Saudade de Domingo #9: Hacer política desde abajo

Hoy se define en Argentina quién será el nuevo mandatario. Luego de varias semanas cargadas de la propaganda de ambos candidatos y de los apasionamientos excesivos que provoca la política, siento que al menos con la definición de quién gane, llevará a una calma en los ánimos especialmente por redes sociales. La política se inserta en todos, aun en quienes dicen ser apolíticos. Considero correcto tomar una postura y ser consecuentes a ella. Admiro a los amigos que tienen una posición ideológica y hacen de ella su acción en todos los ámbitos de su vida. En las últimas semanas, por el balotaje en Argentina y los atentados en París especialmente, se ha producido un resurgimiento del sentir político, que por un lado me parece positivo, pues ha obligado a que la gente lea, se informe y adopte una postura, pero por otro lado ha generado agitadores sin ningún objetivo más que ponerse en contra porque sí, como ya lo hablé en mi artículo de la semana pasada.

Más allá de los comentarios cargados de odio o de amor que generan las tendencias políticas, en las redes se percibe fastidio, desazón y sobre todo mucho miedo. Detrás de todos esos comentarios, los retuits, los artículos que se comparten hay miedo, miedo del otro, miedo del que piensa diferente y amenaza mis principios, aquel que como espejo me muestra que hay otras formas posibles de vida y desestabiliza mis creencias. Como bien dice Maturana, disfrazamos nuestros discursos emocionales con discursos lógicos (números, estadísticas, citas irrefutables), para que de esa manera tenga más valor para nosotros mismos pero sobre todo para convencer a otro. Para que algún “tibio” pueda aceptar nuestra verdad y adoptarla también como suya. ¡Cuánto bien le hace al ego, saber que otro(s) piensa(n) como nosotros!

En momentos de tensión mundial y en las coyunturas propias de nuestros países, es necesario dejar de poner toda la responsabilidad -y las culpas- en manos del jefe de estado, del alcalde, del intendente, del ministro. Ya Guattari observaba este fenómeno y señalaba que los sistemas de culpabilización funcionaban como factor de inhibición de todo aquello que escapaba de las redundancias dominantes. Como solución a eso, el francés proponía estar alerta a todas las formas posibles de culpabilización, pues en esas dinámicas lo único que se consigue es bloquear soluciones, generar separatismos y sobre todo creer que ninguno desde su individualidad es responsable de algo. Otra trampa del ego, para colocar todos los males en el otro corrupto, dañino y peligroso.

Los mecanismos de corrupción y represión no han sido formas exclusivas ni de los grupos de poder relacionados con la burguesía ni con los de izquierda, por tanto no creo que tal o cual línea política vaya a solucionarme la vida, porque eso también sería considerarme un ente desprotegido que necesita de un padre que me diga qué hacer, dónde vivir, qué consumir y qué creer. Creo en las elecciones, en el voto popular, en escoger un representante que se preocupe por la economía, por la salud, la educación, pero no espero tampoco que este representante haga todo por mí y que resuelva además mis problemas cotidianos. Por ello me parece importante tomar las riendas políticas de nuestras acciones en nuestros propios círculos. Mirarnos en el trato con el otro, con la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo. Estar atento en las formas en que nos relacionamos con cada uno de ellos y hacer política desde esos lugares, haciendo micropolítica, dándonos cuenta de cómo operan -y pesan- en nosotros los códigos de nuestra propia sociedad y cómo podemos revertirlos. Es un trabajo de constante observación, de una mirada hacia adentro. ¿Saludo a todos los que me rodean o elijo a unos cuántos para dar un buenos días? ¿Soy honesto con los trabajos que realizo? ¿Soy consecuente con lo que predico y hago en mi día a día? ¿Espero tener algún tipo de privilegio por tener cierta posición laboral?

Desde la micropolítica, cada uno es responsable de su accionar y esa toma de conciencia desde lo molecular es importante en palabras de Deleuze y Guattari, pues refuerza y consolida la democracia en una sociedad. No se puede esperar que el mandatario sea honesto, cuando en el día a día reina la corrupción y cada uno lucha por conseguir sus objetivos con el mínimo esfuerzo, llevándose por delante a todo el que se interponga. Pensar que la ley sólo es buena cuando me conviene y es mala cuando me pone en tela de juicio, es vivir desde la separación, negando a un otro que tiene derecho como yo a la igualdad de condiciones. Hacer micropolítica es también hacer resistencia ante nosotros mismos desde lo cotidiano cuando observamos pequeños actos de corrupción que consideramos nimios e inocuos. Si quiero cooperar con ese líder que elegí, no debo necesariamente militar en un partido, pero sí puedo extender la mano al otro cuando lo necesita, siendo honesto en mis relaciones laborales, familiares, sentimentales. De esa forma, el líder también puede hacer su trabajo desde las grandes estructuras. Antes de colocarnos banderas políticas en lo macro, tendríamos que mirarnos qué tan genuinos somos desde las contiendas de lo cotidiano, desde la micropolítica, aun cuando esa observación pueda resultar en principio dolorosa.

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