Saudade de Domingo #19: No me gustan los domingos

No recuerdo cuándo empezó mi molestia hacia los domingos pero seguro que fue desde la época de la escuela. Marcaba la antesala de las clases y la muerte del fin de semana. Día híbrido de descanso y preparación para la semana que venía. Conservaba los resquicios alegres del sábado hasta más o menos las cuatro de la tarde. De ahí en adelante, con la agonía del sol, venía también la pesadumbre de las actividades estudiantiles -ahora laborales- y esa hora absurda del atardecer, hacía mella en mí en forma de angustia, de un vacío extraño que aun hoy no logro superar aunque he aprendido a manejarlo mejor.

No en vano estoy casi en los 30 (menos mal). Tengo más conciencia de mí desde hace algunos años, cuando emprendí por espontánea voluntad la ardua tarea de intentar conocerme y preguntarme cómo reacciono, cómo me siento, qué quiero e inexorablemente surgió como interrogante mi aversión a los terribles domingos. Para evitarme la angustia/ansiedad que me producían, busqué mecanismos para ignorarlos: iba al cine, al teatro, pasaba en algún café mientras el domingo fallecía y así disminuir su peso haciendo otras actividades. Sin embargo el mal seguía al acecho. Viendo alguna película, recordaba fugazmente la caída del domingo y me esforzaba por volver a la historia. No siempre lo lograba y me quedaba con esa rara sensación de suspensión, de mutismo en la que no consigo actuar ni hacer nada.

Luego empecé a mirar la muerte de los domingos como algo para estudiar. Empecé a fijarme qué me pasaba corporalmente, qué raras sinapsis hacían mis neuronas mientras el reloj avanzaba hacia las seis de la tarde. La respiración se agitaba un poco, empezaba a pensar en todas las tareas pendientes que juraba hacer desde el viernes por la tarde y me agobiaba con la acumulación de trabajos que se vendrían por el peso de la misma semana. También me fijé que me volvía ridículamente sensible, sobre todo con películas medio lloronas o recordando hechos con amigos, amigas, familiares que ya no están. Son las horas en las que más suelo sentir nostalgia y las horas donde suelo escribir de forma más azucarada. Me retumban en la cabeza las melodías más tristes de las que puedo tener registro y todo mi yo se convierte en un raro personaje de tragedia griega. Ya aprendí a no darme mucha bola en esas circunstancias. Con la tristeza encima ahora soy capaz de decirme como si le hablara el yo del san viernes a eso yo quebradizo dominical: “Es domingo, ya pasará”. Y en efecto pasa. El lunes, aun con todo la fiaca que representa, resulta mi salvación, la prueba de que logré superar al domingo cruel por su carencia.

Con más conciencia de mi súbito cambio de personalidad cuando llega el domingo, me suelo preparar con películas, series, libros o salidas que hagan que mi cerebro olvide la presencia del fatídico día. Cuando lo consigo, me alegro ya en la cama, antes de dormir, de haber pasado un domingo sin melancolía, sin haberme torturado. Quizás por eso decidí escribir esta columna todos los domingos. Para forzarme a estar en mí, sintonizado, pero sin caer al precipicio. Escribir es un poco luchar contra los domingos, ficcionalizar es el arma de combate para aplacar los estragos de esos días. Y cuando no lo consiga hacer, me tocará enfrentarme solo, recordándome que ya pasará y que el lunes me salvará.

Desde esta ventana

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Facultad de Derecho, UCA. Octubre-Diciembre, 2014. En una de las amplias salas del último edificio de la universidad, contemplaba Puerto Madero mientras escribía los guiones de la serie de TV con la que me gradué de Magíster en Comunicación Audiovisual.

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Sábado de Primavera

Veo la ciudad hermosa, dueña de un sol brillante, la gente feliz, los colores vivos inundan este lienzo en las márgenes del Río de la Plata. Los bosques de Palermo se han teñido de Renoir, sin embargo yo me ahogo en mis letanías, me siento un vampiro expuesto a la luz.
No me contagio de alegría, mi cabeza no me da tregua, quisiera descansar, pareciera que voy a explotar. Un géiser pasivo circula por mis neuronas… 
Disfruto en el dolor de lo que la vida me quitó…

La trampa del recuerdo

Siempre decimos a alguien que se va, que lo/la extrañaremos, que nos veremos pronto, pero en realidad son palabras que pierden su peso una vez enunciadas. Uno se comienza a acostumbrar a la ausencia a tal punto que se vuelve más fuerte que la misma presencia. Uno la va a alimentando, se solaza con la distancia, se embriaga con la nostalgia y al final no sabemos si realmente queremos a esa persona o queremos a la proyección que hemos creado de ella misma. Es convertirnos un poco en el Dr. Frankenstein, suavizando los errores e intentando proyectar lo mejor de aquella creación. Lo interesante y conflictivo es cuando la creación se enfrenta al objeto real y te das cuenta de cómo te percibes en el mundo.

Vivement Dimanche

Los domingos me deprimen. No importa lo que haga en el día, lo feliz que haya pasado, las minúsculas metas que haya logrado cumplir. Siempre termino a una determinada hora de la noche en una especie de trance depresivo, que me lleva a evocar personas (personajes), situaciones que quizás un viernes me arrancarían una sonrisa pero que en domingo me arrancan una lágrima.

No es nostalgia en domingo. Es melancolía y todo aquello que se produce en ese estado es un zombie de creación. Está mutado, es radioactivo. No sirve, pero hay que desechar. Debo vomitar esas letras ácidas que no me dicen nada, que producen náuseas y que se malogran al contacto del papel.

No se puede remediar. Los domingos son dañinos. En especial cuando son húmedos y con un embriagante olor a tierra mojada. Ese vapor me envuelve, hiede mis pensamientos, pixelea mis fotogramas. Un trance que puede durar diez o quince minutos pero con un cansancio que dura hasta las primeros rayos del adormitado lunes.

Miércoles de Nostalgia

He pasado parte de la mañana acurrucado de frío en la oficina frente a mi máquina en la que se reflejan líneas y líneas de historias cruzadas. Hoy me he sentido particularmente conmovido, sensible, he percibido un clima un aliento de nostalgia, de melancolía. Me he refugiado en la canción Pedaco de Mim, que la he repetido una y otra vez como suelo hacer cuando una melodía llega a moverme mucho por dentro. Esta canción tiene una particular importancia, me evoca muchos recuerdos de hace años atrás, me induce a una nostalgia de momentos que no necesariamente han sido míos (¨nostalgia prestada¨).

Hoy la recepción de esta melodía ha sido diferente…Me ha evocado otras cosas, casi no he recordado las primeras emociones que me provocó esta canción hace años. Hoy la canción se ha poblado con nuevas emociones, nuevos personajes, nuevos recuerdos. Sigue siendo nostalgia, no hay duda, pero de otro tipo, una más acorde a mi contexto, a mi vida actual. No es que una sea mejor o peor. Son nostalgias diferentes.

Hacía tiempo que había cancelado de mi repertorio musical esta canción, quizás porque no quería evocar esos recuerdos de antaño, pero hoy el ambiente, el clima, mi estado de ánimo, me obligaron a poner play. Desde el inicio fue diferente. Me queda claro que esta canción es maravillosa, nostalgia pura pero como la misma letra dice ‘a saudade é o pior castigo’. Muchas veces creo que es así. La nostalgia puede ser un castigo cuando se narcotiza, cuando muta…

Melancolía

A veces siento que las fuerzas se acaban, que la nostalgia da paso a una amarga melancolía, a una negra bilis que nubla mis pensamientos, mis recuerdos… No lo puedo evitar, es una fuerza mayor que viene del exterior o del interior…

Sí, creo que viene de adentro… Tengo el alma cuarteada, resquebrejada… Cargo con muchos personajes a cuestas, con sus propios sueños, deseos, frustraciones. Aun no logro desprenderme de todos. Ahora estoy intentando desembarazarme de unos cuantos.

La creación de un nuevo personaje es algo inevitable y también doloroso. Nuevos estigmas, nuevos dolores deberé cargar… En estos días he estado pensando en ellos, en cuántos tengo, en cuántos deje ir y cuántos pululan en mí esperando su turno de salir… Quisiera vaciarme, abandonarlos a su suerte y descansar un poco, sólo un poco, al menos por unas cuantas horas, hasta que vuelva a generar otras historias y personajes…