Saudade de Domingo #13: Nuevo Hogar

“Cuidado con lo que deseas, de pronto se puede hacer realidad”, dice un viejo adagio. Hace años atrás, cuando aun estaba en la universidad pensaba que me encantaría vivir en el centro de la ciudad, palpar sus venas desde el corazón, vivir el saborcito porteño de la urbe, con la brisa del Guayas y la jauría de autos en hora pico. Me parecía que el centro era el mejor panorama para sentir en la piel la humedad guayaquileña y escribir bajo ese estupor alguna novela, un guión o una obra de teatro. No se dio la oportunidad en aquellos momentos pero el destino o el universo alineó las cosas para que durante mi estancia en Buenos Aires pudiera vivir en el centro de la ciudad. A pesar del caos siempre me sentí afortunado viviendo allí. Y fueron tres años.  La emoción de lo nuevo pasó pero el centro seguía siendo para mí ese punto neurálgico en donde todo converge y de donde todo sale. Tenía todas las líneas de colectivo y subte posibles, las grandes manifestaciones políticas tenían como escenario el centro porteño, el termómetro de la ciudad estaba ahí en Avenida de Mayo, Rivadavia o Corrientes. Ese rincón de Buenos Aires nunca dejó de sorprenderme.

De vuelta a Guayaquil, con el regreso a casa de mis padres, vino el impacto de volver al nido, ser hijo de nuevo y comprobé algo que ya me sospechaba: había cambiado, mis costumbres eran otras, se habían fusionado con las argentinas y algunos aspectos se me volvieron poco soportables durante la convivencia. Me prometí mudarme pronto pero los meses pasaron, era necesario saldar algunas deudas y la idea de la independencia se fue tornando lejana.

Por circunstancias de la vida, apareció -o recordamos- una suite familiar que estaba subutilizada como bodega en el centro de Guayaquil. Dada la visita de unos parientes fue necesario pensar en una salida para que la casa de mis padres pudiera acoger a los familiares: debía salir yo de la casa. Lejos de parecer un castigo o una obligación, era la prueba de que debía alzar el vuelo como ya lo había pensado desde mi regreso a Guayaquil. Así que con la ayuda de mis papás empezamos la ardua tarea de poner ese departamento en condiciones óptimas para que pudiera mudarme. Diez años pasó la suite convertida en una bodega. En las primeras visitas era imposible encontrar un milímetro de espacio que no estuviera ocupado, aun cuando al final de cada salida, colocábamos varias fundas de basura desechando lo que no servía. En algún momento pensamos abortar la misión pero por algún motivo más allá de la urgencia familiar, hizo que siguiéramos a pesar del panorama que se nos presentaba.

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La vista de mi ventana desde la suite

Finalmente pude mudarme esta semana. La sensación aunque es de libertad también me resulta extraña. Es la primera vez que vivo solo en mi propia ciudad. Pude vivir tres años en Buenos Aires sin problemas y creo que podría hacerlo en cualquier otra ciudad tranquilamente, pero mudarme solo en mi ciudad, continuando con mi trabajo, con mis salidas de amigos pero ahora desde otro punto de partida, es algo que se me hace extraño y que todavía ahora me suena diferente. Sé que es parte de la adaptación, de irme apropiando del espacio, de las calles, de ir construyendo mi propia cartografía. Por fortuna en esta nueva etapa no estoy sólo del todo. Me acompaña un pequeño amigo: Noé, un perrito de dos meses, al que ya siento como a un hijo. Siempre he tenido mascotas en casa de mis papás pero ahora Noé es mi entera responsabilidad. Ya mal que bien podía cuidarme y ahora debo velar también por él, ocuparme de sus necesidades, de su alimentación, de su limpieza. Me estoy descubriendo en otra faceta y me encanta el nexo que estamos creando.

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Con Noé

Así que el deseo de universitario terminó cumpliéndose. Ahora vivo en el centro y aunque no sé por cuánto tiempo será, aprovecharé el tiempo para respirar el río, vivir otra parte de la ciudad, adentrarme en sus recovecos culturales, viendo el crecimiento de Noé y el mío propio, esta vez como otro Santiago en el centro guayaquileño.

Peli de Sábado por la Noche #3: Twice Born (2012)

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Twice Born (Venuto al Mondo), es la cuarta película dirigida por Sergio Castellito, que cuenta la historia de Gemma (Penélope Cruz) una mujer italiana que regresa a Sarajevo 16 años después de la guerra que invadió a los Balcanes a inicios de los 90. De visita a la ciudad de su juventud donde vivió un fuerte romance con Diego (Emile Hirsch) un fotógrafo norteamericano, vuelve a caminar sobre los senderos del pasado en medio de la alegría y el dolor, sin imaginar una sorpresa que amenazaría incluso su vida actual.

La película está narrada en dos tiempos que se yuxtaponen a lo largo de su estructura. Arranca con el período actual en el que Gemma recibe noticias de Gjoko (Adnan Haskovic), un amigo de Bosnia quien la invita a Sarajevo, ciudad a la que irá con su hijo Pietro (Pietro Castellito). El segundo tiempo corresponde al pasado, en el que a modo de flashback se cuenta la historia de amor de Gemma con Diego y todos los intentos de la pareja por tener hijos.

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Penélope Cruz vuelve a repetir dupla con Sergio Castellito y demuestra su fluidez en italiano como ya lo había hecho en Non ti Muovere (2003). Gran trabajo de la actriz española al imprimir su lozanía de juventud para la etapa del pasado y el peso del tiempo para la fase que corresponde al presente. Junto a Emile Hirsch comparte escenas intensas que evidencian las dificultades que deben atravesar para poder concebir y luego cómo el trasfondo de la guerra empieza a filtrarse en su propia relación. El drama de ambos crece y madura a lo largo de la película para desembocar en un final que termina sorprendiendo.

Saudade de Domingo #12: Historias con alma

Hace unos días conversaba con una amiga sobre diversos proyectos audiovisuales que habíamos visto en las últimas semanas. En algunos coincidíamos en cuanto a gusto y en otros disentíamos por diferentes motivos. Como siempre que charlamos, nos gusta interpelarnos el porqué nos gusta tal o cual proyecto. Es ahí donde empezamos un análisis que puede llevar horas para perdernos en los recovecos de la apreciación audiovisual, un juego que puede tornarse adictivo. Pero más allá de la preferencia personal de cada uno, hay algo que tienen todos esos proyectos que nos gustan: alma.

Los proyectos con alma están vivos, dialogan, confunden, agotan, encantan. No se trata de historias perfectas en la que todo marcha al compás de un reloj suizo. Son historias que tienen su propia gramática, una morfología específica donde se establecen leyes concretas con las que uno como espectador puede estar o no de acuerdo. Pienso en los documentales de Agnès Varda, la llamada abuela de la Nouvelle Vague, donde lo cotidiano tiene desde su mirada una belleza genuina a pesar de tener una voz narrativa con sobrada presencia en el relato y un manejo técnico que coquetea más con lo amateur. Y está bien que así sea, porque las historias que cuenta desde su cámara necesitan ese lenguaje. Son historias con alma que aun con el paso del tiempo siguen vigentes, crecen y sus escenas se reproducen en la memoria de quienes conectan con sus relatos. Y cuando están a punto de morir, se puede recurrir al play para saborearlas de nuevo.

García Márquez dijo en alguna entrevista que tenía una técnica de escritura que le permitía enganchar al lector desde la primera palabra. El célebre autor dio incluso una pista para desnudar su técnica oculta: leer fríamente cualquiera de sus relatos para encontrar que siempre había un adjetivo, un sustantivo o alguna palabra que estaba de más pero que era necesaria para no romper con la melodía que había establecido con el lector. Se trataba de un acto más cercano a la magia, a una carpintería literaria más que al purismo de la gramática. Y amamos a García Márquez por sus metáforas imposibles, por sus personajes endiabladamente caribeños que no son perfectos, de diálogos poco comunes pero que se circunscriben en la artillería garciamarquiana donde es verosímil que una abuela recorra todo el desierto de la Guajira prostituyendo a su nieta para luego morir supurando sangre verde. Las historias con alma surgen del corazón de un creador involucrado que pone todo de sí, que no le teme a la exposición o que si le teme, encuentra que esa es la única e inexorable salida para exorcizar lo que lleva dentro. Ante cualquier duda, consultar con Kafka.

Las historias con alma no son un cupcake de cobertura perfecta. Pueden ser políticamente incorrectas, polémicas, desafiantes pero no como un deseo a priori sino que en su proceso van tomando sus propios matices. Por el contrario una historia sin alma sería aquella que busca agradar a todo el mundo, con ideas prefabricadas, construidas sobre personajes perfectos, artificiales con escenarios cargados de un manierismo que muchas veces termina por ahogar la verdadera voz de su autor.

Las historias con alma también pueden ser técnicamente perfectas, pero en ellas la estructura melódica hace parte del juego narrativo por el que apuesta su autor. Sofía Coppola, Wes Anderson, Ingmar Bergman o Roman Polansky, son algunos de los muchos autores que están vivos en sus historias. La elección de un plano medio por encima de un plano detalle o una cámara en mano, no es por si es más impactante para una audiencia sino por lo que necesitan esos personajes, por lo que ese autor quiere expresar.

Las historias con alma se la juegan, se equivocan, muchas veces surgen y crecen con el “error” a cuestas. Error quizás para el contexto temporal y/o local donde nace la obra. La Grosse Fuge de Beethoven rompió con todas los preceptos estéticos, técnicos de su época y ante la incomprensión de su generación el mismo compositor habría dicho -como solía decir- que creaba no para su presente sino para el futuro. Las historias con alma perduran porque conectan con un otro aun cuando el tiempo sea lejano, de ahí la valía de las obras de Chaplin, Glauber Rocha o Truffaut. Las historias con alma nacen cuando quieren y reviven en quien las observa, con sus virtudes y defectos. Mientras tanto, mi amiga y yo seguimos a la caza de esas historias, como si de una cita a ciegas se tratara. Aun cuando la cita no fuera lo que esperáramos, vale la pena seguir con la ansiedad antes del encuentro con esa obra. Quizás la próxima que conozcamos tenga esa alma que nos inquiete la sangre.

Peli de sábado por la noche #2: Timbuktu (2014)

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Timbuktu (2014), es una película franco-mauritana del director Abderrahmane Sissako, que narra las vicisitudes que deben vivir los habitantes de una ciudad del norte de Malí, a donde llega un grupo de yihadistas a implantar su versión de la Sharia (normas relativas que hacen parte del Derecho Islámico que regulan los criterios de la moral, los modos de culto, entre otros aspectos).

La película entremezcla varias historias para poder dar cuenta de la rigidez con la que los yihadistas pretendían implantar la Sharia: prohibido escuchar música, jugar al fútbol, el concubinato, las mujeres deben usar guantes y trajes largos, cualquier miembro del grupo rebelde puede tomar como esposa a cualquier chica soltera que se le apeteciera, eran muchas de las cláusulas que vinieron a implantarse de un momento en la ciudad, a la que ya muchos de sus habitantes abandonaron.

timbuktu_dolorLa película está basada en los hechos que sucedieron en Timbuktu (norte de Malí), durante la guerra civil (2012-2013) en la que Ansar Dine, un grupo rebelde islámico tomó posesión de la ciudad y empezó a implementar su versión de la sharia. Sissako atraído por la crueldad que aplicaban los yihadistas en especial por el caso de una pareja que fue dilapidada por convivir sin casarse, decidió rodar la película. Por motivos de seguridad no pudo rodar en Timbuktu, por lo que debió hacerlo en Oualata, al sureste de Mauritania.

En Timbuktu, ganadora del César a mejor película, dirección y guión, se puede apreciar ya desde los primeros minutos, la desolación y la angustia que invaden a los personajes de la cinta. Una mujer que vende pescados en el mercado, harta de las leyes represoras, se niega a usar guantes para trabajar y les ofrece a los verdugos un cuchillo y sus manos para que se las corten si fuera necesario. Una escena magistralmente dirigida en la que de forma descarnada queda expuesto el dolor de vivir sometidos bajo una ley islámica extrema con la que no están de acuerdo pero que deben acatar so pena de muerte.

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Algo que llama la atención de la película sin embargo es la carencia de buenos y villanos. Sissako no muestra a los yihadistas como seres necesariamente perversos, a pesar de la crueldad que aplican para cumplir la Sharia. Se los ve dubitativos, a momentos receptivos, como si en algún momento pudieran recapacitar y comprender la barbarie que están generando a su alrededor. En una escena de la película, un imán expulsa a los yihadistas de la mezquita alegando que no pueden entrar con armas. El mismo imán minutos después aconseja y regaña al líder yihadista de Timbuktu al poner en riesgo la vida de los habitantes del lugar. Sissako expone con proeza los dos polos opuestos del islam: El sabio aplomado, que busca la conciliación, el amor y el extremista prepotente, severo que aun con sus acciones se logra ver conmovido ante las palabras del imán.

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Timbuktu es una película dolorosa pero necesaria. Su historia es tan rica que es preciso verla varias veces para captar en detalle el fino trabajo de interpretación de los actores, la belleza del desierto africano capturado en todo su color por una dirección de fotografía inigualable y con una puesta de cámara siempre al servicio de la acción. El ritmo pausado, de música austera y de diálogos lanzados como dardos entre los personajes dan lugar a una película que invita a la reflexión y a desplazar la mirada hacia un continente sumido en guerras civiles, cuyos habitantes no ven otro camino que el exilio. Timbuktu es un grito desesperado a la libertad plena de derechos.

Saudade de Domingo # 11: Adiós a una estrella

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El arte brasileño y latinoamericano están de luto. El día de ayer la actriz brasileña Marília Pêra, dejó este plano para integrarse a alguna parte del cosmos para ser lo que ya desde acá era: Una gran estrella. Y no en el sentido relacionado al divismo y a la banalidad que a veces se le endilga al cine, teatro o televisión. Marília Pêra era una estrella en el sentido de ser una obrera de las tablas, animal de escenario, un reservorio de personajes a los que ella les prestaba su cuerpo, su voz. Sea en el cine con Pixote, a lei do mais fraco (1981), Tieta (1996), Estación Central (1998) en televisión con El Primo Basílio, Dos Caras, Cobras y Lagartos, o en teatro interpretando a Marías Callas o Coco Chanel, Marília brillaba desde donde estuviera. No necesitaba exagerar, hacer algo mayúsculo, porque desde su trinchera lograba emerger con fuerza, como la gran actriz que fue.

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Como Coco Chanel en la obra Mademoiselle Chanel

Buscando siempre desafíos, se puso a las órdenes del director Eduardo Coutinho, con quien colaboró en su documental Jogo de Cena (2007). Ella misma reconocería luego que gracias a Coutinho aprendió cómo es tenue la línea entre lo que se es y lo que se finge ser. Esa preocupación y reflexión acerca de su propio oficio quedó plasmada en su libro Cartas a una joven actriz, en el que daba consejos a una hipotética actriz principiante. Sus colegas actrices Marieta Severo, Nicette Bruno, Cássia Kiss y Arlette Salles le rindieron homenaje hoy interpretando algunos fragmentos de ese libro durante el programa dominical de Globo, O Fantástico. No era para menos, una gran actriz merece ser despedida por sus propias compañeras, aquellas con las que compartió escenario, las que entienden el trabajo y el sacrificio que hay detrás del glamour que se vive en una noche de premiación.

 

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Con Fernanda Montenegro en Estación Central (1998)

A pesar del cáncer que la aquejaba, entre las grabaciones de la serie Pé na Cova empezó a grabar un CD con canciones románticas, que iba a ser lanzado el próximo año. Ya con el tratamiento y el cuadro avanzado de su enfermedad, debió alejarse de la serie y del proyecto musical hasta su fallecimiento. Sin embargo, dejó una película póstuma Tô Rica y la última temporada de Pé na Cova, que serán estrenadas en 2016.

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Junto a Carolina Dieckmann en Cobras y Lagartos (2006)

Marília Pêra es parte de ese universo de actores y actrices con los que crecí a través de las novelas, series y películas brasileñas. Vi todas sus transformaciones físicas, de rubia, morena, rica, pobre, conservadora, disparatada.  Vi también el paso del tiempo en su rostro, en su cuerpo, pero aun con las marcas de los años seguía siendo la actriz activa, volcánica, capaz de robarse el brillo en una escena donde su personaje podía incluso no tener texto. No podía ser de otra manera. Marília comunicaba e interpretaba con el alma.

 

Dejo por acá un vídeo en el que interpreta un poema de Carlos Drummond de Andrade y una entrevista que le hicieron en el programa Starte, que se caracteriza por entrevistar a personas relacionadas con el mundo de la actuación.

Peli de sábado por la noche #1: Suffragette (2015)

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Hoy inauguro la nueva sección Peli de sábado por la noche, en la que espero compartir de forma sencilla mis opiniones acerca de una película. No se trata de un análisis cinematográfico profundo sino más bien de hacer llegar determinada película que a mi juicio, tiene un valor interesante para apreciar. En algunos casos serán películas recientes, en otras pueden ser cintas clásicas que me hayan sorprendido durante la semana. Sí, la idea es compartir una peli que haya visto durante la semana.

La primera peli con la que se inaugura esta sección es: Suffragette (2015), dirigida por Sarah Gravon, que retrata la lucha de un grupo de mujeres -las Suffragette- que en la Inglaterra de inicios del siglo XX se manifestaban para conseguir ante la ley el ejercicio del voto.

Carey Mulligan (Orgullo y Prejuicio, An Education) encabeza el reparto de la película interpretando a Maud, una operaria que poco a poco empieza a insertarse al movimiento de las Suffragette, padeciendo en carne propia los prejuicios de una sociedad conservadora que considera a las militantes como mujeres con problemas mentales. A pesar de los obstáculos, Maud decide seguir adelante acompañando a sus compañeras en la lucha. Mulligan construye a una Maud humana, dubitativa, de un candor que conmueve. Junto a Helena Bonham Carter tiene escenas de tensión y complicidad que mantienen el clima opresor de la época, sin caer en lugares comunes de interpretación.

La película empieza con un ritmo pausado en la primera parte para ponernos en el contexto donde se va a desarrollar la historia. Quizás podría haber sido un poco más ágil ese primer acto, sin embargo con el ritmo que logra luego y que no decae hasta el final, se obtiene una película orgánica, de silencios necesarios, de cierta crudeza en algunas escenas especialmente donde se evidencia el maltrato descarnado del cuerpo policial hacia las militantes.

Meryl Streep hace una genial participación especial como Emeline Pankhurst, la gestora del movimiento. Con un impecable acento británico -que ya había utilizado para The Iron Lady-, Streep acapara la gran secuencia en la que su personaje les habla a las militantes de Suffragette y en su posterior fuga. Si hasta ese momento la película ya tenía enganchado al espectador, con la aparición de Streep termina por convencerse de estar delante de una gran película.

Suffragette es una cinta dura pero necesaria. De impecable fotografía y arte, nos sumerge inmediatamente en el ambiente conservador de la Inglaterra de inicios del siglo XX. Es inevitable no pensar al ver esta película en la situación difícil que atraviesan aun hoy las mujeres en el Medio Oriente o en África. Incluso cuando en Latinoamérica han obtenido igualdad de derechos, también deben enfrentarse de forma constante a grandes problemas como la violencia doméstica, el acoso laboral, etc. Definitivamente Suffragette es una película para reflexionar el fin de semana.

Saudade de Domingo #10: Agradecer

Siempre es más fácil responder “de nada”, cuando es un otro el que dice gracias. O también puede ser fácil decir gracias cuando se vuelve parte de una formalidad, de una convención de lo que se considera correcto. Sin embargo resulta más complejo encontrar “las gracias” en los aspectos sencillos, en aquellos que surgen espontáneamente y no quizás como respuesta a nuestros propios deseos. Lo que hoy puede ser una mala noticia, mañana se potencia y se convierte en una oportunidad y ese cambio de suerte, es digno de agradecimiento.

El agradecer no es fácil, sobre todo cuando existe la presunción de que nos merecemos aquello que recibimos. Como si dijéramos interiormente “no debo agradecerle, está haciendo su trabajo, es su obligación atenderme”. Obligación o no, el agradecer es un acto de humildad, de ponerse a disposición, de aceptar lo que se recibe, para luego prepararse para dar. Quien no es capaz de agradecer por lo que recibe, nunca será capaz de dar o quizás dará pero con reticencia, con miedo, sintiendo que pierde algo importante de sí mismo. Y en el dar y recibir lo que debe existir es amor en términos de Maturana: la aceptación del otro como legítimo en convivencia. Somos energía y en la palabra gracias acompañada de una convicción interior de agradecimiento, todo lo que tengamos o lo que venga a nosotros se multiplica.

Por ello es necesario ejercitar el agradecimiento aunque cueste al inicio. Agradecer por el día que viene, por los amigos que se tienen, por la familia, por la salud, por el trabajo, por el dinero que llega a las manos, por lo material que se puede comprar para satisfacer ciertas necesidades. El proyecto 365 grateful me parece una linda iniciativa en la búsqueda constante del agradecimiento, en estar atento de los pequeños detalles y expresar desde el corazón hacia la garganta la palabra “gracias” sea a un otro, a la naturaleza, al universo, porque en definitiva, me estoy agradeciendo a mí mismo por darme la oportunidad de estar aquí y ahora.

Para terminar dejo por acá el link de una versión de What a Wonderful World, en voz del brasileño Tiago Iorc. Encuentro en esta interpretación una frescura que con Frank Sinatra no logro encontrar. Cuestión de gustos, quizás, pero es una canción con la que logro establecer un vínculo, que la siento recorrer en la sangre, que me baja las revoluciones y que agradezco también escuchar cuando siento la necesidad de reconectarme conmigo mismo.

Saudade de Domingo #9: Hacer política desde abajo

Hoy se define en Argentina quién será el nuevo mandatario. Luego de varias semanas cargadas de la propaganda de ambos candidatos y de los apasionamientos excesivos que provoca la política, siento que al menos con la definición de quién gane, llevará a una calma en los ánimos especialmente por redes sociales. La política se inserta en todos, aun en quienes dicen ser apolíticos. Considero correcto tomar una postura y ser consecuentes a ella. Admiro a los amigos que tienen una posición ideológica y hacen de ella su acción en todos los ámbitos de su vida. En las últimas semanas, por el balotaje en Argentina y los atentados en París especialmente, se ha producido un resurgimiento del sentir político, que por un lado me parece positivo, pues ha obligado a que la gente lea, se informe y adopte una postura, pero por otro lado ha generado agitadores sin ningún objetivo más que ponerse en contra porque sí, como ya lo hablé en mi artículo de la semana pasada.

Más allá de los comentarios cargados de odio o de amor que generan las tendencias políticas, en las redes se percibe fastidio, desazón y sobre todo mucho miedo. Detrás de todos esos comentarios, los retuits, los artículos que se comparten hay miedo, miedo del otro, miedo del que piensa diferente y amenaza mis principios, aquel que como espejo me muestra que hay otras formas posibles de vida y desestabiliza mis creencias. Como bien dice Maturana, disfrazamos nuestros discursos emocionales con discursos lógicos (números, estadísticas, citas irrefutables), para que de esa manera tenga más valor para nosotros mismos pero sobre todo para convencer a otro. Para que algún “tibio” pueda aceptar nuestra verdad y adoptarla también como suya. ¡Cuánto bien le hace al ego, saber que otro(s) piensa(n) como nosotros!

En momentos de tensión mundial y en las coyunturas propias de nuestros países, es necesario dejar de poner toda la responsabilidad -y las culpas- en manos del jefe de estado, del alcalde, del intendente, del ministro. Ya Guattari observaba este fenómeno y señalaba que los sistemas de culpabilización funcionaban como factor de inhibición de todo aquello que escapaba de las redundancias dominantes. Como solución a eso, el francés proponía estar alerta a todas las formas posibles de culpabilización, pues en esas dinámicas lo único que se consigue es bloquear soluciones, generar separatismos y sobre todo creer que ninguno desde su individualidad es responsable de algo. Otra trampa del ego, para colocar todos los males en el otro corrupto, dañino y peligroso.

Los mecanismos de corrupción y represión no han sido formas exclusivas ni de los grupos de poder relacionados con la burguesía ni con los de izquierda, por tanto no creo que tal o cual línea política vaya a solucionarme la vida, porque eso también sería considerarme un ente desprotegido que necesita de un padre que me diga qué hacer, dónde vivir, qué consumir y qué creer. Creo en las elecciones, en el voto popular, en escoger un representante que se preocupe por la economía, por la salud, la educación, pero no espero tampoco que este representante haga todo por mí y que resuelva además mis problemas cotidianos. Por ello me parece importante tomar las riendas políticas de nuestras acciones en nuestros propios círculos. Mirarnos en el trato con el otro, con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo. Estar atento en las formas en que nos relacionamos con cada uno de ellos y hacer política desde esos lugares, haciendo micropolítica, dándonos cuenta de cómo operan -y pesan- en nosotros los códigos de nuestra propia sociedad y cómo podemos revertirlos. Es un trabajo de constante observación, de una mirada hacia adentro. ¿Saludo a todos los que me rodean o elijo a unos cuántos para dar un buenos días? ¿Soy honesto con los trabajos que realizo? ¿Soy consecuente con lo que predico y hago en mi día a día? ¿Espero tener algún tipo de privilegio por tener cierta posición laboral?

Desde la micropolítica, cada uno es responsable de su accionar y esa toma de conciencia desde lo molecular es importante en palabras de Deleuze y Guattari, pues refuerza y consolida la democracia en una sociedad. No se puede esperar que el mandatario sea honesto, cuando en el día a día reina la corrupción y cada uno lucha por conseguir sus objetivos con el mínimo esfuerzo, llevándose por delante a todo el que se interponga. Pensar que la ley sólo es buena cuando me conviene y es mala cuando me pone en tela de juicio, es vivir desde la separación, negando a un otro que tiene derecho como yo a la igualdad de condiciones. Hacer micropolítica es también hacer resistencia ante nosotros mismos desde lo cotidiano cuando observamos pequeños actos de corrupción que consideramos nimios e inocuos. Si quiero cooperar con ese líder que elegí, no debo necesariamente militar en un partido, pero sí puedo extender la mano al otro cuando lo necesita, siendo honesto en mis relaciones laborales, familiares, sentimentales. De esa forma, el líder también puede hacer su trabajo desde las grandes estructuras. Antes de colocarnos banderas políticas en lo macro, tendríamos que mirarnos qué tan genuinos somos desde las contiendas de lo cotidiano, desde la micropolítica, aun cuando esa observación pueda resultar en principio dolorosa.

Mi colaboración en la revista Awake

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La revista digital Awake me invitó a colaborar en su edición «Contra» con un artículo relacionado a películas consideradas polémicas por su contenido o por el contexto político en el que fueron estrenadas.

Pueden descargar la revista Awake de forma gratuita en AppStore o Google Play. Vale la pena leerla, es una revista genial!

Les dejo el link para leer desde el sitio web, aunque de verdad, deberían descargar la revista. Es una experiencia interactiva buenísima.

http://revistaawake.com/articulos/cine-polemico/

Saudade de Domingo #8: Los evaluadores del sufrimiento

Los atentados de París, más allá del estupor que han causado, también han sido el pretexto para ataques virtuales hacia aquellos que se solidarizan con esta tragedia. Sea en el lugar del planeta que sea, todas las vidas importan, así sea en México, Siria, Palestina o Francia. Ponernos en estos momentos de conmoción mundial, con eso de que «a la gente sólo le importa la tragedia de París», es simplemente una trampa del ego para seguir creando separatismos.

Hay quienes se ponen la corona de ser “los evaluadores del sufrimiento”, en los que aparentemente hay una finalidad noble (abrirles los ojos a los demás ante otras tragedias, quizás peores), pero que siempre están deslegitimando la conmoción o sufrimiento de los otros. Si alguien defiende la caza indiscriminada de ballenas, alguien dirá que cientos de perros son exterminados por día y que los que luchan por las ballenas son frívolos. Si alguien se conmueve de los perros exterminados por día, un evaluador saldrá a decir que diariamente se matan vacas por el consumo masivo de carne. Si alguien se conmueve por las vacas, saldrá un evaluador para decir que más importante son las vidas humanas que se pierden en las guerras. Si alguien se conduele por alguna guerra en particular, alguien saldrá decir que hay una Y guerra peor. Si alguien se conduele por esa Y guerra peor, alguien saldrá a decir que Z es mucho peor y que ese otro es un imbécil aburguesado que no sabe los horrores que pasan en la guerra Z. Si alguien se conmueve por la guerra Z, un evaluador dirá que es un absurdo mirar esa guerra y no condolerse con la hambruna en el mundo… ¿Hay algún medidor de qué hecho es más importante que otro? Quizás la agenda de los medios nos haga creer que hay una jerarquía, pero no, todos esos hechos lamentables son igual de importantes, así que ni los medios ni los evaluadores del sufrimiento están en lo correcto.

La cuestión de fondo para mí, más allá de la tragedia en sí misma, es ver cómo los evaluadores salen de diferentes trincheras a juzgar lo que el otro está sintiendo. No hacen activismo, no buscan generar cambios sociales, no se conduelen de las tragedias en lugares periféricos (ojo que los que sí lo hacen y tienen un compromiso loable por el prójimo no entran en el perfil de evaluadores del sufrimiento). Sólo emergen cuando hay una conmoción masiva y ven el momento oportuno para figurar como diferentes, como si el dolor fuera otro en Beijing o Estocolmo. Los evaluadores del sufrimiento critican a quienes por redes ponen filtro a sus fotos con la bandera de un país determinado, los atacan de hacer sólo militancia en plataformas digitales. Pero ninguno de esos evaluadores del sufrimiento hace otra cosa más que compartir fotos de otras tragedias, siempre recordando que mueren más en otros rincones del mundo. ¡Y sólo recuerdan cuando ha pasado algo de conmoción general! Eso también es un activismo de escritorio que no sirve para nada, que sólo funciona como una cortina de humo para seguir marcando diferencias.

Pero no todo es malo en los evaluadores del sufrimiento. Ayudan en una labor que es igualmente importante: Buscar siempre la tragedia peor, la que los medios intentar ocultar por intereses políticos, económicos, la que se encuentra en un lugar distante y que al igual que cualquier otra tragedia es importante y duele. Habría que mirar al evaluador del sufrimiento como el portador del lado B de todos los medios, pues siempre tendrán la otra cara de una tragedia mediática y desde ese lugar, es válido su accionar. Sirve para hacer el ejercicio de conocer más el mundo que nos rodea y para entender los intereses retorcidos de los grupos de poder. Pero no hay que caer en eso de elegir por qué tragedia conmocionarse.

Los evaluadores del sufrimiento siempre dicen que una tragedia “mediática” (entiéndase aquella que acapara todos los medios tradicionales y digitales) es un “pretexto” para ocultar otras. Como si la pérdida de vidas en un lado fuera más o menos importante que en otros. Los evaluadores del sufrimiento matan con sus frases hechas, con sus repentinos comentarios siempre buscando el lado negativo, usando las redes para disparar sus misiles.

Los evaluadores del sufrimiento son agitadores de humo.