Michael Orthofer, un lector voraz

Antes que nada debo decir desde ya, que siento una profunda admiración por este señor,  a quien «conocí» por casualidad navegando en Youtube (bendito sea el menú de vídeos relacionados). El vídeo en cuestión (que comparto abajo) era sobre cómo comprar en la librería Strand de Nueva York guiado por Michael Orthofer y Tyler Cowen. Intrigado por la sapiencia del primero, seguí viendo varios vídeos relacionados y me sorprendió saber que Orthofer, alemán de nacimiento pero criado en New York es un lector voraz, capaz de leer cinco libros a la semana y reseñarlos todos en su página web: http://www.complete-review.com/.  Al entrar a su sitio me sorprendió también que el diseño de este es todo un viaje en el tiempo. A propósito, Orthofer ha decidido mantener el diseño original de 1999. Hacía mucho no veía un sitio con una diagramación tan básica, con los links marcados en subrayado azul. Y es que para Orthofer (y para sus lectores) lo importante no está en la usabilidad ni en el diseño sino en su contenido. ¡Y qué contenido! ¡Hasta la fecha ha reseñado casi 4000 libros!

artworks-000173552550-4jssjh-t500x500Contrario a lo que uno podría pensar, Orthofer no lee solamente en inglés, lengua en la que ha leído casi todo lo que se ha publicado en los últimos años. También es capaz de leer textos en alemán (su lengua madre) y francés.  Fruto de todas estas lecturas, Orthofer, quien fue abogado hasta el año 2002, tiene en su departamento en el Upper East Side, más de 4000 libros. No podría ser menos para alguien que confiesa que si no lee como mínimo cien páginas por día, se siente angustiado como si hubiera desperdiciado el tiempo. La rutina de Orthofer, como buen alemán es muy organizada. Por las mañanas escribe sus reseñas, por las tardes se dedica a la lectura y por las noches escribe en su blog Literary Saloon, donde publica posts sobre las novedades del mundo literario.

Definitivamente un ejemplo de hombre productivo que nos hace pensar que para leer nunca hay un límite.

«Io, l’uomo che leggerà tutti i libri del mondo» (en italiano) http://www.repubblica.it/cultura/2016/05/09/news/_io_l_uomo_che_leggera_tutti_i_libri_del_mondo_-139463591/

Saudade de Domingo #56: Los años teen

Ayer terminé de ver la serie del momento 13 reasons why. La verdad comencé a verla  para saber qué era lo que enganchaba a tanta gente. No le tenía mucha fe. Nunca me han gustado las tramas adolescentes, pero acá es donde la serie da un giro: No es sólo para adolescentes. Me atrevería incluso a decir que no es para teenagers, pues encuentro la trama bastante compleja, con muchos matices y un nivel de reflexión orientado a un público más maduro, para aquellos profesores, padres, hermanos que tienen contacto con adolescentes y que muchas veces no toman en cuenta las señales de que un chico o chica está sufriendo de acoso en el colegio.

13-reasons-why_0

La serie me ha hecho recordar mis propios años teen. Ya con 31 años tengo cierta distancia de aquella época y confieso que me hubiera gustado ser quizás más «adolescente», en el sentido estricto de la palabra. Adolecer, haberme equivocado más, haber sido mucho más inconsciente, más visceral, más parecido a mis compañeros. Tuve mis crisis, mis ataques de histeria juvenil pero en general fui mucho más contenido. Muy estudioso, muy lector, enfocado en mis clases y soñando todas las tardes en la novela de turno que escribía. Me admiro de la férrea disciplina con la que escribía por esos años. Llegaba del colegio tipo 14h30, almorzaba, veía algo de tele y ya a las 16h00 estaba frente a la compu escribiendo durante dos o tres horas. Nunca más de eso, pero sí todos los días. Vivía mi mundo paralelo con los personajes que creaba porque en la vida real, en el colegio, nunca me sentí cómodo.

Tengo buenos recuerdos del colegio, amigos a los que evoco en mis pensamientos con cariño, a veces hasta me río de ciertas situaciones vividas en los recreos, en las horas libres cuando un profesor faltaba o en la incertidumbre de los exámenes finales. Sin embargo, debo confesar que no fue una linda época y en la actualidad no la extraño para nada. Tengo amigos que añoran sus años de colegio, a sus amigos de la época, que se reúnen cada tanto. Yo nunca sentí nada de eso. De hecho al graduarme y al empezar la universidad, me sentí aliviado. En la secundaria siempre me sentí un pez fuera del agua. Mis intereses por el cine, la literatura, el teatro eran quizás muy exquisitos para el resto de mis compañeros. Ya en esa época hablaba varios idiomas, escuchaba música brasileña, francesa, italiana. No me sentía afín con los gustos musicales de mis compañeros ni tampoco con las películas que veían. Confieso también que hice muchos esfuerzos para encajar, traté de escuchar la música que a ellos les gustaba, traté de consumir la televisión que veían, pero siempre terminaba aburrido y a mi corta edad, me preguntaba «¿por qué hago esto? «. Ser estudioso me trajo admiración por parte de mis profes y de muchos amigos, pero también me alejó de muchos de ellos. Nunca supe bien si se alejaban de mí por no saber qué hablar conmigo o porque les resultaba extraño, demasiado «nerd». Por aquellos años ser llamado «nerd» no era bonito y sí bastante peyorativo, sinónimo de inteligente, pero también de ingenuo, estúpido y tímido. Muchas veces escuché ser llamado así, pero como tenía tres o cuatro amigos con los que me llevaba bien, los comentarios de los demás poco me importaban o quizás dolían menos.

En las épocas que quizás resultaba «popular» era en las semanas de exámenes. Ahí sí era el centro de atención, me buscaban, me llamaban, charlaban conmigo, todo para que los ayudara a estudiar. Ya desde esos años tenía ese instinto de enseñar y lo hacía con gusto, aun cuando sabía también que era puro interés, que pasado ese período todo volvería a ser como antes. Me saludarían nada más, sonreirían también como para tenerme de su lado, pero no compartirían más momentos conmigo. Lo sabía bien. Jamás me acosarían o me atacarían frontalmente porque podrían necesitarme en el futuro. Era como si entre ellos y yo hubiéramos pactado una especie de acuerdo. No se meterían conmigo frontalmente a menos que los ayudara. Uno de los grandes aprendizajes de esos años teen fue distinguir a los amigos circunstanciales de los verdaderos.

Viendo 13 reasons why pienso en los otros compañeros del colegio que sí sufrieron un acoso fuerte. En aquellos años no lo llamábamos bullying, éramos inconscientes de lo que pasaba entre nosotros. También es verdad que no todo debe llamarse bullying, pero sí creo hay que estar atento cuando un niño o adolescente presenta ciertas señales de acoso. En los años teen por la corta vida que se tiene, tendemos a creer que el mundo es el colegio, que el universo son tus compañeros y profes, que jugarse la vida es hacer bien un examen, levantarse a la chica guapa del curso o emborracharse en una fiesta. Pero no, el colegio es apenas una micropartícula, una etapa que esfuma y que años después uno mira con cariño, indiferencia, nostalgia o lo que fuera. Probablemente el chico o chica popular sea cualquier cosa años más adelante y quizás el acosado, el calladito sea una persona de éxito. Todo da vueltas y nada es seguro. Quizás en 13 reason why si Hannah no hubiera optado por el suicidio, hubiera sido en sus años posteriores una chica de éxito que recordaría sus años de colegio como un periodo de inmadurez, de desilusiones que fueron tierra fértil para fortalecerse en el presente. Los años teen pueden ser crueles pero a veces son necesarios en el tránsito. Y lo más importante (o más triste para algunos): No vuelven nunca más.

Radiografía

I

Expulsado a propio gusto. El cuerpo llegó primero que el corazón y una rara calma me difumina en la ciudad. La última gran capital del continente, temperamental en los inviernos, ácida en los veranos.

Escucho, me callo, el acento delata. Soy el extraño, el extranjero, el exótico. Pero no cumplo con el retrato tropical. Decepciono.

II

Fluyo con la linfa de la ciudad. He encontrado una nueva casa. Me invado de las calles del Bajo. Me apropio de Alem, Reconquista, 25 de mayo. Me difumino en los alcoholes de amores pasajeros hasta encontrar la raíz en un tango sin nombre. Aun los huesos se rompen con la acidez de la gente. No me dejo dormir. Me acomodo.

III

De vuelta a la ciudad de origen. Nuevamente el cuerpo ha llegado primero. Un acento enmarañado de vos y de tú recuerda la contravía en las entrañas. Me reconozco en la morfología del vacío. Me muevo parchado, con la cabeza metida en un bandoneón ilusionado. Me expulso, me voy, viajo, eyaculo.   

Finalmente, transmutado.

El eros en portugués

Si tuviera que elegir una canción que mostrara un portugués seductor, transgresor, vagabundo, pasional, me quedaría con Disritmia de Simone. Hay un no sé qué en esta canción, en la gravedad de la voz de Simone, en la cadencia temperamental de la melodía que me sumerge en un amor de película. Y como película de amor, a modo de efecto colateral trae consigo desolación, sensualidad y desesperación. Es un amor ansioso que pretende poseer el alma, el cuerpo, los fluidos y Simone seduce con velocidades diferentes en su voz, como si quisiera jugar con todos sus artilugios para permanecer, echar raíces en esa relación que parece ir extinguiéndose.

De alguna manera, esta canción en voz de Simone me hace sentir abrazado, aconchegado por su melodía laberíntica. Y es así como le doy bis sin descanso, protegiéndome en esa burbuja musical, chiquitito, embrionario hasta dormir arrullado por Simone.

(El vídeo es horrible pero lo importante es la canción).

Escenas sueltas (2 de 7)

Recorro el teatrín intervenido por dos amigas: una italiana y una mexicana. Cada una prepara una obra, muy distinta la una de la otra. Ayudo como puedo, coso un vestido, taladro una pared, hago un listado de la utilería para luego devolverla (sí, todo se hace por amor al arte, así que el préstamo es la mejor opción). Mientras, actores y actrices entran y salen, se prueban vestuarios, repasan sus textos a la italiana. Una muy menudita y con un pelo que desafiaba a Medusa, lloraba al haber olvidado en cuestión de segundos, dos páginas de sus parlamentos. La mexicana, dura, le dio dos cachetadas para que reaccionara y no atrasara más el ensayo. Al final, lo recordó todo.

La italiana en otra sala terminaba de pintar una silla. Montaría un infantil y esa silla sería el trono de un rey que sería interpretado por un actor que tenía un aire a un David Bowie tropical. era medio divo, seleccionaba a quién saludar y aunque se jactaba deseo profesional, faltando pocas horas para el estreno, todavía no se sabía todo el texto. La italiana lo insultó en genovés, milanés, italiano y al final en español. El resto de los actores no actuaban tan bien pero al menos se sabían sus textos.

Las dos funciones fueron bien de público. Los aplaudieron, se tomaron fotos. La mexicana huyó para no ser presa de autógrafos o fotos. Su compañera italiana posó feliz, lo entendía como parte de su labor de artista y hasta dio unas palabras a unos revistas de teatro independiente. «Seguiremos con nuestro compromiso de hacer teatro así sea con nuestra propia sangre», sentenció, sin saber que su frase textual empapelaría a una revista de ideología socialista.

Va fa un culo, me dijo la italiana días después cuando le insinué en broma que ahora la tomarían como una agitadora.

Saudade de Domingo #55: Mi hermana

Hace 27 años dejé de ser hijo único para convertirme en hermano. Seguramente en ese momento no entendía bien lo que eso significaba y lo fui asimilando con los años. Aun hasta ahora sigo aprendiendo de ese vínculo con mi hermana. Es una relación que no se agota, que crece, se transforma y se va actualizando. Ya no somos los niños que jugaban pero cada tanto peleamos por nimiedades, nos reconciliamos y estamos ahí siempre para ayudarnos. También nos reímos mucho y compartimos muchas cosas.

Hoy, en Buenos Aires hemos pasado un lindo día (desde ayer en celebraciones). Me da gusto verla transformarse en una mujer independiente, que se levanta, que afronta desafíos, que tiene miedos como todos pero que se sobrepone a las pruebas. Con ella me pasa algo muy curioso: la sigo viendo como mi hermanita, la pequeña, la bebé, aun 17952731_10154203941566486_8310883875220191745_ncuando todos sus logros me muestren a una mujer emprendedora delante. Siento que nunca crecerá para mí, que será siempre la niña churrona que cantaba villancicos con mi papá en navidad, que en algún momento quiso ser cantante y que era una fanática acérrima de la serie Expedientes X.

Con esa imagen de niña que tengo a veces quisiera poder aliviar el peso de sus responsabilidades, evitarle penurias, acortarle el camino de sinsabores al haber vivido yo experiencias similares. Pero me repito que ella tiene su propio camino, que sólo puedo estar ahí para aconsejar, para dar un abrazo pero que no puedo intervenir, por su propio bien y su propio crecimiento.

Estoy muy feliz de haber pasado este día con ella, rodeado de amigos que como yo la  aprecian y la quieren por su sensibilidad, su humildad y sentido del humor. Aun se me hace raro pensar que ya tenga 27 años, que haya salido del país y se esté abriendo paso en una nueva tierra. Estoy seguro que como en otros retos, saldrá triunfadora.

Te quiero bebé.

Escenas sueltas (1 de 7)

Escena 1

Comencé a hacer ejercicios de forma obsesiva hace más o menos dos meses. No es que haya surgido en mí un interés repentino en hacerme pepudo. Todo es por causa de un personaje. Haré mi debut cinematográfico como actor y necesito tener marcado un six pack en el abdomen. Me viene bien la analogía ya que soy cervecero hasta la linfa y ante la abstinencia de la bebida, hago unas veinte flexiones, treinta lagartijas o cuarenta abdominales. Ya con el sudor y el cansancio, las ganas de una Pilsener helada se diluyen hasta caer dormido, con el cuerpo inflamado y adolorido.

Días atrás empecé a observar dos protuberancias encima de los hombros. Una de cada lado. Imaginé que ya estaban surtiendo efecto las rutinas de espalda y hombros, por lo que entusiasmado, las incrementé sin piedad. Una de mañana, otra de tarde y otra de noche, antes de dormir. Pero pronto las protuberancias fueron creciendo y no de manera proporcional con el resto de la espalda. Un día al levantarme, molesto al no encontrar una posición cómoda para seguir durmiendo, me levanté para cepillarme los dientes y al frente del espejo me encontré con una escena digna de Horacio Quiroga o de Kafka (prefiero al primero, por el referente latinoamericano). Tenía un Alfil en el hombro izquierdo y una Torre en el hombro derecho. Me llamó la atención la perfección, el detalle con el que los músculos habían logrado esculpir dos piezas de ajedrez. Llegué a tocarlas y su textura era igual a la de una pierna o un brazo. Ni siquiera dolían. Sentí hasta un cierto placer tocando estas nuevas extensiones de mi cuerpo que casi llegaban a rozar mis orejas. Pasados unos minutos vino la realidad: Era imposible vivir así, ¿Qué camisetas o camisas me podría poner? ¿Tendría que exhibir mis piezas de ajedrez u ocultarlas? ¿Debía confeccionar camisas adecuando las formas de estas protuberancias? ¿Cómo dormiría las siguientes noches? ¿Debía tener algún cuidado, lavado especial? ¿Si dejaba de hacer ejercicios, disminuirían de tamaño o se volverían flácidas? Ante las dudas, entré a la habitación de mis papás, quienes no podían salir de su asombro. Mi padre, que es médico cirujano al borde de la jubilación, examinó las piezas de ajedrez y aunque señaló que se trataba de un caso rarísimo, dijo que se podrían extirpar sin problema. No me dio tiempo a pensar cuando me colocó una mascarilla en la cara y caí desvanecido.

Al despertar en cama de mis padres, las protuberancias habían desaparecido. Fue una operación exitosa, ya mandé las piezas al laboratorio para hacer una biopsia, no creo que sea nada, dijo él mientras pasaba las páginas del diario, como si no tuviera ninguna importancia lo que había sucedido. Yo seguía pasmado y sobre todo cuando vi que eran las cuatro de la tarde. Me quedaba apenas media hora para poder llegar a un teatrín del centro de la ciudad y ayudar a dos amigas con el montaje de dos obras que se estrenarían esa noche.

Ya en el colectivo, aun mareado por la anestesia, me quedé dormido la mayor parte del trayecto.

Saudade de Domingo #54: Otra alternativa

Ecuador tiene fractura múltiple. Por un lado, hay quienes están por la continuidad del oficialismo, otros a favor de un cambio por la Derecha y un sector (más pequeño) que no se siente representado en ninguna de las dos posturas anteriores. Este tercer grupo es más difuso, dubitativo y por múltiples razones decidieron anular su voto o dejarlo en blanco.

En cualquier caso, está claro que dentro de un territorio pequeño como el del Ecuador, queremos quizás lo mismo (el bienestar, igualdad, etc. ) pero por vías diferentes, aceptando los pros y contras de cada propuesta ideológica. Prueba de ello fueron las elecciones del domingo pasado. Más allá de que exista o no fraude electoral, está claro que dos grandes porciones de la población se debaten entre la continuidad y el cambio. No hubo una victoria arrolladora para ningún partido y sí una gran división, maltrato, protestas en las calles, en redes sociales y de parte del mismo gobierno (cosa que no es de asombrarse).

El panorama  mundial es un poco (bastante) desalentador. Estados Unidos con Trump, Venezuela enardecida por Maduro, México y su narcopolítica, Paraguay en una crisis política sin resolver, Siria despedazada por el gobierno oxidado de la familia Al Asad, ISIS y Estados Unidos; Argentina dividida entre el pasado kirchnerismo y el actual macrismo que no termina de entenderse; Francia, de cara a las elecciones y con una altísima intención de voto para la candidata de derecha Marine Le Pen, mientras que en Guayana Francesa, la gente protesta ante la inseguridad y hace un llamado urgente a Francia en busca de ayuda. Son tiempos convulsionados y más que nunca, todos esos conflictos aparentemente lejanos tienen cierta repercusión en nosotros. A nivel mental, emocional estamos cansados de tanta impunidad, de atentados, de genocidios en nombre de una bandera en el mundo entero. Y es que parece que como humanidad no hemos aprendido nada porque insistimos en la dominación por la fuerza, en la sed de poder que termina destruyendo cualquier buen ideal.

La Historia demuestra que ni la Derecha ni la Izquierda han solucionado nada en su totalidad. El ego se disfraza con una ideología, cambia nombres, enaltece otros valores pero al final del día el odio hacia el sector opositor es igual, destruir aquello diferente porque me puede tumbar, porque me da miedo. Hace mucho tiempo dejamos de escuchar(nos) y solo escuchamos nuestro propio casete y con ese mismo casete, sin filtrar, inundamos las redes sociales de mensajes que promueven odio. ¿No se supone que tanto Derecha como Izquierda buscan el bienestar social (cada una a su manera)?

Así las cartas están echadas y trato de preguntarme como ciudadano común, que paga sus impuestos y trabaja como cualquier otro ecuatoriano: ¿Existirá alguna otra alternativa que no sea la Derecha o la Izquierda? Porque la verdad esos antagonismos, esas polaridades me molestan muchísimo. Si consumo ciertas cosas, eso ya me haría de determinado bando. ¿Por qué ponernos etiquetas? ¿Por qué prohibirnos de expresarnos para después no ser señalados bajo una etiqueta? Los nuevos grupos que han llegado al poder en los diferentes países prometiendo un cambio, terminan al final reproduciendo odio, sembrando discordias de la misma forma que los grupos anteriores a ellos. Entonces, ¿de qué hablamos?

Creo que debería existir otra alternativa, alguna que sea abarcadora, que no se agote en discursos lindos que se leen bien como literatura pero que en el lado práctico no solucionan nada. Y lo digo yo que no me considero de ninguna bandera política y por ello no me siento representado por nadie. Sueño con un mundo en que sin importar en quien creas, cómo luzcas o con quién te acuestes, todos trabajemos juntos para tener esa sociedad más equitativa de la que tanto hablamos, colocando a la filosofía, a las humanidades con el mismo peso que tienen las ciencias exactas. Quizás si supiéramos más de política, de historia, de filosofía, elegiríamos mejor y no comeríamos carreta fácil. Pero eso obligaría a tener políticos más preparados y no, no los hay.

Ante este panorama nacional de protestas, leo estados de Facebook de conocidos que piden calma, que cada uno vuelva a su trabajo, que trabajen desde la micropolítica, laborando honestamente, respetando las normas de convivencia, sin joder a nadie, cuidando el medio ambiente, estudiando, etc. Pero tenemos que ser honestos, la macropolítica también nos jode y mucho, como bien dicen Guattari y Rolnik cuando señalan que ambos aspectos se nutren el uno del otro y que si uno de los dos prevaleciera, cualquier causa o lucha quedaría coja. Porque puedes hacer muy bien tu trabajo pero si a tu empresa le ponen trabas de impuestos y más burocracia, va a afectar, quieras o no, en tu micropolítica. Si quieres que tus hijos estudien pero la educación secundaria es paupérrima por la limitación de los programas de un ministerio, va a afectar en tu micropolítica. Si los precios suben sin control y resulta cada vez más caro hacer tu compra de supermercado semanal o mensual, eso va a afectar a tu micropolítica y también a tu cabeza, porque mentalmente toca vivir preocupado si llegarás con las cuentas al siguiente mes. Así que lo de la micropolítica es genial, me encanta, me pongo la camiseta con eso, pero no podemos eludir que la política a nivel de gobierno nos afecta y por tanto tal o cual candidato debe ser elegido con transparencia y sobre todo haciendo un voto consciente. No pensando únicamente en mi beneficio inmediato, que ha sido el mayor cáncer de nuestros países. Siempre pensamos en nuestro propio beneficio aun cuando sepamos que el de al lado se jode a base de nuestra felicidad.

Pensando en todo esto los últimos días, me encuentro con algo lindo en el muro de Facebook de una amiga. El mensaje del filósofo Bertrand Russell hablándole a las futuras generaciones, a las que les pide amar sin distinción, tolerando a quien piensa diferente, trabajando con él. De lo sencillo que resulta, es difícil de lograr. Pero habría que intentarlo, buscando esa otra alternativa que supere cualquier brecha política. Una utopía, quizás.

Ella en la foto

FullSizeRender

Hace unos días, en mi timeline de Instagram, me apareció esta foto de Glória Pires, una de mis actrices favoritas de Brasil. Aunque no tiene nada de especial, me capturó la mirada profunda con la que se clava en el objetivo de la cámara. Glória Pires no representa el prototipo de “mujer linda”, pero tiene una fuerza uterina que se apodera de todos los personajes que interpreta. Es de esas actrices brasileñas que recuerdo haber visto desde mis primeros años de vida. Su pelo negro abundante enmarcando ese rostro mestizo de cejas pobladas siempre me llamaron la atención. Ya más grande, en los primeros años del Internet pude escuchar su voz original (no la doblada de las novelas) y me fasciné con su voz grave, profunda, puissant que se pierde en el doblaje. Lo siento, actriz dobladora de Glória Pires pero la prefiero a ella, la original, ok?.

En esta foto nada especial, una más del álbum de Instagram de Glória Pires, me pregunto por María de Fátima, Ruth, Raquel, Nice, Lavínia, Rafaela, Júlia. Todas tan diferentes a Glória y todas ella misma.

Escribiré un personaje para ella.