Saudade de Domingo #43: Navidad argentina

Desde el jueves 22 estoy en modo vacaciones. Como de costumbre, me desconecto del trabajo, de la ciudad y trato de vivir en una especie de dimensión paralela, saliendo de la rutina, enfocándome en otras cosas, viendo amigos, poniendo las charlas al día.

He vuelto a pasar navidad en Buenos Aires. La última vez fue en el 2014, a pocos días de haber presentado mi proyecto de tesis de maestría. Mi situación anímica, financiera era muy diferente en ese momento. Recuerdo esa navidad del 2014 con alegría pero también con angustia, sin saber qué me depararía el destino al año siguiente. Hubiera querido estar con mi familia por la escasez de dinero hacía difícil emprender un viaje. además de que existía «la amenaza» de no volver a Argentina. Me encontraba muy frágil en esa navidad y en vista de lo incierto del futuro, trataba de vivir el presente, disfrutando de la familia argentina que me adoptó como uno más desde la navidad del 2013.

Volver a pasar acá las fiestas tiene un nuevo encanto. He venido a Buenos Aires varias veces desde el año pasado, pero venir en diciembre es reencontrarme a lo Dickens, con el fantasma de las navidades pasadas. Me he visto a mí mismo y trato de no compadecerme de ese yo sino de sentirlo como parte del proceso para llegar a donde me encuentro ahora.

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Navidad con mi hermana y mi familia argentina

También esta navidad es especial porque estoy pasando las fiestas con mi hermana, quien vino a estudiar una maestría. La vida de estudiante full time no permite ciertas comedidas y la de viajar en Ecuador en el medio de la cursada resultaba difícil para ella así que decidí venir a acompañarla. Está siendo lindo compartir estos momentos. Sin duda serán momentos que guardaremos siempre con nosotros.

Y después está el clima, caliente en esta época, con un sol brillante de cielo despejado y atardeceres a las 20h00. El verano porteño puede ser asfixiante pero es también una fiesta, época de buenas vibras, de planificación, de viajes. Extrañaba también ese verdor en las calles y sol calcinándolo todo. Estoy muy feliz de re-vivir Buenos Aires en fiestas navideñas.

Saudade de Domingo #43: Mi mejor regalo del 2016

Sin duda,  et Blunk, mi primera obra de teatro como monólogo, ha sido el regalo del año. Como proyecto ya rondaba por mi cabeza desde febrero o marzo, pero por muchos trabajos en medio, era difícil concentrarse, fijar horarios para construir un obra micro. En este proceso debo agradecer a Itzel Cuevas, amiga y además directora de la obra, Jaime Tamariz, director del Microteatro y que confió en mí para estrenar en su espacio, Diana «Pachukis», quien hizo de carpintera, electricista, tramoya y Valeria Galarza, quien en tiempo récord diseño los paneles que componían la escenografía de la obra.

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Mateo y yo decimos al final de la temporada, gracias, danke, danke, perdón, takk, takk. (Los que vieron la obra entenderán el chiste interno) 

También debo agradecer a todos los amigos, amigas que se hicieron presentes en las funciones de På et Blunk. A mis alumnos que con curiosidad se acercaron a ver una nueva faceta de su profesor. Al público en general que atraídos quizás por el afiche, la curiosidad del nombre o la reseña express de los chicos de boletería, eligieron ver la obra. La magia del teatro estuvo en mí durante esas tres semanas de funciones. Mateo mi personaje volvía a viajar a Oslo cada noche con mucha alegría y muerto de miedo. Qué lindo y qué intenso fue darle vida. Al final de cada función, los aplausos eran una caricia, un abrazo para todo el trabajo realizado.

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Yo en escena. Foto: Daniela Cevallos

Ser actor es siempre estar en cuerda floja. Creo que tengo un largo camino en este ámbito pero desde ya puedo sentir esa necesidad de estar siempre alerta, nunca confiado en que el personaje ya está listo, porque en cada función la energía se modifica. El público es otro, es otra hora, el cuerpo responde diferente, la luz puede no salir, alguna línea puede olvidarse temporalmente. Creo que cualquier actor que quiera llamarse como tal debe hacer teatro porque es ahí donde se aprende a resolver sin truco de un corte y va de nuevo como sucede en el cine y la televisión. En el teatro, como en la vida, toca resolver en el momento sin caer en culpas sino enfocarse en solucionar. El teatro es la vida y gracias a los ensayos y a las presentaciones, siento que he aprendido mucho de mí y de mi relación con los demás. Vi de frente cosas mías que no me gustan, otras que descubrí que me encantan y observé en mi entorno cercano a compañeros que me han servido como espejo. Sin duda På et Blunk ha sido un gran regalo de este año y Mateo un personaje que me encantó interpretar. Estoy ahora ansioso por un nuevo proceso, un nuevo personaje, para seguir conociéndome más, preguntándome, rehaciéndome en el andar.

 

Saudade de Domingo #23: ¡Feliz cumple Gabo!

«Empecé a escribir por casualidad, quizás sólo para demostrarle a un amigo que mi generación era capaz de producir escritores. Después caí en la trampa de seguir escribiendo por gusto y luego en la otra trampa de que nada me gustaba más en el mundo que escribir», le confesó García Márquez a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza en una de sus tantas charlas que luego se recogieron en el libro El olor de la guayaba (1982). A quienes amamos sus obras, agradecemos que haya caído en esa trampa y haya producido personajes endiablados en la ardiente costa atlántica colombiana.

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García Márquez me ha acompañado de forma casi permanente desde los 12 años. Como niño inquieto que era a nivel intelectual, no se me ocurrió nada mejor que empezar a leer a García Márquez que con Cien años de soledad. Recuerdo que su lectura me tomó casi dos meses pero no tengo consciencia de qué tanto entendí del libro en esa ocasión. Lo que sí recuerdo era esa sensación de estar descubriendo un mundo mágico mucho más cercano a mi realidad. Hasta antes de Cien años de soledad, había leído a Dickens, Twain, D’amicis, Stevenson, Lagerlöff, con historias situadas en lugares tan lejanos, de fonéticas extrañas y de pronto con Gabo, me encontraba en Aracataca en el Magdalena, no muy lejos de Santa Marta, la ciudad de mi mamá que siempre está muy presente en nuestras conversaciones familiares.

No tardé mucho en hacer asociaciones entre lo que leía y lo que me contaba mi tía Silvia acerca de ciertas tradiciones en Santa Marta. De pronto comenzaba a encontrar analogías entre los Buendía y los Reyes (mi familia materna). Las tías de mi mamá se convertían entonces en una especie de Amaranta y Rebeca, mientras que la abuela, ese ser que no llegué a conocer pero que mi mamá idolatra hasta hoy por su fortaleza de carácter y sabiduría, se convertía sin lugar a dudas en Úrsula Iguarán. Como alguna vez dijo García Márquez, la cultura caribeña es una sola. Y yo le creo, porque mi familia materna es sin saberlo, muy garciamarquiana.

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García Márquez recibiendo el Nobel en Suecia (1982)

Pero no todo fue lindo con Cien años de soledad. Sufrí mucho con el final de la novela. Recuerdo no haber podido sacarme las últimas páginas de mi cabeza en un buen tiempo y me quedé con una sensación de vacío al pensar que todo había terminado. Adicto a su escritura, me encontré luego leyendo Crónica de una muerte anunciada, Doce cuentos peregrinos, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, Ojos de perro azul, entre muchos otros. Más adelante volví a leer Cien años de soledad y con mayor edad empecé a hilar mejor los hechos y a entender el laberíntico árbol genealógico de Arcadios, Úrsulas y Aurelianos que se repitían en cada una de las generaciones. Hasta la fecha debo haber leído la novela unas cinco veces. Me viene bien cada cierto tiempo volver al libro para actualizarme en su lectura y también para recordarme a mí mismo mientras lo leía en otras instancias de mi vida.

Le debo a García Márquez el amor a la literatura, a la escritura, al observar con milimétrica precisión, a la búsqueda constante de un adjetivo distante que sirva para crear una metáfora. Al leer mis primeros textos de la adolescencia puedo detectar la gran influencia que la escritura de García Márquez tuvo en mí. Cuando los leo, sonrío porque puedo incluso recordar qué libro o cuento de García Márquez estaba leyendo por esa época. Sin duda alguna no habría entrado a la literatura sin García Márquez y tampoco hubiera entrado a lo audiovisual por consiguiente. Sus historias me mostraron un mundo diferente y en la identificación me hizo preguntarme por mi propia voz, qué es lo que busco narrar y cómo hacerlo.

Hoy Gabo habría cumplido 89 años y aunque desapareció de este plano hace dos, sus obras siguen tan vivas como siempre. En cualquier libro de su autoría Gabo estará vivo cuando un lector recorra sus líneas. Establecerá un diálogo con el colombiano más caribeño del mundo y será como tomar una cerveza con un amigo en una tarde de sol brillante. Una conversación de esas que uno recuerda toda la vida. Así que hoy sacaré del estante algún libro de Gabo al azar, el primero que vea y charlaré por unas horas con mi querido amigo y mentor para celebrar su cumpleaños.

Peli de Sábado por la Noche #10: Spotlight (2015)

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La película cuenta el trabajo real que realizó la unidad de investigación «Spotlight» del diario The Boston Globe para dejar en evidencia el silencio de la Iglesia Católica de Massachussets ante la serie de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes de diferentes parroquias de Boston durante un período de más de 30 años.

Spotlight, nominada a seis Óscar – incluido el de Mejor Película-, encara un tema delicado de manera sobria sin caer en el sensacionalismo que podría haber sido tentador para obtener una película comercial. En el desarrollo de la investigación además de encontrarse con spotlight-S_070416_rgbtodos los obstáculos de la Iglesia para impedir que sus secretos salgan a la luz, se deja claro el trabajo ético de los periodistas en el trato con las víctimas. Escuchan, saben qué y cómo preguntar respetando la sensibilidad. Es una labor delicada en la que sería muy fácil tomar una postura emotiva, sin embargo el grupo periodístico sabe que necesitan de calma y precisión para lograr una investigación mucho más profunda. Vemos a los personajes de Keaton, Ruffalo, McAdams, Slattery en conflicto interno con lo que cada uno debe resolver ante las atrocidades que fueron sucediendo en la ciudad casi ante sus propios ojos, olvidando a las víctimas por años. Como bien dice uno de los personajes, «nunca es tarde» y tomando ello como  mantra realizaron una investigación exhaustiva que terminó por destapar en el 2002 todos los abusos cometidos desde la Iglesia de Boston. La repercusión del caso, instó también a que muchas de las víctimas se animaran a hablar y fue así como el diario produjo más de 600 artículos relacionados con el tema.

Thomas McCarthy con Spotlight, le da su lugar al periodismo investigativo que cada vez se vuelve más escaso en las salas de redacción de los diarios actuales. Se prefiere un periodismo más volátil, más rentable, dejando de lado esa labor de búsqueda e indagación que ha puesto a la luz escándalos de todo tipo. Spotlight muestra esas trincheras reducidas donde un grupo deSpotlight McCarthy film movie McAdams Keaton Ruffalo Pfeiffer Robinson Rezendes periodistas todavía cree posible generar cambios en la sociedad a partir de su trabajo. Es una película necesaria, con un guión impecable y que sabe manejar con destreza la tensión a lo largo de toda la trama. El elenco funciona perfecto, nadie destaca por encima de ninguno, por lo que se obtiene una película coral. Ver a Michael Keaton en esta película luego de Birdman el año pasado, sólo confirma lo dúctil y minimalista que es como actor, sin tener que acaparar todas las escenas de la película. Mark Ruffalo, con el physique du rôle de hombre común, encarna a un periodista capaz  de todo para avanzar en la investigación. Se lo toma como una misión personal y Ruffalo dota a su personaje de una naturalidad que se evidencia en sus pausas, sus momentos de impulso y en la interacción, a veces conciliadora, a veces conflictiva, con los demás personajes.

Spotlight toca un tema difícil como la pederastia, por tanto es una película que hace reflexionar mucho sobre el asunto. También hace pensar sobre lo importante que es la labor periodística cuando esta es realizada con ética y profesionalismo. Se me viene a la cabeza una frase de Kapuscinky que me parece que sintetiza el trabajo del verdadero periodista. «El periodismo es una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas al día. No podemos cerrar nuestra oficina a las cuatro de la tarde y ocuparnos de otras actividades. Éste es un trabajo que ocupa toda nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo”.

Saudade de Domingo #18: ¡Adiós Downton Abbey!

Esta semana terminé de ver la última temporada de Downton Abbey. Me quedé con la misma sensación de vacío que me provoca haber leído un buen libro. Y es que las series son la versión posmoderna de las novelas por entrega del siglo XIX en las que cada semana se imprimía un capítulo que mantenía en vilo a toda una población durante meses o incluso años. No en vano una ejecutiva de la BBC afirmó que si Charles Dickens estuviera vivo, sin duda sería guionista de TV. Matthew Weiner, creador de Mad Men, fue más allá y dijo que Dickens sería showrunner (rol del creador de la serie que además es el productor general).

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Volviendo a Downton Abbey, esta serie británica que ganó varios premios a lo largo de sus temporadas como el BAFTA, Emmy, Globos de Oro, Screen Actors Guild Awards, entre otros, ha desatado legiones de fans alrededor del mundo. El marketing y la publicidad no han sido diferentes a ello y pronto empezaron a circular souvenirs de la serie. El palacio Highclere, donde se grabó la serie ahora es un punto turístico obligatorio para todo fan de Downton Abbey, donde se hacen visitas guiadas aprovechando la fama creada por la serie.

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Downton Abbey no sigue una historia concreta sino que se decanta por una serie de subtramas que giran alrededor de la familia Crawley y descienden hasta las profundidades de la cocina y lavanderías contando las historias de los empleados de la casa. Todas estas tramas se entrecruzan de forma armoniosa dando lugar a un sinfín de personajes que inician su historia con el hundimiento del Titanic en 1912 hasta la navidad de 1926. Siguiendo la serie somos testigos de grandes momentos en la historia del Reino Unido como la Primera Guerra mundial, el conflicto de la guerra de Irlanda, la Pandemia de Gripe Española, la crisis de la posguerra, la reivindicación de los derechos de la mujer, la homosexualidad, entre otros.

El diseño de producción de la serie es de altísima calidad, cuidando cada detalle para la501443-130316-rev-downton1 reproducción fiel de la época. Entramos así en un universo donde ante todo prevalen las tradiciones (en especial con el personaje de Violet, interpretado genialmente por Maggie Smith), los títulos nobiliarios y la obsesión casi enfermiza por las apariencias. La actuación flemática propia de los ingleses queda de manifiesto pero en Downton Abbey tienen un matiz más que justificado. Su creador Julian Fellowes se permite momentos de distensión, de humor y humaniza a los dos mundos opuestos que se muestran en la historia. Ni los nobles son unos tiranos ni los empleados son unos santos. La serie coloca cualidades y defectos en ambos lados, lo que se agradece y el espectador lo mira como humano, verosímil.

mast-004308-da3-hiresMis personajes favoritos de la serie fueron Lady Mary (Michelle Dockery), Violet (Maggie Smith), Carson (Jim Carter) y Barrow (Rob James-Collier). Son muy diferentes uno de otro, pero creo que Fellowes fue muy generoso con sus personajes y los actores tuvieron una gran proeza al interpretarlos. A lo largo de sus seis temporadas estos personajes fueron creciendo, logrando un arco de transformación impresionante. Tuvieron grandes momentos dramáticos y cómicos, donde se los amaba y odiaba al mismo tiempo. Lograr esos sentimientos encontrados es un gran acierto, alejándolos de cualquier posición maniqueísta.

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La princesa Kate Middleton durante su día de visita al rodaje de la sexta temporada de Downton Abbey. Kate es una fan acérrima de la serie.

Dowton Abbey fue mi compañera durante las noches de estos últimos meses. Tuve la suerte de descubrirla ya casi al final de su emisión así que pude mirarla diariamente, un capítulo -o dos- por noche. La sensación de vacío irá pasando como cuando terminé Breaking Bad o Mad Men. Otras series vendrán, conoceré a otros personajes que serán mis nuevos amigos, pero Lady Mary, Carson, Violet, Robert, Daisy o Mrs. Patmore serán los viejos amigos que recordaré en fotos o en alguna noche nostálgica en la que elija al azar algún capítulo de Downton Abbey.

Saudade de domingo #15: Novela a la vista

Cada año suelo fijarme metas. Que no las cumpla todas también suele pasarme cuando hago el repaso rápido al final del año. Una de esas en el 2015, fue escribir una novela de cero que recogiera ciertas vivencias mías de los últimos tres años. La empecé, la avancé pero todavía hay un trayecto por recorrer para terminarla. Son ya siete meses de trabajo en los que me he sumergido nuevamente en las calles de Buenos Aires, en sus bares, en charlas de vino y café que tuvieron otro derrotero en las páginas que escribo.

Aunque la novela surgió como un proyecto casi autobiográfico, las primeras semanas se encargaron de mostrarme que el calco de mis vivencias no era lo que esa historia necesitaba. Esa novela embrionaria precisaba de más aciertos, más fracasos, más calle y por supuesto, más tiempo de distancia entre todo lo vivido en Argentina y lo que vivo actualmente en Guayaquil. Como resultado tengo entre manos una novela que no sabría bien cómo definirla en este momento que me encuentro más a o menos a mitad de camino. No se casa con ningún género específico y la influencia cinematográfica y musical son indiscutibles. Concibo esta novela con una mirada desde el cine europeo, de personajes latinoamericanos con ritmos sureños y tropicales. Es todavía prematuro hablar de certezas, pero me gusta el trayecto que van marcando los personajes en el compás dictado por la misma historia. Tiendo a enamorarme de determinadas situaciones o personajes que ya tienen un tiempo de caducidad y me debato entre darles una segunda oportunidad o cumplir con el esquema planteado. En esos momentos dejo que sea el corazón quien indique qué hacer. Ya luego vendrá una etapa de corrección, de reescritura que afinará las locuras sanguíneas. Por ahora me dejo llevar principalmente por una pulsión que me indica seguir, seguir, seguir.

Sin embargo no todo fluye siempre como me gustaría. Hay días que escribo de manera automática, en un intento desesperado por cumplir con todos los acontecimientos planeados en una escaleta, que además se ha ido modificando con el paso de los meses. Hay otros días en cambio que estoy tan sumergido en la escritura que al igual que el David Bourne de Hemingway en El Jardín del Edén, me cuesta lidiar luego con el “mundo real”. Mientras camino, veo una película o incluso dando una clase, me asalta algún pensamiento sobre la novela o pesco alguna frase que me parece que se ajusta con la escena que debo escribir. Para esos momentos ya suelo estar preparado con una libreta a la mano para no dejar escapar ese “pez dorado” del que habla David Lynch al referirse a atrapar las ideas. A veces sirve, otras veces funciona mejor para otros proyectos, pero el asunto es estar conectado el mayor tiempo posible. Es un desafío, por supuesto.

No sé todavía en qué decantará la novela finalmente, por el momento me gusta tener el deseo y la obligación de escribirla, de diseñar las escenas, de elegir los verbos apropiados para conducir la narración. Puede que en los próximos meses la termine y la condene en un cajón para siempre, la reestructure para otro formato o se cambien sustancialmente ciertos momentos de la trama. Será el mismo universo narrativo quien decida y me imponga el cumplimiento de las leyes que yo mismo le he creado.