Ella en la foto

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Hace unos días, en mi timeline de Instagram, me apareció esta foto de Glória Pires, una de mis actrices favoritas de Brasil. Aunque no tiene nada de especial, me capturó la mirada profunda con la que se clava en el objetivo de la cámara. Glória Pires no representa el prototipo de “mujer linda”, pero tiene una fuerza uterina que se apodera de todos los personajes que interpreta. Es de esas actrices brasileñas que recuerdo haber visto desde mis primeros años de vida. Su pelo negro abundante enmarcando ese rostro mestizo de cejas pobladas siempre me llamaron la atención. Ya más grande, en los primeros años del Internet pude escuchar su voz original (no la doblada de las novelas) y me fasciné con su voz grave, profunda, puissant que se pierde en el doblaje. Lo siento, actriz dobladora de Glória Pires pero la prefiero a ella, la original, ok?.

En esta foto nada especial, una más del álbum de Instagram de Glória Pires, me pregunto por María de Fátima, Ruth, Raquel, Nice, Lavínia, Rafaela, Júlia. Todas tan diferentes a Glória y todas ella misma.

Escribiré un personaje para ella.

Saudade de Domingo #40: Fotos de rodaje

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Al Pacino y Francis Ford Coppola en el rodaje de The Godfather (1962)

Hace unos días, luego de volver a ver The Godfather (1972) quedé tan sumergido en la historia que necesité buscar fotos del rodaje como para seguir en ese universo o más bien para encontrar una transición hacia la vida real. Desde que empecé a estudiar Audiovisual allá por el 2004, las fotos de los rodajes han tenido para mí un extraño poder de seducción. Además de que en ellas pueden quedar en evidencia ciertos trucos que en la pantalla aparecen como reales, también en esas fotografías quedan plasmados recuerdos, la energía enfocada en construir un plano, en llevar a cabo una escena dramáticamente complicada. Esas fotos están vivas, son chispeantes, abrumadoras y para mí dicen mucho más que las fotos oficiales de promoción de las películas.

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Sofia Coppola, Andy García y Diane Keaton durante el rodaje de The Godfather III (1990)

Así que viendo las fotos de las tres entregas de The Godfather, además de la emoción, me invadió una extraña saudade por algo no vivido. Era como si las fotografías pudieran transmitir la emoción, la tensión, la presión de esos momentos y al mirarlas con la distancia del tiempo me comencé a preguntar por los destinos de los actores, del director, de los técnicos y de esos sets donde se grabaron las películas. El cine tiene esa cosa hermosa de unir a la gente (y de separarla también, claro). Una película reúne a un elenco que difícilmente vuelva a trabajar otra vez y ese hogar temporal que resulta ser el set de grabación concentra los egos artísticos mezclados con los conflictos de los personajes que cada uno interpreta, las rencillas de las diferentes áreas de producción por querer destacarse más. Congelar todo eso en fotografías es para mí algo necesario además de maravilloso.

Dentro de las fotografías de rodaje, me gustan más donde el director está presente con los actores. Me gusta ver ese tránsito en el que los actores están caracterizados como personajes pero su actitud y comportamiento son aun de ellos como actores. Es como ver a un Marlon Brando luchando con un Vito Corleone mientras se espera la grabación de la escena con Francis Ford Coppola, o a una Nicole Kidman dejando que Virginia Woolf entre en ella mientras Stephen Daldry le marca pautas para la escena. En esas transiciones, en esas fronteras casi desdibujadas de realidad y ficción es donde se concentra la vida de las películas.

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Nicole Kidman y Stephen Daldry en el rodaje de The Hours (2002)

Ya con la nostalgia de las pelis de The Godfather, me puse a buscar fotos de rodaje de algunas de mis películas favoritas. En mí aparece en esos momentos un recóndito deseo de cruzar el tiempo y meterme en esa foto, escuchar lo que hablaban, mirar el plató, ver las retomas, los ajustes de plano. En un rodaje se trabaja para la eternidad. Se arma todo para un fotograma que no morirá nunca aun cuando sus intérpretes y todos los presentes físicamente fallezcan. Las fotos de rodaje tienen ese poder mágico de congelar el proceso.

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¡Terminado el desafío de los 21 días!

Hace una semana terminé el desafío de 21 de postear en Instagram una foto mía con un texto original inspirado en cada imagen. Como lo había dicho por acá, se trataba de una especie de prueba o de intento por adquirir un hábito. Ahora que ha pasado una semana del fin de los 21 días, aun siento embrionario poder hablar de haber adquirido un hábito, pero definitivamente fue un lindo proceso dedicarle un tiempo diario a la elección de cada foto y escribir un texto a partir de eso.

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Foto del día #16

Me dejé sorprender por los personajes y las situaciones que iban surgiendo. Dentro de esa mecánica en la que había una mezcla de alquimia, alegría, incertidumbre y dependiendo del día, falta de ánimo, empecé a sentir más o menos por el día 12 -no lo recuerdo con precisión-, que había personajes que volvían a aparecer. Se disfrazaban en otras situaciones, bajo diferentes atmósferas pero al final del texto ahí estaban como si quisieran decirme algo. Suelo dejarme afectar -en un buen sentido- por esas causalidades (sí, causalidades, no escribí mal) y decidí jugar conscientemente con esos personajes, que se fueron uniendo y saltaban de una foto a otra. Al final del desafío, en la foto 21, teniendo como imagen el bello prado santafesino capturado durante un viaje en bus que hice a Rosario en el 2011, dos personajes importantes se encargan de cerrar la historia. Una historia que surgió espontánea, sin sinopsis ni escaleta previa. Se fue haciendo con cada foto, que ya parecía condenada a quedarse aletargada en una carpeta imposible del disco duro. Con este desafío de 21 días, esas fotos resucitaron y en los recovecos de los pixeles, se desplegaron personajes variados.

Que venga pronto un nuevo desafío de 21 días.

Saudade de Domingo #28: Desafío de 21 días

Estoy de vuelta. El último artículo de Saudade de Domingo fue hace poco más de dos meses, el domingo 4 de abril. Algunas cosas importantes han pasado en este tiempo pero las iré contando en otros posts o por otras vías. Ahora tengo 30, que los recibí con mucho cariño tanto en Guayaquil como en Buenos Aires. Aquello que algunos llaman la crisis de los 30 no me ha agarrado de golpe, pues aunque suene raro siempre quise tener 30 (desde lo 20). Me parecía una edad de madurez y juventud, con un recorrido profesional en ascenso y con muchas expectativas en una de las décadas más productivas de la vida de un ser humano. Obviamente aparece ahora con más fuerza una vocecita interna que te recuerda que tienes 30 y que hay cosas que no pueden quedar para mañana. Y esa vocecita es estimulante pero también cansina. Toca recordarse que tener 30 es una edad para recomenzar muchas cosas, iniciar objetivos sin temores porque quiérase o no, con el paso de los 20, se emprenden mejores desafíos llegados los 30.

Así que pensando en desafíos me he propuesto uno nuevo. Sencillo pero que va a requerir de mí un compromiso. Me suelo comprometer al 100% en mi trabajo, en proyectos grupales pero cuando toca pensar en proyectos personales toda excusa es válida. Así que me obligaré a algo sencillo que pretende modificar en algo mis hábitos. Utilizando la «técnica» de los 21 días (que se dice que es el tiempo que le toma al cerebro adquirir un nuevo hábito), me propongo desde hoy subir una foto con un texto narrativo, poético, ficcional, a partir de lo que me inspire esa imagen. Todas las imágenes durante los 21 días se subirán en mi cuenta de Instagram (@Saudade86). Algunas serán tomadas específicamente par este proyecto, otras serán fotografías viejas que tomé en algún momento. Así que quien quiera ver mis delirios de fotos y textos, puede encontrarme por allá.

21-diasDesde hace algún tiempo deseaba emprender un desafío de 21 días completo. El único que logré cumplir a carta cabal fue el tratamiento completo de Magnified Healing, una técnica sanación espiritual que aprendí en Buenos Aires y que necesitaba realizar durante 21 días seguidos luego de la iniciación. Según los entendidos en biología y PNL, son 21 días y no más y no menos, por el hecho de que las células se regeneran en ese número de días y las nuevas que nacen por así decirlo, toman como natural esa práctica o hábito que antes no estaba cultivado.

Así que veré qué sucede durante estos 21 días. Paralelamente sigo escribiendo la novela que llevo desde el año pasado, así que espero el reto de los 21 días con las fotos, funcione como una especie de catalizador.

Repensando el formato

El final de año me ha agarrado replanteándome ciertas cosas. He realizado un proyecto sobre la importancia de la memoria, entendiendo ésta como parte esencial para la construcción del hombre en tiempo y espacio. El proyecto está enfocado básicamente para teatro pero durante el proceso, me obligué a rememorar mi pasado, desde mi infancia hasta ahora. No fue tan caótico como me lo imaginaba, pero me hizo caer en la cuenta de que siempre fui un apasionado por el registro, por congelar momentos ‘memorables’ pensando en un futuro que luego me permitiría evocar ese presente como pasado (Mezcla de tres tiempos). Mucha carga para un niño de escuela. Obvio que en ese momento no era consciente pero había algo que me impulsaba a registrar con cámara, grabando en el Betamax, luego en el VHS, después en DVD, luego con la videograbadora, el Blackberry y demás. Los formatos han ido mutando pero la obsesión es la misma: La preservación de la memoria.
Es un tema que me apasiona y que al investigarlo académicamente, me he topado con grandes pensadores que estudian este tema. Alrededor del mundo hay innumerables proyectos para salvar la memoria ya sea en forma de tradiciones orales, audiovisual, heráldica, entre otras. Creo que en el campo del arte también lo intento cuando ‘reciclo’ historias y personajes.

Días atrás me topé con una fotografía que llamó mi atención. Un pequeño texto escrito en máquina de escribir. Me agradó tanto su contenido como la tipografía que daba forma a ese texto. Hubo algo particular en ese momento que me hizo volver mi mirada a la herramienta (la máquina de escribir). En alguna etapa de mi vida, entre los 14 y 15 años, por libre voluntad decidí no escribir en computadora y sí en máquina de escribir. Llegué a escribir cuentos enteros ahí. La verdad hay una sensación tan placentera en el hundir las toscas teclas y el sonido vibrante que produce al golpear el papel, que quiero volver a ‘rememorar’ ese deleite. No echaré a un lado la compu. Ese teclado también tiene su placer. Pero sí quiero ver qué me produce entrar en contacto nuevamente con la máquina de escribir. Antes que nada debo buscarla primero y ver si la tinta aun está buena. Espero que sí.

Foto: Sabine Menedotti Costa

Las Fotos Duelen

Escuchaba Sigur Rós mientras te miraba en mis fotografías. Tu rostro se me antojó más frágil, menos rígido y vi en tus ojos un extraño brillo, una lejanía que anticipaba lo que sucedería. No estás más y aun no sé si vuelva a verte… A momentos olvido tu voz y en mi mente tu imagen se va haciendo cada vez más difusa… Al ver tus fotos otra vez te he mirado diferente… con extrañeza, como si no te hubiera visto nunca… Te sentí más lejos y me has incomodado. Preferí cerrar las fotos y evocarte en mis recuerdos empañados… Aunque te vaya perdiendo, me duele más verte en fotografías.
Puede que en alguna hora impensada ya no tenga una imagen en mí para recordarte. Entonces será cuando deba escribirte, aunque sea para tenerte entre metáforas, aun cuando sepa que nunca responderás a mis letras.