Saudade de Domingo #60: Ahora en Facebook

Hace ya algún tiempo venía pensando si abrir o no otra ventana de mi casa Saudade. Me parecía interesante, como otro lugar para estar, pero como muchas veces, me invadía la pereza y así se fue posponiendo la idea hasta que por algún alineamiento de astros esta semana me dije que tenía que hacerlo. Y ese «tener que hacerlo» surgió como un fastidio, como una especie de dolor o picazón del que debía desprenderme generando una «sucursal» de mi blog.

En este nuevo paso conté con la ayuda de mi amiga mosquetera Diana Pacheco «Pachukis», quien diseñó el logo de Escribir con Saudade. Como siempre se tomó la misión en serio, leyó mi blog y a partir de ahí generó varias propuestas. De esas, quedó la que actualmente luce en la fan page y ya estamos pensando en otras ideas para lo sucesivo.

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Diseño: Diana Pacheco «Pachukis»

Hoy domingo 11 de junio nace la sucursal Escribir con Saudade en Facebook y esto me ha hecho pensar en los inicios de blog, allá por el 2004 cuando estaba en primer año de universidad y el postear en blogs era realmente una moda. En aquel entonces estaba en Blogger y si bien se llamaba Escribir con Saudade el nombre de la dirección era en portugués: minhasaudade. No recuerdo los primeros escritos pero eran más nostálgicos  que ahora. Del blog salieron esbozos de varios cortometrajes que hice, escribí a modo de diario mis primeros «triunfos», los primeros fracasos, el proceso de titulación de licenciado, los primeros trabajos, los primeros amores, la migración a Argentina, la titulación de master, la vuelta a Ecuador, mis viajes. Me gusta mirar/leer mi blog como un pequeño cofre sin el desgaste físico pero sí con la callosidad literaria del paso del tiempo, identificando los diferentes yoes que me han habitado estos años.

Además de ser mi cofre memorioso, Escribir con Saudade es mi casa de experimentación. Aquello que no termina en guion, cuento o novela viene a parar acá o de acá parte para otra cosa. Con el tiempo he aprendido también a maltratarme menos, a criticarme menos y dejar que los textos simplemente sean. Sigo aprendiendo que los errores y los abordajes narrativos son laberínticos. Que hay que explorar, equivocarse, no tomarse tanto en serio como escritor y dejar que sea la conjunción de tiempo, espacio y voluntad, el que haga el trabajo pertinente. En ese sentido me permito ser un especie de catalizador de «algo» y que vayan apareciendo inquietudes, pulsiones que lleven a alguna clase de texto.

Así que ahora ya está la Fan Page, con el principal objetivo de compartir mis reflexiones, mis escritos. Siempre he sido muy reservado con mi escritura pero con la llegada de los 30 he entendido que el mundo es abundante y que cada uno de nosotros, desde lo que tiene, puede y debe colaborar con esa abundancia.

Ya no hay ninguna molestia física. La Fan Page está creada.

 

 

 

Saudade de Domingo #48: Atesorar

Siempre he sido un obsesivo por la memoria, por congelar el recuerdo, por registrarlo todo. Cada tanto me gusta pasar revista a todos los recuerdos acumulados en diferentes formatos: fotos, vídeos, cartas, diario, tarjetas, etc. No lo hago todo el tiempo pero me hace feliz saber que determinado recuerdo está inventariado en alguna plataforma. El problema surge cuando algo se pierde o se borra.

Esta semana viví un hecho que me desestabilizó mucho pero que pocos supieron. El martes a la mañana mi compu no prendió más, intenté revivirla de todas las formas posibles, busqué tutoriales en el celular a ver qué podía hacer para sacar del coma a mi laptop. Pero nada fue posible. Más allá de la molestia de que no prendiera, se me cruzó por la mente un craso error que había cometido: no había respaldado en varios meses toda la info de la compu. Pensé enseguida en lo que más me importaba de los más de 200 GB ocupados. Mis poemas escritos en Nueva York y la sinopsis larga de la película en la que estoy trabajando.

¿Cómo era posible que si eran trabajos tan importantes para mí, no se me hubiera ocurrido respaldarlos en el Drive, en un disco externo o por último en el mail? Me recriminé durante horas. Era como haber retrocedido un año atrás de trabajo. Era la primera vez que una compu se me dañaba pero no era la primera vez que perdía información valiosa. Un año atrás un disco duro dejó de funcionar de la nada y no se pudo rescatar nada de la info que estaba ahí. No me dolió tanto porque más que todo eran películas que luego pude volver a bajar, pero la sensación de pérdida no me era desconocida. Dos años atrás, en Buenos Aires, otro disco que tenía empezó a dar problemas, lo llevé a varios centros de reparación pero no pudieron hacer nada por salvarlo. ¿El contenido? Un cortometraje que había grabado unos meses antes. Todo el material en bruto, el primer corte al olvido entre los sectores dañados del disco externo. Por suerte esa vez había dejado un respaldo en mi compu en Guayaquil, así que mi hermana pudo mandarme por Dropbox todo el material. Más atrás todavía, cuando tenía como unos 13 o 14 años, un técnico que había venido a casa a actualizar el sistema operativo de la compu, había formateado sin consultarme el disco duro y perdí algunos cuentos. Me tocó escribirlos desde cero.

Así que el martes por la tarde mientras iba con mi papá a la tienda donde había comprado la compu para aplicar la garantía del equipo, me preguntaba -o recriminaba- por qué no había hecho el respaldo de la información. Y no fue por falta de alertas: A una amiga mía le robaron sus dos compus hace unas semanas atrás y no había respaldado nada en la nube, por lo que perdió todo. Yo pensé para mí «hace mucho que no respaldo nada en el Drive». Seguí con mis ocupaciones en el seminario en Nueva York. Al final del mismo, María Negroni nos pidió que le enviáramos todos los poemas escritos. Hubiera podido hacerlo ese mismo día pero pensé que quería tomarme unos días para releerlos y corregirlos. Ya de regreso a Ecuador, una amiga del seminario me pidió leernos los poemas de ambos y darnos feedback mutuamente. Le respondí que me gustaba la idea y quedé enviárselos ese mismo fin de semana. Como estaba por empezar a dar clases nuevamente, tuve que armar una materia de cero y no tuve tiempo de trabajar un poco en los poemas. Todas esas alertas se pasaron por mi cabeza mientras iba a la tienda y estaba tomado por una impotencia tremenda. Dejamos la compu ahí. Esa noche pasé mal pensando en mis archivos.

Al día siguiente llamé y el daño parecía grave por lo que mandaron a pedir una nueva pieza que debía llegar en unos días más. Pregunté por mi información, por el disco y me dijeron «no nos hacemos cargo de eso, era su responsabilidad respaldar todo». Yo ya sabía eso y no necesitaba como cliente el facilismo del técnico. Me dio mucha rabia el quemeimportismo del fulano. Me exalté. Así con todo, tuve que dar clases, haciendo gala de mis dotes de actor y fingir que todo estaba bien. Hice bromas como suelo hacer en clases y creo que fingí tan bien que hasta casi me creo que no me pasaba nada.

Esa misma tarde del miércoles, me entregaron el disco y en vista de que es tan «modernísimo» (un chip ultradelgado) no encontré quién pudiera extraer la información así que recurrí el jueves a los servicios de Ondú, que se portaron genial. Un día después tenía toda la información del disco rescatada y mis poemas volvieron a ver la luz, los personajes de la película reaparecieron e inmediatamente comencé a respaldar todo en el Drive.

Más allá de la anécdota tenebrosa que todo esto me provocó pensé nuevamente en mi afán extremo de atesorar recuerdos. ¿Sirve de algo? Es decir creo que sirve pero siempre que se comparta, cuando haya un otro que observe también. Mirar en solitario es aburrido y egoísta. Lo sé. Es algo en lo que quiero/debo trabajar. Siempre por un afán perfeccionista, de siempre pensar que mis proyectos pueden ser mejores y que hasta tanto es mejor que no vean la luz, creo que los proyectos acaban suicidándose. Pensarán: «si no hay alguien más que nos mire, mejor nos matamos. Basta de oscuridad». Algo así debió haber dicho ese corto que casi perdí pero que pude recuperar para que siguiera en otro disco duro…

Atesorar sólo debe servir si es para compartirlo, así gane críticas o elogios. Son la misma cara de una moneda. Esta bitácora cumple un poco esa misma función: congelar, retratar sensaciones mías en determinado momento y compartirlas en la web, así no sea el mejor escritor del mundo. Y con esa misma lógica debería operar con los proyectos que hago. Decir/escribir todo esto, es una forma de catarsis para recordarme que las cosas que suceden a mi alrededor son señales a las que debo prestar más atención. Nada sucede así porque sí y esta semana terrorífica en la que casi pierdo documentos valiosos para mí, me ha hecho dar cuenta de lo responsable que soy por las cosas que creo, en las que invierto tiempo. Así que además de respaldar todo en el Drive, ya envié mis poemas a María, se los envié a mi compañera del seminario y la sinopsis larga de la película se la envié a dos personas que aprecio mucho para que me den feedback. Creo estar retomando bien las cosas por el momento.

Debo seguir recordándome: comparte lo que haces, atesora y comparte.

Desde esta ventana

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Facultad de Derecho, UCA. Octubre-Diciembre, 2014. En una de las amplias salas del último edificio de la universidad, contemplaba Puerto Madero mientras escribía los guiones de la serie de TV con la que me gradué de Magíster en Comunicación Audiovisual.

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Horas Vagas

Apareciste. No te busqué pero estabas ahí y de pronto te dibujaste indispensable cada noche. Explicaciones, ninguna. Era preciso sentir, aun cuando hubiera delante una pantalla fría asexuada, pero que nos permitía conocernos, un poco más.

Me llenaste de ansiedad, agriaste mis horas. No apareciste más y el único extraño vínculo de dependencia fueron tus indescifrables estados de Facebook. Las relaciones no se piensan y se pierden en vericuetos extraños, como en el teatro… El problema es que nunca sé hacer mutis a tiempo y divago aun cuando el show debe terminar.

Nos dijimos adiós sin despedida. Y yo con lo que amo prepararme para el desenlace. Me quedé saboreando un final interrumpido, un orgasmo incompleto, un beso a medias. Las horas se van en imágenes de un futuro difuso, retazos de proyectos, que como jirones van quedando a medio camino. Pienso en Mariana Ximenes, en sus cabellos y en su boca gostosa. Me prometo trabajar con ella y a unir mis escritos momificados. Quiero engendrar un mutante repartido entre varias actrices que exorcicen mi cabeza cada vez más volátil, menos enraizada.

Sueño. Sueño que sueño con una escena recurrente cuyos elementos siempre me remiten a un sueño más antiguo. De vez en cuando aparecías en algunas de esas abstracciones y cuando vuelvo a la superficie me queda la sensación de haber olvidado la pantalla frígida que nos separa. Soy patético, aunque según Schiller también en algún momento podría devenir sublime. ¿Para quién? No para ti, con certeza.

Licuaré mis memorias en almíbar.

Repensando el formato

El final de año me ha agarrado replanteándome ciertas cosas. He realizado un proyecto sobre la importancia de la memoria, entendiendo ésta como parte esencial para la construcción del hombre en tiempo y espacio. El proyecto está enfocado básicamente para teatro pero durante el proceso, me obligué a rememorar mi pasado, desde mi infancia hasta ahora. No fue tan caótico como me lo imaginaba, pero me hizo caer en la cuenta de que siempre fui un apasionado por el registro, por congelar momentos ‘memorables’ pensando en un futuro que luego me permitiría evocar ese presente como pasado (Mezcla de tres tiempos). Mucha carga para un niño de escuela. Obvio que en ese momento no era consciente pero había algo que me impulsaba a registrar con cámara, grabando en el Betamax, luego en el VHS, después en DVD, luego con la videograbadora, el Blackberry y demás. Los formatos han ido mutando pero la obsesión es la misma: La preservación de la memoria.
Es un tema que me apasiona y que al investigarlo académicamente, me he topado con grandes pensadores que estudian este tema. Alrededor del mundo hay innumerables proyectos para salvar la memoria ya sea en forma de tradiciones orales, audiovisual, heráldica, entre otras. Creo que en el campo del arte también lo intento cuando ‘reciclo’ historias y personajes.

Días atrás me topé con una fotografía que llamó mi atención. Un pequeño texto escrito en máquina de escribir. Me agradó tanto su contenido como la tipografía que daba forma a ese texto. Hubo algo particular en ese momento que me hizo volver mi mirada a la herramienta (la máquina de escribir). En alguna etapa de mi vida, entre los 14 y 15 años, por libre voluntad decidí no escribir en computadora y sí en máquina de escribir. Llegué a escribir cuentos enteros ahí. La verdad hay una sensación tan placentera en el hundir las toscas teclas y el sonido vibrante que produce al golpear el papel, que quiero volver a ‘rememorar’ ese deleite. No echaré a un lado la compu. Ese teclado también tiene su placer. Pero sí quiero ver qué me produce entrar en contacto nuevamente con la máquina de escribir. Antes que nada debo buscarla primero y ver si la tinta aun está buena. Espero que sí.

Foto: Sabine Menedotti Costa

Saudade de Terça Feira…

Saudade, saudade… Saudade, saudade… às vezes seria melhor tirar esse sentimento de mim e ficar sem emocao. Mas não posso… Sempre terá música, imagens, cheiros, sons que me lembrarão de pessoas, de momentos inesquecíveis…
Em momentos como agora, prefiro me mergulhar nas minhas letras, chorar calado, me esconder nos meus óculos e olhar só pra a tela… Me esqueço do mundo, do trabalho e me deixo levar pela música, pelos personagens, pelas pessoas maravilhosas que já conheci… Me afogo, sim, muito…Lembrar doi, mas é a minha memória. A lembrança torna-se o melhor homenagem para aquelas pessoas e coisas que já não estão mais comigo… Eles merecem estar nos meus pensamentos em uma voz, em uma cor, em um livro, em vários personagens…

Tenho saudade, estou com saudade, sou saudade…

Je te déteste saudade…