Saudade de Domingo #21: La música como recuerdo

Suelo ser un poco monotemático con la música. Me puedo quedar con una canción varios meses escuchándola una y otra vez sin aburrirme. No es que sea la única canción del playlist, pero sí es la que escucho de forma obligada varias veces mientras camino, mientras voy en el auto o cuando realizo alguna tarea automática en el trabajo. Pasado el tiempo de expiración, se impone otra canción que termina por quitarle el trono y así van pasando varias canciones, algunas de las cuales no vuelvo a escuchar en mucho tiempo hasta que por causalidad, sea porque alguien la mencionó o su melodía me invadió la cabeza, vuelvo a esa canción de tiempo atrás. En ese momento se activan una cadena de reacciones mentales y físicas al evocar a ese yo de aquel período. Puedo recordar caminos, olores, sensaciones, amigos, libros, con el pasar de la letra y la melodía. Dado que las canciones me acompañan por mucho tiempo, terminan siendo testigos callados de un sinnúmero de momentos de mi vida.

Esta semana durante un ejercicio escénico del entrenamiento actoral que estoy haciendo, escribí una frase de una canción que tenía mucho tiempo sin escuchar. “Cecilia tiene muchas fantasías y muchas fantasías tengo yo”. La frase surgió espontánea, inconsciente, como se proponía el ejercicio al más puro estilo de la escritura automática dadaísta. Durante el resto del entrenamiento pasé tarareando mentalmente la canción Cecilia, de Fito Páez.

No la escuché entera hasta el día siguiente y recordé mi último año de estudio de universidad, previo a la tesis. El 2007 fue el año de las materias más queridas por mí y las de los profes que hoy considero mis grandes amigos. Fue el año de los primeros trabajos profesionales, de las intuiciones para posibles temas de tesis, de afianzar lazos con los amigos de la facultad con los que ya tenía algunos años de fraternidad. Y en medio de eso aparecía la Cecilia Roth de Fito Paéz, a quien conocía por ser Manuela en la peli Todo sobre mi madre. Un gran amigo mío era fanático de Sabina y me presentó el disco Enemigos Íntimos donde este cantaba con Fito. Y ahí estaba Cecilia, con esa melodía sensual, burdelesca, teatral convertida en una venus en llamas. Recuerdo haber pensado en esa época escribir algún corto con esa canción, pero por alguna razón solo me quedé con algunas imágenes en la cabeza que nunca llevé al papel ni menos a la pantalla.

El baño de recuerdos terminó por darme un masaje afectivo esa tarde y decidí que usaría la canción como un ejercicio para una clase de creatividad que doy ahora en la universidad. Tuve que modificar un ejercicio para incluir este que me parecía mucho más vivo y pertinente para los objetivos de esa clase. Tuve un lindo feedback por parte de los estudiantes y sólo ahí, delante de ellos, caí en la cuenta de que ellos debían tener más o menos la edad en la que yo escuché la canción por primera vez. A diferencia mía, que sólo me quedé en la fantasía visual de la cabeza, el ejercicio los obligaba a escribir y crear algo nuevo a partir de la canción. Creo que así he saldado mi deuda con Cecilia.

El sábado a la mañana me levanté con una melodía sobre la que si llegué a reflexionar por escrito en algún momento: Pourquoi Battait mon Coeur de Alex Beaupain, cantautor francés con el que siempre hago clic con sus canciones. También tenía mucho tiempo sin escuchar esa canción que me transportó al 2011, un año difícil desde lo emocional, pues ya empezaba a molestarme la estabilidad y la línea horizontal en la que se estaba convirtiendo mi vida. Esta canción me hizo pensar en lo que me gustaba, en lo que me hacía feliz, en lo que hacía que mi corazón latiera con fuerza. Y así entre esas reflexiones surgía con fuerza, desde el chakra raíz la decisión de irme de Guayaquil y buscar nuevos horizontes afuera. Escuchar de nuevo esta canción el sábado me hizo volver a pensar por qué latía mi corazón y a recordar por qué estoy acá ahora. Mucha agua pasó por debajo desde el 2011 y el escuchar de nuevo a Beaupain me hizo feliz recordar todos los momentos que han hecho que mi corazón lata fuerte. A diferencia del 2011, ahora puedo decir que estoy satisfecho con todo lo vivido y espero que en unos años más tarde cuando la escuche de nuevo, me vuelva a sacar una sonrisa de satisfacción por seguir poniéndome pruebas, venciendo desafíos, por seguir viviendo.

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