Saudade de Domingo #54: Otra alternativa

Ecuador tiene fractura múltiple. Por un lado, hay quienes están por la continuidad del oficialismo, otros a favor de un cambio por la Derecha y un sector (más pequeño) que no se siente representado en ninguna de las dos posturas anteriores. Este tercer grupo es más difuso, dubitativo y por múltiples razones decidieron anular su voto o dejarlo en blanco.

En cualquier caso, está claro que dentro de un territorio pequeño como el del Ecuador, queremos quizás lo mismo (el bienestar, igualdad, etc. ) pero por vías diferentes, aceptando los pros y contras de cada propuesta ideológica. Prueba de ello fueron las elecciones del domingo pasado. Más allá de que exista o no fraude electoral, está claro que dos grandes porciones de la población se debaten entre la continuidad y el cambio. No hubo una victoria arrolladora para ningún partido y sí una gran división, maltrato, protestas en las calles, en redes sociales y de parte del mismo gobierno (cosa que no es de asombrarse).

El panorama  mundial es un poco (bastante) desalentador. Estados Unidos con Trump, Venezuela enardecida por Maduro, México y su narcopolítica, Paraguay en una crisis política sin resolver, Siria despedazada por el gobierno oxidado de la familia Al Asad, ISIS y Estados Unidos; Argentina dividida entre el pasado kirchnerismo y el actual macrismo que no termina de entenderse; Francia, de cara a las elecciones y con una altísima intención de voto para la candidata de derecha Marine Le Pen, mientras que en Guayana Francesa, la gente protesta ante la inseguridad y hace un llamado urgente a Francia en busca de ayuda. Son tiempos convulsionados y más que nunca, todos esos conflictos aparentemente lejanos tienen cierta repercusión en nosotros. A nivel mental, emocional estamos cansados de tanta impunidad, de atentados, de genocidios en nombre de una bandera en el mundo entero. Y es que parece que como humanidad no hemos aprendido nada porque insistimos en la dominación por la fuerza, en la sed de poder que termina destruyendo cualquier buen ideal.

La Historia demuestra que ni la Derecha ni la Izquierda han solucionado nada en su totalidad. El ego se disfraza con una ideología, cambia nombres, enaltece otros valores pero al final del día el odio hacia el sector opositor es igual, destruir aquello diferente porque me puede tumbar, porque me da miedo. Hace mucho tiempo dejamos de escuchar(nos) y solo escuchamos nuestro propio casete y con ese mismo casete, sin filtrar, inundamos las redes sociales de mensajes que promueven odio. ¿No se supone que tanto Derecha como Izquierda buscan el bienestar social (cada una a su manera)?

Así las cartas están echadas y trato de preguntarme como ciudadano común, que paga sus impuestos y trabaja como cualquier otro ecuatoriano: ¿Existirá alguna otra alternativa que no sea la Derecha o la Izquierda? Porque la verdad esos antagonismos, esas polaridades me molestan muchísimo. Si consumo ciertas cosas, eso ya me haría de determinado bando. ¿Por qué ponernos etiquetas? ¿Por qué prohibirnos de expresarnos para después no ser señalados bajo una etiqueta? Los nuevos grupos que han llegado al poder en los diferentes países prometiendo un cambio, terminan al final reproduciendo odio, sembrando discordias de la misma forma que los grupos anteriores a ellos. Entonces, ¿de qué hablamos?

Creo que debería existir otra alternativa, alguna que sea abarcadora, que no se agote en discursos lindos que se leen bien como literatura pero que en el lado práctico no solucionan nada. Y lo digo yo que no me considero de ninguna bandera política y por ello no me siento representado por nadie. Sueño con un mundo en que sin importar en quien creas, cómo luzcas o con quién te acuestes, todos trabajemos juntos para tener esa sociedad más equitativa de la que tanto hablamos, colocando a la filosofía, a las humanidades con el mismo peso que tienen las ciencias exactas. Quizás si supiéramos más de política, de historia, de filosofía, elegiríamos mejor y no comeríamos carreta fácil. Pero eso obligaría a tener políticos más preparados y no, no los hay.

Ante este panorama nacional de protestas, leo estados de Facebook de conocidos que piden calma, que cada uno vuelva a su trabajo, que trabajen desde la micropolítica, laborando honestamente, respetando las normas de convivencia, sin joder a nadie, cuidando el medio ambiente, estudiando, etc. Pero tenemos que ser honestos, la macropolítica también nos jode y mucho, como bien dicen Guattari y Rolnik cuando señalan que ambos aspectos se nutren el uno del otro y que si uno de los dos prevaleciera, cualquier causa o lucha quedaría coja. Porque puedes hacer muy bien tu trabajo pero si a tu empresa le ponen trabas de impuestos y más burocracia, va a afectar, quieras o no, en tu micropolítica. Si quieres que tus hijos estudien pero la educación secundaria es paupérrima por la limitación de los programas de un ministerio, va a afectar en tu micropolítica. Si los precios suben sin control y resulta cada vez más caro hacer tu compra de supermercado semanal o mensual, eso va a afectar a tu micropolítica y también a tu cabeza, porque mentalmente toca vivir preocupado si llegarás con las cuentas al siguiente mes. Así que lo de la micropolítica es genial, me encanta, me pongo la camiseta con eso, pero no podemos eludir que la política a nivel de gobierno nos afecta y por tanto tal o cual candidato debe ser elegido con transparencia y sobre todo haciendo un voto consciente. No pensando únicamente en mi beneficio inmediato, que ha sido el mayor cáncer de nuestros países. Siempre pensamos en nuestro propio beneficio aun cuando sepamos que el de al lado se jode a base de nuestra felicidad.

Pensando en todo esto los últimos días, me encuentro con algo lindo en el muro de Facebook de una amiga. El mensaje del filósofo Bertrand Russell hablándole a las futuras generaciones, a las que les pide amar sin distinción, tolerando a quien piensa diferente, trabajando con él. De lo sencillo que resulta, es difícil de lograr. Pero habría que intentarlo, buscando esa otra alternativa que supere cualquier brecha política. Una utopía, quizás.

Saudade de Domingo #9: Hacer política desde abajo

Hoy se define en Argentina quién será el nuevo mandatario. Luego de varias semanas cargadas de la propaganda de ambos candidatos y de los apasionamientos excesivos que provoca la política, siento que al menos con la definición de quién gane, llevará a una calma en los ánimos especialmente por redes sociales. La política se inserta en todos, aun en quienes dicen ser apolíticos. Considero correcto tomar una postura y ser consecuentes a ella. Admiro a los amigos que tienen una posición ideológica y hacen de ella su acción en todos los ámbitos de su vida. En las últimas semanas, por el balotaje en Argentina y los atentados en París especialmente, se ha producido un resurgimiento del sentir político, que por un lado me parece positivo, pues ha obligado a que la gente lea, se informe y adopte una postura, pero por otro lado ha generado agitadores sin ningún objetivo más que ponerse en contra porque sí, como ya lo hablé en mi artículo de la semana pasada.

Más allá de los comentarios cargados de odio o de amor que generan las tendencias políticas, en las redes se percibe fastidio, desazón y sobre todo mucho miedo. Detrás de todos esos comentarios, los retuits, los artículos que se comparten hay miedo, miedo del otro, miedo del que piensa diferente y amenaza mis principios, aquel que como espejo me muestra que hay otras formas posibles de vida y desestabiliza mis creencias. Como bien dice Maturana, disfrazamos nuestros discursos emocionales con discursos lógicos (números, estadísticas, citas irrefutables), para que de esa manera tenga más valor para nosotros mismos pero sobre todo para convencer a otro. Para que algún “tibio” pueda aceptar nuestra verdad y adoptarla también como suya. ¡Cuánto bien le hace al ego, saber que otro(s) piensa(n) como nosotros!

En momentos de tensión mundial y en las coyunturas propias de nuestros países, es necesario dejar de poner toda la responsabilidad -y las culpas- en manos del jefe de estado, del alcalde, del intendente, del ministro. Ya Guattari observaba este fenómeno y señalaba que los sistemas de culpabilización funcionaban como factor de inhibición de todo aquello que escapaba de las redundancias dominantes. Como solución a eso, el francés proponía estar alerta a todas las formas posibles de culpabilización, pues en esas dinámicas lo único que se consigue es bloquear soluciones, generar separatismos y sobre todo creer que ninguno desde su individualidad es responsable de algo. Otra trampa del ego, para colocar todos los males en el otro corrupto, dañino y peligroso.

Los mecanismos de corrupción y represión no han sido formas exclusivas ni de los grupos de poder relacionados con la burguesía ni con los de izquierda, por tanto no creo que tal o cual línea política vaya a solucionarme la vida, porque eso también sería considerarme un ente desprotegido que necesita de un padre que me diga qué hacer, dónde vivir, qué consumir y qué creer. Creo en las elecciones, en el voto popular, en escoger un representante que se preocupe por la economía, por la salud, la educación, pero no espero tampoco que este representante haga todo por mí y que resuelva además mis problemas cotidianos. Por ello me parece importante tomar las riendas políticas de nuestras acciones en nuestros propios círculos. Mirarnos en el trato con el otro, con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo. Estar atento en las formas en que nos relacionamos con cada uno de ellos y hacer política desde esos lugares, haciendo micropolítica, dándonos cuenta de cómo operan -y pesan- en nosotros los códigos de nuestra propia sociedad y cómo podemos revertirlos. Es un trabajo de constante observación, de una mirada hacia adentro. ¿Saludo a todos los que me rodean o elijo a unos cuántos para dar un buenos días? ¿Soy honesto con los trabajos que realizo? ¿Soy consecuente con lo que predico y hago en mi día a día? ¿Espero tener algún tipo de privilegio por tener cierta posición laboral?

Desde la micropolítica, cada uno es responsable de su accionar y esa toma de conciencia desde lo molecular es importante en palabras de Deleuze y Guattari, pues refuerza y consolida la democracia en una sociedad. No se puede esperar que el mandatario sea honesto, cuando en el día a día reina la corrupción y cada uno lucha por conseguir sus objetivos con el mínimo esfuerzo, llevándose por delante a todo el que se interponga. Pensar que la ley sólo es buena cuando me conviene y es mala cuando me pone en tela de juicio, es vivir desde la separación, negando a un otro que tiene derecho como yo a la igualdad de condiciones. Hacer micropolítica es también hacer resistencia ante nosotros mismos desde lo cotidiano cuando observamos pequeños actos de corrupción que consideramos nimios e inocuos. Si quiero cooperar con ese líder que elegí, no debo necesariamente militar en un partido, pero sí puedo extender la mano al otro cuando lo necesita, siendo honesto en mis relaciones laborales, familiares, sentimentales. De esa forma, el líder también puede hacer su trabajo desde las grandes estructuras. Antes de colocarnos banderas políticas en lo macro, tendríamos que mirarnos qué tan genuinos somos desde las contiendas de lo cotidiano, desde la micropolítica, aun cuando esa observación pueda resultar en principio dolorosa.