Sábado de Primavera

Veo la ciudad hermosa, dueña de un sol brillante, la gente feliz, los colores vivos inundan este lienzo en las márgenes del Río de la Plata. Los bosques de Palermo se han teñido de Renoir, sin embargo yo me ahogo en mis letanías, me siento un vampiro expuesto a la luz.
No me contagio de alegría, mi cabeza no me da tregua, quisiera descansar, pareciera que voy a explotar. Un géiser pasivo circula por mis neuronas… 
Disfruto en el dolor de lo que la vida me quitó…

El Sol es mi enemigo

Desde hace varias horas me encuentro tenso, preocupado, invadido de dudas y temores que puedo reconocer inmediatamente. Son ciclos que van repitiéndose, situaciones que ya viví, que ya sufrí, que conozco y que regresan a mi presente sin llamarlas… Me siento culpable porque me siento un poco responsable por lo que sucede conmigo pero no puedo evitarlo. Aun no encontré otra forma de vivir… o de no vivir…
Esta mañana una amiga me ha mirado y me ha dicho que mi aureola (¿?) estaba triste… No tuve el valor de negarlo y esbozar una sonrisa como en otras ocasiones. Me agarró desprevenido y el reconocer mi tristeza me hizo pensar en mi verdadero estado de ánimo: Hasta ayer pensaba que estaba enojado, con rabia, con impotencia, pero no, realmente es tristeza… Una nostalgia narcotizada… De cielos grises y brisa fría…
En estos días me he mirado en el espejo intentando ver más allá de mi rostro quemado por el sol… No logro encontrar un mensaje en mis ojos… Es como si todos mis escombros emocionales se redujeran a mi rostro enrojecido… En momentos así maldigo al sol, maldigo la luz, maldigo el calor, por dejarme sin brillo, por dejarme huellas… Prefiero la luna… Callada, fría, paciente que cada noche me permite observarla diferente… Definitivamente el sol y yo no somos compatibles… El sol es mi enemigo…