Saudade de domingo #5: Mi nuevo teclado, Volver al Futuro y mi graduación

El miércoles 21 de octubre, además de la llegada del futuro (a propósito de la peli Back to the Future II) tuvieron lugar dos momentos para mí muy importantes: el primero, un nuevo teclado para mi compu y el segundo, quizás el más visible, mi graduación de maestría.

Empiezo por mi teclado. Quizás no debería ser motivo de mucha alegría y menos para dedicarle unas líneas, pero vale decir que si no fuera por el nuevo teclado no podría escribir libremente estas palabras. Pasé durante meses confinado a un teclado bluetooth que colocaba encima del teclado dañado de mi MacBook Pro. De un día al otro, en alguna noche de enero, las letras O, P, L, 9, 0, más las flechas de movimiento dejaron de accionar. Tomé conciencia que no podría hacer nada FullSizeRender-2cuando intentaba ingresar mi clave y como esta contenía una de las letras mencionadas más arriba, no conseguía entrar al sistema. Ahí fue cuando empezó mi relación forzosa con el teclado bluetooth. Mi laptop dejó de serlo para convertirse en una especie de Frankenstein, que llamaba la atención en cualquier parte. Pensé que sería fácil de arreglar, pero todos los técnicos que consulté me dijeron de forma unánime: «Tenés que cambiar todo el teclado porque el circuito está muerto». No entendía bien eso del circuito pero sonaba a una especie de cáncer terminal, una metástasis en el teclado que me condenaba al teclado bluetooth por tiempo indefinido.

Volví a vivir en Guayaquil y los técnicos de allá me dieron el mismo diagnóstico: «Hay que cambiar el teclado». Así que me puse a la tarea de buscar teclado para mi compu de finales del 2008. Las posibilidades de encontrar uno que además fuera en español y para una MacBook de 15 pulgadas eran casi nulas. Encontré varios en inglés, para 13 pulgadas, modelos más recientes. Parecía una causa perdida. Vine a Argentina en agosto por un viaje académico y me di a la caza por Mercado Libre de todas las ofertas de teclado para MacBook. Parecía haber encontrado el ideal a través de un proveedor, pero a último momento me dijo que para el modelo de finales de 2008 ya no tenía y que probablemente le llegaría en septiembre.

Regresé a Guayaquil, me hice la idea de seguir con el bluetooth hasta que un día recibí un mail del proveedor informándome que ya tenía mi teclado. Le pedí que me espere hasta octubre cuando volvería a Argentina por mi graduación de maestría. Intercambiamos números para seguir en contacto hasta que este martes 20 le dejé mi laptop para que procediera con el trasplante de teclado. Mientras buscaba una camisa para el traje de la ceremonia de graduación, pensaba en mi teclado. ¿Será que volvería a deslizar los dedos directamente sobre mi laptop? FullSizeRender¿Volvería a escuchar el sonido de las teclas de la MacBook mientras escribía? (perdón, parezco un poco frívolo, pero el tecleo es muy importante para mí mientras escribo) ¿No se dañaría otra cosa en el intento de extirpar el viejo teclado y colocar el nuevo? El miércoles 21 a la mañana retiré mi compu. Me la entregó la madre del proveedor. La señora no entendía bien mi alegría desmedida por el teclado nuevo y como si tuviera la necesidad de compartir mi emoción con alguien, le dije antes de irme que iba a “jubilar” al teclado bluetooth. La señora, en su instinto maternal, sólo atinó a decir: “Y guardalo de todas formas, por si lo necesitás en algún momento”. Lo guardaré pero espero no necesitarlo sobre mi laptop nunca más.

Por la tarde de ese mismo miércoles fue la ceremonia de graduación (acto de colación como dicen en la UCA). Si bien ya había defendido mi tesis en diciembre 1921907_10207785258128352_3884154450082152668_ny en teoría ya era magíster desde entonces, la ceremonia era el ritual necesario para confirmar ante una sociedad que ya poseía el título. Siempre he sido escurridizo en este tipo de eventos, me siento incómodo, ser el centro de miradas me pone un tanto nervioso, pero era parte del protocolo esperar a ser llamado, subir al escenario, recibir el diploma simbólico de las manos del director de la maestría y volver al asiento. Fue la oportunidad de verme con dos amigos de la maestría y de encontrar con sorpresa a varias ex alumnas que se recibían de licenciadas en Periodismo. Volvía a sentirme en casa.

No tuve a mi familia en la ceremonia pero cuatro amigos míos estuvieron ahí “haciéndome el aguante”. Puedo decir que fue un bonito cierre de ciclo que se12106988_10153001117821486_4511908170201835477_n abrió en marzo de 2012, cuando en una maleta cargada de sueños venía a Buenos Aires con la intención de cruzar una maestría. Sentí ese miércoles un sabor a fin de ciclo, como cuando la serie está al fin de una temporada. Mirando para atrás, mucha agua ha corrido y la verdad que volvería a hacer todo de nuevo, con los aciertos y los errores.

La vida continúa y un ciclo que se cierra da paso a otros, al fiel estilo del Camino del Héroe de Vogler. Con un teclado nuevo y la maestría concluida, puedo vivir el presente en el futuro que Zemeckis y Spielberg diseñaron en Back to the Future II.

Saudade de Domingo #4: Buenos Aires, te amo

Una primavera dormida, subyugada por un invierno moribundo. Así me recibe Buenos Aires con mínimas entre 12 y 14 grados, con máximas de 20 y 22. Pasaron apenas dos meses desde la última vez que estuve y siento más frío ahora que en agosto. No la paso mal porque amo sentir frío, algo de lo que mis colegas pueden dar fe cuando en la oficina pongo el aire acondicionado a 17 grados. Sangre caliente, temperatura alta, falla fisiológica, error del sistema, no lo sé. El asunto es que Buenos Aires me recibe con frío. No es una venida cualquiera. Regreso para participar del acto de colación (acá le dicen así a la ceremonia de graduación) de mi maestría en Comunicación Audiovisual, que comencé en el 2012.

Captura de pantalla 2015-10-18 a la(s) 13.01.50Si bien en agosto estuve acá por motivo de un viaje académico, este regreso tiene otro sabor. Es como una especie de fin de ciclo y con ello, han surgido emociones encontradas, recuerdos inesperados que me han asaltado en una calle, en un café, en alguna charla. Se trata de un regreso a una ciudad que es para mí, mi segundo hogar. Mirando atrás me encuentro pegado al GPS del celular, consultando mapas, tomando colectivos con desconfianza y aprendiendo nombres de calles y lugares que me sonaban agrios. Ahora cada una de esas calles y lugares guarda un recuerdo especial, de esos que arrancan una sonrisa ligera. Buenos Aires pasó de ser la ciudad de mis estudios a la ciudad de mis afectos.

No todo fue fácil tampoco, ni todos los recuerdos fueron agradables. Sentí en carne propia el agobio que produce toda ciudad grande, la sensación del anonimato y los vaivenes propios de una economía latinoamericana. Así como en cualquier relación, no se puede separar lo lindo de lo triste. Buenos Aires es para mí alegría, euforia, amor, pero también es melancolía, carencia  y aspereza.

La última gran capital de Sudamérica me modificó, yo entré en ella y ella entró enCaptura de pantalla 2015-10-18 a la(s) 13.02.50 mí. Nos fusionamos en un raro abrazo de tres años, nos apretujamos los huesos, lloramos, sudamos, nos escupimos a la cara también para luego volver a un cálido abrazo de verano. Me acurruqué en sus vericuetos de Retiro y Recoleta, descansé en sus bosques palermitanos, caminé enojado maldiciendo en Chacarita, pasé horas leyendo sobre ella en los colectivos y subtes. Nuestra relación siempre fue de pasiones extremas, nunca de medias tintas.

Volver a ella es reencontrarme, saberme vulnerable, extranjero nuevamente pero de alguna manera, un poco parte de esta ciudad. Me siento en casa, rodeado de amigos, con ganas locas de quedarme otra vez y vivir todo de nuevo. Este regreso me ha sorprendido meditativo, enajenado a momentos. Buenos Aires tiene ese raro encanto de nunca dejarte indiferente y creo que es eso justamente lo que nos ata. Seguimos aprendiendo de los silencios, de los caminos, del clima enrarecido y yo no puedo hacer más que regresar, tocarla de nuevo y seguirme preguntando quién soy junto a ella.