Saudade de Domingo #23: ¡Feliz cumple Gabo!

«Empecé a escribir por casualidad, quizás sólo para demostrarle a un amigo que mi generación era capaz de producir escritores. Después caí en la trampa de seguir escribiendo por gusto y luego en la otra trampa de que nada me gustaba más en el mundo que escribir», le confesó García Márquez a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza en una de sus tantas charlas que luego se recogieron en el libro El olor de la guayaba (1982). A quienes amamos sus obras, agradecemos que haya caído en esa trampa y haya producido personajes endiablados en la ardiente costa atlántica colombiana.

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García Márquez me ha acompañado de forma casi permanente desde los 12 años. Como niño inquieto que era a nivel intelectual, no se me ocurrió nada mejor que empezar a leer a García Márquez que con Cien años de soledad. Recuerdo que su lectura me tomó casi dos meses pero no tengo consciencia de qué tanto entendí del libro en esa ocasión. Lo que sí recuerdo era esa sensación de estar descubriendo un mundo mágico mucho más cercano a mi realidad. Hasta antes de Cien años de soledad, había leído a Dickens, Twain, D’amicis, Stevenson, Lagerlöff, con historias situadas en lugares tan lejanos, de fonéticas extrañas y de pronto con Gabo, me encontraba en Aracataca en el Magdalena, no muy lejos de Santa Marta, la ciudad de mi mamá que siempre está muy presente en nuestras conversaciones familiares.

No tardé mucho en hacer asociaciones entre lo que leía y lo que me contaba mi tía Silvia acerca de ciertas tradiciones en Santa Marta. De pronto comenzaba a encontrar analogías entre los Buendía y los Reyes (mi familia materna). Las tías de mi mamá se convertían entonces en una especie de Amaranta y Rebeca, mientras que la abuela, ese ser que no llegué a conocer pero que mi mamá idolatra hasta hoy por su fortaleza de carácter y sabiduría, se convertía sin lugar a dudas en Úrsula Iguarán. Como alguna vez dijo García Márquez, la cultura caribeña es una sola. Y yo le creo, porque mi familia materna es sin saberlo, muy garciamarquiana.

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García Márquez recibiendo el Nobel en Suecia (1982)

Pero no todo fue lindo con Cien años de soledad. Sufrí mucho con el final de la novela. Recuerdo no haber podido sacarme las últimas páginas de mi cabeza en un buen tiempo y me quedé con una sensación de vacío al pensar que todo había terminado. Adicto a su escritura, me encontré luego leyendo Crónica de una muerte anunciada, Doce cuentos peregrinos, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, Ojos de perro azul, entre muchos otros. Más adelante volví a leer Cien años de soledad y con mayor edad empecé a hilar mejor los hechos y a entender el laberíntico árbol genealógico de Arcadios, Úrsulas y Aurelianos que se repitían en cada una de las generaciones. Hasta la fecha debo haber leído la novela unas cinco veces. Me viene bien cada cierto tiempo volver al libro para actualizarme en su lectura y también para recordarme a mí mismo mientras lo leía en otras instancias de mi vida.

Le debo a García Márquez el amor a la literatura, a la escritura, al observar con milimétrica precisión, a la búsqueda constante de un adjetivo distante que sirva para crear una metáfora. Al leer mis primeros textos de la adolescencia puedo detectar la gran influencia que la escritura de García Márquez tuvo en mí. Cuando los leo, sonrío porque puedo incluso recordar qué libro o cuento de García Márquez estaba leyendo por esa época. Sin duda alguna no habría entrado a la literatura sin García Márquez y tampoco hubiera entrado a lo audiovisual por consiguiente. Sus historias me mostraron un mundo diferente y en la identificación me hizo preguntarme por mi propia voz, qué es lo que busco narrar y cómo hacerlo.

Hoy Gabo habría cumplido 89 años y aunque desapareció de este plano hace dos, sus obras siguen tan vivas como siempre. En cualquier libro de su autoría Gabo estará vivo cuando un lector recorra sus líneas. Establecerá un diálogo con el colombiano más caribeño del mundo y será como tomar una cerveza con un amigo en una tarde de sol brillante. Una conversación de esas que uno recuerda toda la vida. Así que hoy sacaré del estante algún libro de Gabo al azar, el primero que vea y charlaré por unas horas con mi querido amigo y mentor para celebrar su cumpleaños.

Peli de Sábado por la Noche #13: The Martian (2015)

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Le tengo cierto recelo a la ciencia ficción. Por experiencias anteriores, no termino haciendo clic con el género del todo, sin embargo The Martian, dirigida por Ridley Scott, me ha sorprendido. Empecé a verla con poca expectativa y me sorprendió. Es una película que a pesar de sus más de dos horas mantiene enganchado al espectador por los giros dramáticos que presenta la historia.

En The Martian, Matt Damon interpreta a Mark Watney, un astronauta que es dado por muerto por sus compañeros de tripulación durante una fuerte tormenta en Marte. Mark debe arreglárselas para sobrevivir en el planeta hasta que puedan rescatarlo.

La cinta no decae en ningún momento y en medio de lo que podría ser algo monocorde como ver la supervivencia de Mark, pronto se va mostrando la trama paralela de los personajes de la NASA que busca la forma de encontrarlo. La película además de una excelente fotografía posee muchos momentos de humor que logran distender el ambiente  de desolación que a veces se toma la historia. Matt Damon hace una actuación impecable que huye de cualquier lugar común de interpretación, en una historia donde la mayor cantidad de escenas está solo.

The Martian está basada en la novela homónima de Andy Weir, quien inicialmente publicó su historia en su página web, para luego venderla en Amazon por 0,99 centavos. Al convertirse en uno de los libros más leídos llegó a ser publicado por la editorial Crown, logrando el puesto número 12 de los best sellers del New York Times en el 2014.

Una buena peli de ciencia ficción que vale la pena ver.

 

Saudade de domingo #22: Mis favoritos del Óscar

Hoy llega una de las premiaciones más esperadas. No son las mejores del mundo ni tampoco el único medidor para evaluar la calidad de una película, una actuación o el trabajo de determinada área de trabajo. Sin embargo los Óscar se han posicionado como el mayor exponente del cine de Hollywood. Ya desde hace tres años, me he puesto en la tarea de ver la mayoría de las películas nominadas para poder dar una apreciación, que no funciona como pronóstico sino apenas para señalar cuáles películas merecerían tal o cual premio. Algunas favoritas ya de antemano sé que tienen pocas probabilidades de ganar pero igual, van en esta lista.

 

MEJOR PELÍCULA

  • The Revenant
  • Mad Max: Furia en el camino
  • The Martian
  • The Big Short
  • Bridge of Spies
  • Brooklyn
  • Room
  • Spotlight

Mi favorita: Bridge of SpiesAunque capaz se lo lleva The Revenant, que ya comenté acá.

 

MEJOR DIRECTOR

  • Alejandro González Iñárritu (The Revenant)
  • Adam McKay (The Big Short)
  • George Miller (Mad Max: Furia en la carretera)
  • Tom McCarthy (Spotlight)
  • Lenny Abrahamson (Room)

Mi favorito: Lenny Abrahamson en Room (que comenté por acá). Reconozco el trabajazo de González Iñárritu pero ya pues, ya sabemos que es genio, hay que darle chance a otros buenos directores.

 

MEJOR ACTOR

  • Leonardo DiCaprio (The Revenant)
  • Bryan Cranston (Trumbo)
  • Matt Damon (The Martian)
  • Michael Fassbender (Steve Jobs)
  • Eddie Redmayne (La chica danesa)

Mi favorito: Ya ya, Leonardo DiCaprio. Hace un papel espectacular en The Revenant y sería un Óscar además por otras buenas nominaciones en las que no consiguió la ansiada estatuilla.

 

MEJOR ACTRIZ

  • Cate Blanchett (Carol)
  • Brie Larson (Room)
  • Jennifer Lawrence (Joy)
  • Charlotte Rampling (45 Years)
  • Saoirse Ronan (Brooklyn)

Mi favorita: En realidad, honestamente, mi favorita es Charlotte Rampling en 45 years, peli que comentaré el próximo viernes. Otra gran favorita es Brie Larson por Room.

 

MEJOR ACTOR DE REPARTO

  • Christian Bale (The Big Short)
  • Tom Hardy (The Revenant)
  • Mark Ruffalo (Spotlight)
  • Mark Rylance (Bridge of Spies)
  • Sylvester Stallone (Creed)

Mi favorito: Mark Buffalo en SpotlightNo vi Creed todavía así que no puedo unirme a aquellos fanáticos de Sylvester Stallone.

 

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

  • Jennifer Jason Leigh (The Hateful Eight)
  • Rooney Mara (Carol)
  • Rachel McAdams (Spotlight)
  • Alicia Vikander (La chica danesa)
  • Kate Winslet (Steve Jobs)

Mi favorita: Kate Winslet. Genial.

 

MEJOR GUION ORIGINAL

  • Bridge of Spies
  • Ex Machina
  • Inside Out
  • Spotlight
  • Straight Outta Compton

Mi favorito: Ex Machina.

 

MEJOR GUIÓN ADAPTADO

  • The Big Short
  • Brooklyn
  • Carol
  • The Martian
  • Room

Mi favorito: Room

 

MEJOR FOTOGRAFÍA

  • Carol
  • The Hateful Eight
  • Mad Max: Fury Road
  • Sicario
  • The Revenant

Mi favorito: Lubezki en The Revenant, obvio.

 

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN

  • Bridge of Spies
  • La chica danesa
  • Mad Max: Fury Road
  • The Martian
  • The Revenant

Mi favorito: La chica danesa

 

MEJOR PELÍCULA EN LENGUA NO INGLESA

  • A War, Dinamarca
  • El abrazo de la serpiente, Colombia
  • Mustang, Francia
  • Son of Saul, Hungría
  • Theeb, Jordania

Mi favorita: De esta categoría no vi ninguna película, pero por hermandad latinoamericana, mi favorita es El abrazo de la serpiente.

 

Bueno, no son todas las categorías ni todas mis favoritas tendrán chance de ganar el Oscar. Habrá que esperar dentro de unas horas quiénes ganan. Sin embargo hay que tener presente que como cualquier premiación hay mucha subjetividad, así que a disfrutar de la ceremonia.Vamos por un domingo cinéfilo.

 

Peli de sábado por la noche #12: Bridge of Spies (2015)

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Confieso que me costó un poco ver esta película. Tengo cierta resistencia a las películas de espionaje, pero al tercer intento le encontré el gusto a la historia. La cinta, dirigida por Steven Spielberg, con guión de Matt Charman y los hermanos Coen, cuenta la historia del espía Rudolf Abel (Mark Rylance), soviético infiltrado en Estados Unidos que luego de ser detenido es defendido por el abogado James Donovan (Tom Hanks). Aunque al inicio éste se resiste a la idea de defender a un espía, termina por aceptar el desafío y establece empatía con Abel. Luego de que el espía soviético cae en manos del gobierno norteamericano, la Unión Soviética encarcela a Francis Gary Powers (Austin Stowell) un piloto estadounidense. En este momento, a Donovan se le encarga la misión de negociar el intercambio de Abel por Powers, lo que obviamente no será nada fácil.

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La película, basada en hechos reales, tiene un inicio un poco lento que se justifica para ir mostrando el universo en el que se desarrollará la historia. Una vez establecidos todos los códigos, lo que sigue es suspenso, un ambiente opresor propio de la Guerra Fría y un Tom Hanks padre de familia, odiado por defender al enemigo, deshonroso papel que bajo el ojo de Spielberg se humaniza. Las escenas entre Tom Hanks y Mark Rylance se llevan los mejores momentos de la película. Entre ellos se entabla una química en donde ya no vemos a dos sujetos de países enemigos sino simplemente personas.

Una película necesaria, excelente opción para un sábado por la noche.

Saudade de Domingo #21: La música como recuerdo

Suelo ser un poco monotemático con la música. Me puedo quedar con una canción varios meses escuchándola una y otra vez sin aburrirme. No es que sea la única canción del playlist, pero sí es la que escucho de forma obligada varias veces mientras camino, mientras voy en el auto o cuando realizo alguna tarea automática en el trabajo. Pasado el tiempo de expiración, se impone otra canción que termina por quitarle el trono y así van pasando varias canciones, algunas de las cuales no vuelvo a escuchar en mucho tiempo hasta que por causalidad, sea porque alguien la mencionó o su melodía me invadió la cabeza, vuelvo a esa canción de tiempo atrás. En ese momento se activan una cadena de reacciones mentales y físicas al evocar a ese yo de aquel período. Puedo recordar caminos, olores, sensaciones, amigos, libros, con el pasar de la letra y la melodía. Dado que las canciones me acompañan por mucho tiempo, terminan siendo testigos callados de un sinnúmero de momentos de mi vida.

Esta semana durante un ejercicio escénico del entrenamiento actoral que estoy haciendo, escribí una frase de una canción que tenía mucho tiempo sin escuchar. «Cecilia tiene muchas fantasías y muchas fantasías tengo yo». La frase surgió espontánea, inconsciente, como se proponía el ejercicio al más puro estilo de la escritura automática dadaísta. Durante el resto del entrenamiento pasé tarareando mentalmente la canción Cecilia, de Fito Páez.

No la escuché entera hasta el día siguiente y recordé mi último año de estudio de universidad, previo a la tesis. El 2007 fue el año de las materias más queridas por mí y las de los profes que hoy considero mis grandes amigos. Fue el año de los primeros trabajos profesionales, de las intuiciones para posibles temas de tesis, de afianzar lazos con los amigos de la facultad con los que ya tenía algunos años de fraternidad. Y en medio de eso aparecía la Cecilia Roth de Fito Paéz, a quien conocía por ser Manuela en la peli Todo sobre mi madre. Un gran amigo mío era fanático de Sabina y me presentó el disco Enemigos Íntimos donde este cantaba con Fito. Y ahí estaba Cecilia, con esa melodía sensual, burdelesca, teatral convertida en una venus en llamas. Recuerdo haber pensado en esa época escribir algún corto con esa canción, pero por alguna razón solo me quedé con algunas imágenes en la cabeza que nunca llevé al papel ni menos a la pantalla.

El baño de recuerdos terminó por darme un masaje afectivo esa tarde y decidí que usaría la canción como un ejercicio para una clase de creatividad que doy ahora en la universidad. Tuve que modificar un ejercicio para incluir este que me parecía mucho más vivo y pertinente para los objetivos de esa clase. Tuve un lindo feedback por parte de los estudiantes y sólo ahí, delante de ellos, caí en la cuenta de que ellos debían tener más o menos la edad en la que yo escuché la canción por primera vez. A diferencia mía, que sólo me quedé en la fantasía visual de la cabeza, el ejercicio los obligaba a escribir y crear algo nuevo a partir de la canción. Creo que así he saldado mi deuda con Cecilia.

El sábado a la mañana me levanté con una melodía sobre la que si llegué a reflexionar por escrito en algún momento: Pourquoi Battait mon Coeur de Alex Beaupain, cantautor francés con el que siempre hago clic con sus canciones. También tenía mucho tiempo sin escuchar esa canción que me transportó al 2011, un año difícil desde lo emocional, pues ya empezaba a molestarme la estabilidad y la línea horizontal en la que se estaba convirtiendo mi vida. Esta canción me hizo pensar en lo que me gustaba, en lo que me hacía feliz, en lo que hacía que mi corazón latiera con fuerza. Y así entre esas reflexiones surgía con fuerza, desde el chakra raíz la decisión de irme de Guayaquil y buscar nuevos horizontes afuera. Escuchar de nuevo esta canción el sábado me hizo volver a pensar por qué latía mi corazón y a recordar por qué estoy acá ahora. Mucha agua pasó por debajo desde el 2011 y el escuchar de nuevo a Beaupain me hizo feliz recordar todos los momentos que han hecho que mi corazón lata fuerte. A diferencia del 2011, ahora puedo decir que estoy satisfecho con todo lo vivido y espero que en unos años más tarde cuando la escuche de nuevo, me vuelva a sacar una sonrisa de satisfacción por seguir poniéndome pruebas, venciendo desafíos, por seguir viviendo.

Peli de Sábado por la Noche #11: Room (2015)

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Room es la séptima película del director irlandés Lenny Abrahamson y una de las nominadas al Óscar de este año. La cinta arranca con el cumpleaños número 5 de Jack (Jacob Tremblay), un niño inquieto y divertido que ha pasado confinado desde su nacimiento en una habitación junto a su madre (Brie Larson). Pero el niño no es infeliz. Joey ha tratado de todas las maneras posibles que tenga una infancia más o menos estable a pesar del horror del encierro que ella siente mucho más que él. Jack nunca ha visto el mundo exterior y por tanto su experiencia se reduce a esas cuatro paredes, con un pequeño televisor donde ve dibujos animados. Es su único contacto, además de su madre. Cada noche Jack se encierra en el armario cuando llega un hombre a acostarse con su madre. Guarda silencio, observa curiosidad entre las rendijas del clóset. Se queda en calma hasta que Joey lo saca de ahí una vez que todo ha terminado con el hombre/secuestrador y padre de su hijo. Y así todos los días…

room-film-sept15Abrahamson dedica una parte de la película para mostrarnos esa rutina de Joey y de Jack. Entre líneas vamos descubriendo también cómo Joey cayó en las redes de su captor y cómo debe negociar con él para poder conseguir alimentos, ropa, juguetes para Jack. La madre parece resignada a su situación, a los siete años de encierro teniendo sólo un tragaluz como hipotético contacto con el exterior. Hasta que decide hacer algo por ella y por Jack.

Una película que podía haber caído en una sensiblería sin precedentes, terminó construyéndose con inteligencia, acompañada de la inocencia de Jack, quien es sin lugar a dudas el gran protagonista de la historia. La naturalidad con la que Jacob Tremblay interpreta a Jack encuentra un complemento perfecto en Brie Larson, actriz experta en el dominio de los gestos pequeños, de la voz susurrada y con un temple visceral cuando el guión lo exige.

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Confieso que no estaba muy entusiasmado de ver esta película por el prejuicio de que fuera un drama incontrolable, con escenas de sufrimiento y llanto, pero Room tiene muy poco de esto. Abrahamson sabe tamizar el drama en pequeñas cantidades para no caer en lugares comunes. No centra su historia en el secuestrador sino que prioriza la mirada del niño, quien desconoce el terror que circunda tranquilo a su alrededor. Es una película obligada de ver, con grandes momentos de clímax, llevada de la mano por dos grandes intérpretes.

Saudade de Domingo #20: El amor después del amor

No pensaba ya escribir el día de hoy. Pasaron hechos accidentados en este San Valentín que me hicieron rechazar la idea de escribir y peor todavía sobre el amor. Sin embargo me parece necesario cerrar «con amor» este día, aunque sea sólo para compartir unas cuantas reflexiones.

El amor resulta un sentimiento tan complejo y abarcador que siempre terminamos por darles tintes inconmensurables o trivializarlo en una película, una fecha o en algún producto masivo. No soy un Grinch del San Valentín. Es más, me parece una fecha interesante para expresar algo, salir de la rutina, encontrarle una chispa al amor que a veces termina por almidonarse y convirtiéndose en un accesorio. Encontrar el amor después del amor es la clave. Enamorarse todos los días no sólo de la persona que se ama, sino del trabajo, de los amigos, de los libros, de las películas, de la ciudad, del mundo. El reto es amar siempre, reinventar formas de amar o atreverse a amar a aquello que resulta extraño o prohibido. Porque al amar a la extrañeza, encontramos que es en esencia el mismo amor  que le hubiéramos dado a algo/alguien conocido.

El amor después del amor, más que un sentimiento cálido, erótico (en el sentido griego), efervescente, es una decisión. Yo decido seguir amando a tal persona, a mis padres, a mis amigos, a mi trabajo y decido alimentar ese sentimiento con detalles, cariño, con encuentros fortuitos, con sorpresas. Decido también bancarme los bemoles, las crisis, las dudas porque también esos hiatos hacen parte del amor, porque después de esas convulsiones telúricas, el amor triunfa y se hace más fuerte.

El amor después del amor es también una gran prueba de fuego. Es la instancia o momento clave donde decido si quiero o no continuar amando a esa persona o situación, si ese sentimiento no es más que una máscara de dependencia que sólo trae consigo dolor. Si de la otra orilla no encuentro latidos, no vale la pena pasar el umbral del amor inicial. Es un amor que debe quedar en nivel principiante y no es que sea menos válido por eso. Es apenas un amor minúsculo, parvulario, que tiene su lugar en alguna parte recóndita del corazón y que al evocarlo puede incluso sacar una sonrisa ingenua.

El amor después del amor es una gran enseñanza y una gran prueba de aceptación al otro como legítimo en convivencia, parafraseando a Maturana. Te amo y te acepto con tus virtudes, con tus aciertos y también con tus debilidades y miedos que he aprendido a amar también, entendiendo que hacen parte de ti. Me gustaría que te liberaras (y nos liberáramos) de tus angustias pero sé que atacándote no lograré iluminar tus zonas oscuras. Es con el amor que podremos ambos desvanecer los temores y seguir caminando juntos en el sendero que sea. Porque a final de cuentas no importa el camino que elijamos siempre que estemos con esa persona amada, a aquella que hayamos amado por primera vez y con la que hemos decidido seguir amándonos después. El amor después del amor es el paso largo al reconocimiento de que finalmente tú y yo en realidad somos uno solo.

Dejo por acá un capítulo dedicado al amor en el programa argentino Mentira la Verdad, donde su conductor, Darío Sztajnszrajber (sí, así es el apellido, no lo escribí mal) reflexiona sobre el pensamiento de varios filósofos acerca del amor.

Peli de Sábado por la Noche #10: Spotlight (2015)

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La película cuenta el trabajo real que realizó la unidad de investigación «Spotlight» del diario The Boston Globe para dejar en evidencia el silencio de la Iglesia Católica de Massachussets ante la serie de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes de diferentes parroquias de Boston durante un período de más de 30 años.

Spotlight, nominada a seis Óscar – incluido el de Mejor Película-, encara un tema delicado de manera sobria sin caer en el sensacionalismo que podría haber sido tentador para obtener una película comercial. En el desarrollo de la investigación además de encontrarse con spotlight-S_070416_rgbtodos los obstáculos de la Iglesia para impedir que sus secretos salgan a la luz, se deja claro el trabajo ético de los periodistas en el trato con las víctimas. Escuchan, saben qué y cómo preguntar respetando la sensibilidad. Es una labor delicada en la que sería muy fácil tomar una postura emotiva, sin embargo el grupo periodístico sabe que necesitan de calma y precisión para lograr una investigación mucho más profunda. Vemos a los personajes de Keaton, Ruffalo, McAdams, Slattery en conflicto interno con lo que cada uno debe resolver ante las atrocidades que fueron sucediendo en la ciudad casi ante sus propios ojos, olvidando a las víctimas por años. Como bien dice uno de los personajes, «nunca es tarde» y tomando ello como  mantra realizaron una investigación exhaustiva que terminó por destapar en el 2002 todos los abusos cometidos desde la Iglesia de Boston. La repercusión del caso, instó también a que muchas de las víctimas se animaran a hablar y fue así como el diario produjo más de 600 artículos relacionados con el tema.

Thomas McCarthy con Spotlight, le da su lugar al periodismo investigativo que cada vez se vuelve más escaso en las salas de redacción de los diarios actuales. Se prefiere un periodismo más volátil, más rentable, dejando de lado esa labor de búsqueda e indagación que ha puesto a la luz escándalos de todo tipo. Spotlight muestra esas trincheras reducidas donde un grupo deSpotlight McCarthy film movie McAdams Keaton Ruffalo Pfeiffer Robinson Rezendes periodistas todavía cree posible generar cambios en la sociedad a partir de su trabajo. Es una película necesaria, con un guión impecable y que sabe manejar con destreza la tensión a lo largo de toda la trama. El elenco funciona perfecto, nadie destaca por encima de ninguno, por lo que se obtiene una película coral. Ver a Michael Keaton en esta película luego de Birdman el año pasado, sólo confirma lo dúctil y minimalista que es como actor, sin tener que acaparar todas las escenas de la película. Mark Ruffalo, con el physique du rôle de hombre común, encarna a un periodista capaz  de todo para avanzar en la investigación. Se lo toma como una misión personal y Ruffalo dota a su personaje de una naturalidad que se evidencia en sus pausas, sus momentos de impulso y en la interacción, a veces conciliadora, a veces conflictiva, con los demás personajes.

Spotlight toca un tema difícil como la pederastia, por tanto es una película que hace reflexionar mucho sobre el asunto. También hace pensar sobre lo importante que es la labor periodística cuando esta es realizada con ética y profesionalismo. Se me viene a la cabeza una frase de Kapuscinky que me parece que sintetiza el trabajo del verdadero periodista. «El periodismo es una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas al día. No podemos cerrar nuestra oficina a las cuatro de la tarde y ocuparnos de otras actividades. Éste es un trabajo que ocupa toda nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo”.

Saudade de Domingo #19: No me gustan los domingos

No recuerdo cuándo empezó mi molestia hacia los domingos pero seguro que fue desde la época de la escuela. Marcaba la antesala de las clases y la muerte del fin de semana. Día híbrido de descanso y preparación para la semana que venía. Conservaba los resquicios alegres del sábado hasta más o menos las cuatro de la tarde. De ahí en adelante, con la agonía del sol, venía también la pesadumbre de las actividades estudiantiles -ahora laborales- y esa hora absurda del atardecer, hacía mella en mí en forma de angustia, de un vacío extraño que aun hoy no logro superar aunque he aprendido a manejarlo mejor.

No en vano estoy casi en los 30 (menos mal). Tengo más conciencia de mí desde hace algunos años, cuando emprendí por espontánea voluntad la ardua tarea de intentar conocerme y preguntarme cómo reacciono, cómo me siento, qué quiero e inexorablemente surgió como interrogante mi aversión a los terribles domingos. Para evitarme la angustia/ansiedad que me producían, busqué mecanismos para ignorarlos: iba al cine, al teatro, pasaba en algún café mientras el domingo fallecía y así disminuir su peso haciendo otras actividades. Sin embargo el mal seguía al acecho. Viendo alguna película, recordaba fugazmente la caída del domingo y me esforzaba por volver a la historia. No siempre lo lograba y me quedaba con esa rara sensación de suspensión, de mutismo en la que no consigo actuar ni hacer nada.

Luego empecé a mirar la muerte de los domingos como algo para estudiar. Empecé a fijarme qué me pasaba corporalmente, qué raras sinapsis hacían mis neuronas mientras el reloj avanzaba hacia las seis de la tarde. La respiración se agitaba un poco, empezaba a pensar en todas las tareas pendientes que juraba hacer desde el viernes por la tarde y me agobiaba con la acumulación de trabajos que se vendrían por el peso de la misma semana. También me fijé que me volvía ridículamente sensible, sobre todo con películas medio lloronas o recordando hechos con amigos, amigas, familiares que ya no están. Son las horas en las que más suelo sentir nostalgia y las horas donde suelo escribir de forma más azucarada. Me retumban en la cabeza las melodías más tristes de las que puedo tener registro y todo mi yo se convierte en un raro personaje de tragedia griega. Ya aprendí a no darme mucha bola en esas circunstancias. Con la tristeza encima ahora soy capaz de decirme como si le hablara el yo del san viernes a eso yo quebradizo dominical: “Es domingo, ya pasará”. Y en efecto pasa. El lunes, aun con todo la fiaca que representa, resulta mi salvación, la prueba de que logré superar al domingo cruel por su carencia.

Con más conciencia de mi súbito cambio de personalidad cuando llega el domingo, me suelo preparar con películas, series, libros o salidas que hagan que mi cerebro olvide la presencia del fatídico día. Cuando lo consigo, me alegro ya en la cama, antes de dormir, de haber pasado un domingo sin melancolía, sin haberme torturado. Quizás por eso decidí escribir esta columna todos los domingos. Para forzarme a estar en mí, sintonizado, pero sin caer al precipicio. Escribir es un poco luchar contra los domingos, ficcionalizar es el arma de combate para aplacar los estragos de esos días. Y cuando no lo consiga hacer, me tocará enfrentarme solo, recordándome que ya pasará y que el lunes me salvará.

Peli de Sábado por la Noche #9: The Revenant (2015)

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«El dolor pasa, pero una película es para siempre», palabras que resumen la obstinación de González Iñárritu al filmar cualquier proyecto y que se ajustan en todas sus letras con su nueva película The Revenant. Un rodaje que estuvo rodeado de contratiempos y cual tragedia griega parecía tener un triste final. Sin embargo el mantra de Iñárritu consiguió que la película llegara a buen término y se encaje varios galardones, más las ya conocidas nominaciones al Óscar.

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Basada en la novela de Michael Punke, que a su vez está basada en la vida del trampero Hugh Glass, la película arranca con las vicisitudes de un grupo de cazadores que luego de ser diezmados por una tribu indígena, deben emprender una fuga inesperada. En el camino, Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) debe enfrentarse con un oso que termina dejándolo malherido. Todo el séquito decide parar hasta la recuperación de Glass pero Fitzgerald (Tom Hardy) es el único que ve una pérdida de tiempo esperar por Hugh, quien inmóvil parece no tener otro remedio más que la muerte. Fitzgerald lo convence de que su muerte sería un gran alivio para todos y cuando se disponía a ayudarlo a morir, el hijo de Hugh aparece para salvar a su padre. En la lucha, Fitzgerald termina matándolo y desde ese momento Glass decide emprender la venganza, una vez que todos los demás siguieron el camino convencidos por Fitzgerald que Hugh estaba muerto.

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Leonardo DiCaprio logra una interpretación espectacular que lo hacer merecedor del Óscar. Desarrolla un gran trabajo desde lo corporal, coqueteando entre lo animal y lo humano, lo instintivo y lo racional. La estepa congelada intenta apagar su corazón enfurecido que busca venganza por la muerte del hijo. DiCaprio consigue transmitir ira, desesperación, valentía, soledad en una historia, cuyo guión no es de los mejores. No obstante DiCaprio sabe utilizar el subtexto en una lucha descarnada entre su actuación y la hermosa fotografía de Emanuel Lubezki.

the-revenant-fn01La película con más de 12o minutos de duración termina cayendo en ciertas repeticiones a nivel narrativo. Se sabe que para mantener una historia homérica se necesita de muchos ganchos para mantener en vilo al espectador. Iñárritu termina a momentos encantado por la espectacularidad de la cámara, de la perfecta fotografía Lubezki que capta escenarios naturales como pocos, olvidando que ante todo está contando una historia. The Revenant es un trabajo impecable desde todo sentido técnico y DiCaprio despliega toda su artillería de actor que ha venido acumulando en largos años de papeles diversos. La historia podría contarse en menos tiempo y la estructura no se vería afectada. En el sentido narrativo me quedo más con su película anterior Birdman que con The Revenant, sin embargo la sobrecogedora actuación de DiCaprio permite perdonar las fallas dramatúrgicas. La venganza en sus ojos le gana a largas escenas de nieve perpetua, el dolor de la pérdida le gana a los personajes secundarios que no terminan por delinearse del todo. Tom Hardy construye un personaje que podría estar a la altura de DiCaprio pero la trama les brindó pocos momentos juntos para ver lo que podría haber sido un gran encuentro épico.

The Revenant utiliza la espectacularidad como principal ingrediente de su propuesta pero es DiCaprio convertido en Ulises batallando en su retorno lo que hace de esta película indispensable, aunque sea para verla una sola vez en la vida.

 

La influencia de Tarkovski en The Revenant: