Saudade de Domingo #10: Agradecer

Siempre es más fácil responder “de nada”, cuando es un otro el que dice gracias. O también puede ser fácil decir gracias cuando se vuelve parte de una formalidad, de una convención de lo que se considera correcto. Sin embargo resulta más complejo encontrar “las gracias” en los aspectos sencillos, en aquellos que surgen espontáneamente y no quizás como respuesta a nuestros propios deseos. Lo que hoy puede ser una mala noticia, mañana se potencia y se convierte en una oportunidad y ese cambio de suerte, es digno de agradecimiento.

El agradecer no es fácil, sobre todo cuando existe la presunción de que nos merecemos aquello que recibimos. Como si dijéramos interiormente “no debo agradecerle, está haciendo su trabajo, es su obligación atenderme”. Obligación o no, el agradecer es un acto de humildad, de ponerse a disposición, de aceptar lo que se recibe, para luego prepararse para dar. Quien no es capaz de agradecer por lo que recibe, nunca será capaz de dar o quizás dará pero con reticencia, con miedo, sintiendo que pierde algo importante de sí mismo. Y en el dar y recibir lo que debe existir es amor en términos de Maturana: la aceptación del otro como legítimo en convivencia. Somos energía y en la palabra gracias acompañada de una convicción interior de agradecimiento, todo lo que tengamos o lo que venga a nosotros se multiplica.

Por ello es necesario ejercitar el agradecimiento aunque cueste al inicio. Agradecer por el día que viene, por los amigos que se tienen, por la familia, por la salud, por el trabajo, por el dinero que llega a las manos, por lo material que se puede comprar para satisfacer ciertas necesidades. El proyecto 365 grateful me parece una linda iniciativa en la búsqueda constante del agradecimiento, en estar atento de los pequeños detalles y expresar desde el corazón hacia la garganta la palabra “gracias” sea a un otro, a la naturaleza, al universo, porque en definitiva, me estoy agradeciendo a mí mismo por darme la oportunidad de estar aquí y ahora.

Para terminar dejo por acá el link de una versión de What a Wonderful World, en voz del brasileño Tiago Iorc. Encuentro en esta interpretación una frescura que con Frank Sinatra no logro encontrar. Cuestión de gustos, quizás, pero es una canción con la que logro establecer un vínculo, que la siento recorrer en la sangre, que me baja las revoluciones y que agradezco también escuchar cuando siento la necesidad de reconectarme conmigo mismo.

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