odies

Habría querido dedicarte unas líneas más

Encontrar amaneceres a tu lado

Susurrando canciones, leyendo retratos

en las córneas de un mar ajeno en silencio.

Fueron tiempos difíciles, de pensamientos arañados

Diálogos sordos, sueños en arena

Pero te quiero, no fue en vano

mis palabras no son desesperadas.

Me heriste, es verdad,

aunque palabras duras viniendo de ti

No son insultos sino apenas

las caricias frustradas que no pude darte.

Fue un adiós abrupto, de precipicio sin caída

Te pienso en los minutos que dejamos en suspenso

Quisiera decirte algo más que unas líneas sinceras

en medio de la bruma de las venas virtuales.

Si quisieras y puedes escucharme,

dejo abierta mi línea, sin bloqueos,

por si quieres escribirme de vuelta

La vuelta al mundo en un clic

match

Saltar de perfil en perfil, poner un visto o una equis.
La rutina visual de descartar rostros y cuerpos en fotos,
rescatando apenas a quienes parecen salir
de esa moda de cuerpos delgados pero curvilíneos.

Me detengo en un perfil en particular.
Me gusta lo que escribe en su descripción
“No busco nada en particular, pero sé que lo express no me va”.
Me gusta su orden gramatical en las frases sucesivas al describir su trabajo,
sus pasatiempos y obvio me atraen sus fotos también.

Dudo si darle un visto o una equis,
pues el visto de Like no garantiza un match.
Contemplo sus fotos por unos segundos
para tratar de conservar sus trazos en mi memoria.
Le doy visto por si acaso, pero con el pequeño duelo de la despedida
en caso de que nunca más vuelva a ver su perfil.

Pienso un poco en cómo empezaría el diálogo si hiciéramos “match”:
¿Le escribiría primero o esperaría que me escriba primero?
¿Empezaría con un hola bulímico con o sin signos de exclamación?
¿Respondería enseguida o esperaría un poco para no ser un agitado por atención?

Quiero evitar un drama innecesario en mi cabeza
y sigo ahogando perfiles.
Me escribe alguien pero sigo quemando perfiles.
Sé que pararé solo cuando la app quede exhausta y rabiosa
me pida que extienda mi radar de búsqueda.

Apertura

Camino entre las estrías de mi piel

Me evaporo entre alientos de nenúfares

No soy tú, no soy quien fui

Apenas un puñado de estrellas,

de cuerpos vacíos que vacilan en constelar en caída libre.

 

Me recuerdo entre payasos y saltimbanquis,

Las calles violetas, como muelas desgastadas se abrían al ritmo de mis pisadas.

Llegó la noche, embrujada con sus tentáculos de seda

y me envolvió callando las penurias de la carne.

Que dure lo que tenga que durar

ATARDECER EN FRÁNCFORT

Que dure lo que dura un suspiro, un parpadeo,

La decisión de lanzarse o no,

El toque suave de una llama de vela

La espera de un mail,

La llamada que llegó y se cortó

 

Que dure lo que dura un libro

Que persista entre versos y violetas

Que se disipe como las nubes, como las gaviotas

Que dure como el vaivén de un bolero callado.

 

Que dure lo que dura el llanto,

que rompa el agua de los silencios ajenos,

que se haga trizas en el polvo de otros tiempos.

 

Y así vivirá, lo que tenga que durar, en el éter, 

en los pliegues de una foto antigua, 

en los vértices, en los ángulos de las manos enlazadas.

 

Que dure, que perdure con la fuerza extraña de un salto hacia el susurro.

Al vacío

adrift_fly_fishing_labor_graphic_design_minneapolis_andy_weaverling_driftless_big_brook_trout_18

 

Como cuando te levantas sin encontrar lo cotidiano

Como cuando besas sin remedio,

Como cuando te rasgas más por placer que por entendimiento

Y aun a la deriva, te lanzas un poco más, navegas por aguas pútridas

Destruyes las líneas que te santificaban

Y caes pegajoso al evangelio callejero.

Caes, caes, caes

Te pierdes en tu propia geografía,

pintando islas en los cráteres

Arrancando lenguas en las cordilleras sin senda

Te desconoces, tiemblas, la bilis emerge de tus poros

Y en el paredón de tus recuerdos,

te infestas de cromos repetidos.

Como cuando buscas “algo” en el tuétano de la palabra

Como cuando violentas la virginidad del lenguaje.

Así acorrentado caminas convulsionado, ahogado,

despreciando las jugadas definidas,

hasta volverte un verbo transitivo.

 

Dulce Sueño

Divago,

muelo las liendres de memorias ácidas

que se reproducían inertes

en los candores de mi boca.

Estoy, no estoy o estuve

en los vericuetos desnudos del Traum.

Y una voz aria de vocales turcas me recordaba

“Schlaf gut, schlaf gut”.

Del Traum al trauma,

la ciénaga incolora de las promesas

se fue sembrando en las costuras de la arena.

Grito, angustia, angustio,

descanso grillado sobre las virutas de la escena.

Radiografía

I

Expulsado a propio gusto. El cuerpo llegó primero que el corazón y una rara calma me difumina en la ciudad. La última gran capital del continente, temperamental en los inviernos, ácida en los veranos.

Escucho, me callo, el acento delata. Soy el extraño, el extranjero, el exótico. Pero no cumplo con el retrato tropical. Decepciono.

II

Fluyo con la linfa de la ciudad. He encontrado una nueva casa. Me invado de las calles del Bajo. Me apropio de Alem, Reconquista, 25 de mayo. Me difumino en los alcoholes de amores pasajeros hasta encontrar la raíz en un tango sin nombre. Aun los huesos se rompen con la acidez de la gente. No me dejo dormir. Me acomodo.

III

De vuelta a la ciudad de origen. Nuevamente el cuerpo ha llegado primero. Un acento enmarañado de vos y de tú recuerda la contravía en las entrañas. Me reconozco en la morfología del vacío. Me muevo parchado, con la cabeza metida en un bandoneón ilusionado. Me expulso, me voy, viajo, eyaculo.   

Finalmente, transmutado.

El oficio del (llegar a) ser

Entrenar hasta que el músculo aguante

Inspirar y expirar, contraer el abdomen

Marcar cuadritos, bíceps, tríceps

Ser esclavo del espejo, contando centímetros

Documentar con selfies la derrota en el camino

 

Ahogarse de grasa, el sueño perverso

Morir en ayunas, el músculo primero

Adolorido, articulaciones en reversa

La calma no llega, el músculo siempre más.

 

Deglutir la meta,

astillarse los muslos en un Eros de hule

Apretar la sienes, vaciar recuerdos, sólo respirar

Desechar el azúcar, la tinta, la bilis

Y roer el estómago hasta encontrar la columna

 

El desvarío de la carne no mata las ganas

Subir, bajar, romper el tiempo y espacio

Romper la dermis se rompe,

Corta el hilo en el enjambre de tendones crujientes.

No queda nada del Eros,

solo el aliento que se escapa a mitad de la noche.

Escritura y Ciudad: Día 7 (This is The End)

El final llegó. El final de la película, de la temporada de la serie, de la novela, cayó tan rápido cuando parecía lejano. Mirando hacia atrás recuerdo el primer día del seminario, la primera salida para escribir el primer poema y me parece tan lejos, como si hubiera sido hace un mes, cuando en realidad han pasado sólo diez días. Es que acá en Nueva York y con las clases, hemos vivido todo con mucha intensidad. Creo que a todos los que hemos participado, de una u otra manera el seminario nos ha cambiado la forma de pensar y de escribir. La crisis es parte fundamental de la creación y creo que las clases en ciertos momentos lograron eso. No tengo más que agradecimientos para todo lo vivido acá.

En la última clase de hoy, Guillermo leyó los inicios de nuestros cuentos. Sobre el mío, dijo que le gustaba mucho el conflicto de la historia y me hizo sugerencias sobre determinadas frases y el posterior desarrollo de la trama. Me recomendó la lectura de dos libros que voy a tratar de conseguir. Sus comentarios me parecieron acertadísimos, así que estoy muy motivado para llevar adelante el cuento.

Entre la clase de Guillermo y la de María, llevaron una cámara al aula para grabar de nosotros algunos testimonios sobre el seminario. María me pidió que pasara yo, así que rompí el hielo al ser el primer testimonial. Me gustó hablar sobre lo que para mí significó el seminario, ya que es algo que a través de esta bitácora he venido trabajando todos estos días. Luego pasaron otros compañeros a los que María les fue haciendo preguntas diferentes acerca del seminario.

En la última clase de María trabajamos la traducción de una parte del poemario Gabriel, de Edward Hirsch, quien además de poeta es el Presidente de la Fundación Guggenheim. Nos dividimos por grupo para trabajar el poema y luego fuimos poniendo en común nuestras traducción por estrofas. Sobre el arte de la traducción, María dijo cosas muy lindas. Una de las que más me gustó fue «la traducción es un trabajo generoso». Recomendó que cuando atravesemos algún bloqueo, en el que sintamos que no tengamos nada que escribir, recurramos a la traducción, ya es un trabajo libre en el que hay que llevar las palabras de la lengua original a la que se quiere traducir. Libre en el sentido de que en poesía y narrativa en general, hay que encontrarle la sonoridad a las palabras en el idioma traducido. Como ejemplo nos puso el de una investigadora que se dedicó a recopilar las traducciones existentes de los tres primeros versos de La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Escuchamos la grabación de todas las traducciones en diferentes épocas y si bien el sentido era el mismo, las palabras utilizadas variaban. Unas eran más poéticas, otras más concretas.

img_0472

Terminada la clase, se entregaron los diplomas de participación en el seminario con la respectiva foto. Un momento emocionante, de cierre de cursada que luego se complementó con un almuerzo en Delmonico’s, un restaurante lindo en el Financial District a pocas cuadras del City College. Pasamos un momento agradable entre los compañeros, los profes, el Decano del City College, Juan Carlos Mercado y Carlos Aguasaco, coordinador del seminario. Aproveché para pedirle a María que me autografiara su libro Elegía Joseph Cornell. La compañera de Brasil me regaló un libro de cuentos de su autoría y le pedí que me lo dedicara.

img_0478
En el almuerzo en Delmonico’s.

Luego con unas amigas del mismo seminario fuimos a Ulysses Bar, lugar al que habíamos ido el primer día del curso. Un lindo pub irlandés, tranquilo más tipo un lugar after office. Yo me pedí un Negroni, un trago muy fuerte para mí, que con el vinotinto acumulado del almuerzo, terminó por marearme.

img_0484
Con María, una genia, maestra, a la que debo haber encontrado el amor a la poesía.

Desde ya empiezo a extrañar las clases del seminario. No hay nada más lindo que volver a ser alumno, ser errático, intentarlo una y otra vez. Esa es la libertad que da el ser estudiante. En estos años he sido profesor casi todos los días y tomar este seminario me ha colocado en ese lugar hermoso y privilegiado de estudiar, de aprender de grandes maestros, de escuchar, de confundirse, de explotarse la cabeza si es necesario y armarse a pedazos. Me harán falta Guillermo y María como profes, los compañeros a los que espero ver a lo largo de la vida, en otras circunstancias. Me siento privilegiado de haber sido parte de esto, de haber estado rodeado de personas maravillosas. Agradezco por la experiencia, por Nueva York, por la escritura, por los nuevos amigos que tengo.  Termino esta bitácora del seminario con emociones encontradas: Alegría, nostalgia, satisfacción. Fue un hermoso paréntesis y un bello comienzo de año. El domingo por la noche emprendo el viaje de vuelta a Ecuador, así que trataré de aprovechar los días que quedan en esta ciudad a la que he conocido de la mano de la poesía. Yo que siempre quise conocer Nueva York presintiendo que la amaría, he tenido la oportunidad de recorrerla con las mucosas expuestas, con el corazón latiendo a mil, gozando de cada segundo acá, teniendo la certeza de que este es uno de los momentos más hermosos de mi vida.