Saudade de Domingo #28: Desafío de 21 días

Estoy de vuelta. El último artículo de Saudade de Domingo fue hace poco más de dos meses, el domingo 4 de abril. Algunas cosas importantes han pasado en este tiempo pero las iré contando en otros posts o por otras vías. Ahora tengo 30, que los recibí con mucho cariño tanto en Guayaquil como en Buenos Aires. Aquello que algunos llaman la crisis de los 30 no me ha agarrado de golpe, pues aunque suene raro siempre quise tener 30 (desde lo 20). Me parecía una edad de madurez y juventud, con un recorrido profesional en ascenso y con muchas expectativas en una de las décadas más productivas de la vida de un ser humano. Obviamente aparece ahora con más fuerza una vocecita interna que te recuerda que tienes 30 y que hay cosas que no pueden quedar para mañana. Y esa vocecita es estimulante pero también cansina. Toca recordarse que tener 30 es una edad para recomenzar muchas cosas, iniciar objetivos sin temores porque quiérase o no, con el paso de los 20, se emprenden mejores desafíos llegados los 30.

Así que pensando en desafíos me he propuesto uno nuevo. Sencillo pero que va a requerir de mí un compromiso. Me suelo comprometer al 100% en mi trabajo, en proyectos grupales pero cuando toca pensar en proyectos personales toda excusa es válida. Así que me obligaré a algo sencillo que pretende modificar en algo mis hábitos. Utilizando la «técnica» de los 21 días (que se dice que es el tiempo que le toma al cerebro adquirir un nuevo hábito), me propongo desde hoy subir una foto con un texto narrativo, poético, ficcional, a partir de lo que me inspire esa imagen. Todas las imágenes durante los 21 días se subirán en mi cuenta de Instagram (@Saudade86). Algunas serán tomadas específicamente par este proyecto, otras serán fotografías viejas que tomé en algún momento. Así que quien quiera ver mis delirios de fotos y textos, puede encontrarme por allá.

21-diasDesde hace algún tiempo deseaba emprender un desafío de 21 días completo. El único que logré cumplir a carta cabal fue el tratamiento completo de Magnified Healing, una técnica sanación espiritual que aprendí en Buenos Aires y que necesitaba realizar durante 21 días seguidos luego de la iniciación. Según los entendidos en biología y PNL, son 21 días y no más y no menos, por el hecho de que las células se regeneran en ese número de días y las nuevas que nacen por así decirlo, toman como natural esa práctica o hábito que antes no estaba cultivado.

Así que veré qué sucede durante estos 21 días. Paralelamente sigo escribiendo la novela que llevo desde el año pasado, así que espero el reto de los 21 días con las fotos, funcione como una especie de catalizador.

Saudade de Domingo #4: Buenos Aires, te amo

Una primavera dormida, subyugada por un invierno moribundo. Así me recibe Buenos Aires con mínimas entre 12 y 14 grados, con máximas de 20 y 22. Pasaron apenas dos meses desde la última vez que estuve y siento más frío ahora que en agosto. No la paso mal porque amo sentir frío, algo de lo que mis colegas pueden dar fe cuando en la oficina pongo el aire acondicionado a 17 grados. Sangre caliente, temperatura alta, falla fisiológica, error del sistema, no lo sé. El asunto es que Buenos Aires me recibe con frío. No es una venida cualquiera. Regreso para participar del acto de colación (acá le dicen así a la ceremonia de graduación) de mi maestría en Comunicación Audiovisual, que comencé en el 2012.

Captura de pantalla 2015-10-18 a la(s) 13.01.50Si bien en agosto estuve acá por motivo de un viaje académico, este regreso tiene otro sabor. Es como una especie de fin de ciclo y con ello, han surgido emociones encontradas, recuerdos inesperados que me han asaltado en una calle, en un café, en alguna charla. Se trata de un regreso a una ciudad que es para mí, mi segundo hogar. Mirando atrás me encuentro pegado al GPS del celular, consultando mapas, tomando colectivos con desconfianza y aprendiendo nombres de calles y lugares que me sonaban agrios. Ahora cada una de esas calles y lugares guarda un recuerdo especial, de esos que arrancan una sonrisa ligera. Buenos Aires pasó de ser la ciudad de mis estudios a la ciudad de mis afectos.

No todo fue fácil tampoco, ni todos los recuerdos fueron agradables. Sentí en carne propia el agobio que produce toda ciudad grande, la sensación del anonimato y los vaivenes propios de una economía latinoamericana. Así como en cualquier relación, no se puede separar lo lindo de lo triste. Buenos Aires es para mí alegría, euforia, amor, pero también es melancolía, carencia  y aspereza.

La última gran capital de Sudamérica me modificó, yo entré en ella y ella entró enCaptura de pantalla 2015-10-18 a la(s) 13.02.50 mí. Nos fusionamos en un raro abrazo de tres años, nos apretujamos los huesos, lloramos, sudamos, nos escupimos a la cara también para luego volver a un cálido abrazo de verano. Me acurruqué en sus vericuetos de Retiro y Recoleta, descansé en sus bosques palermitanos, caminé enojado maldiciendo en Chacarita, pasé horas leyendo sobre ella en los colectivos y subtes. Nuestra relación siempre fue de pasiones extremas, nunca de medias tintas.

Volver a ella es reencontrarme, saberme vulnerable, extranjero nuevamente pero de alguna manera, un poco parte de esta ciudad. Me siento en casa, rodeado de amigos, con ganas locas de quedarme otra vez y vivir todo de nuevo. Este regreso me ha sorprendido meditativo, enajenado a momentos. Buenos Aires tiene ese raro encanto de nunca dejarte indiferente y creo que es eso justamente lo que nos ata. Seguimos aprendiendo de los silencios, de los caminos, del clima enrarecido y yo no puedo hacer más que regresar, tocarla de nuevo y seguirme preguntando quién soy junto a ella.