Saudade de Domingo #71: El mejor momento es ahora

Igual que en la escritura audiovisual: No hay pasado, no hay futuro, siempre se narra en presente porque la película, la serie, la telenovela, sucede ahora ante los ojos del espectador. Este quizás ha sido uno de los aprendizajes más nobles del guion que he podido palpar en la vida real y aunque no siempre lo pongo en práctica (porque amo la saudade, el pasado), las situaciones que se interponen en el camino, me recuerdan que el tiempo precioso es el presente simple del modo indicativo.

Me explico mejor. Justamente para la entrada 71 de Saudade de Domingo, había escrito un artículo diferente a este. Lo escribí, lo corregí, hice varios ajustes, conseguí las fotos adecuadas, me arriesgué empleando algunas analogías que a mi juicio eran interesantes, tomé como base un texto que estoy leyendo, pero como pensaba que debía trabajarlo un poco más, decidí que era mejor dejarlo descansar y retomarlo más tarde. Pasaron algunas horas, llegó el atardecer, me puse a corregir algunas cosas y cuando decidí guardar el post para publicarlo, algo en el medio pasó con la conexión a internet y se borró el cuerpo del texto. Sólo quedó el título. Me sentía tan feliz por el post que había escrito que obviamente con su desaparición, me sentí por el piso. Algo paradójico porque el post que había escrito tenía que ver con tener una vida creativa, con la curiosidad de un niño y tratando de mantener el optimismo ante todo. Renegué por unos cuantos minutos, intenté recuperar el borrador anterior pero como ley de Murphy, nada se pudo hacer. El artículo se licuó entre el lenguaje de programación del WordPress. Y justo como esta vez, no había hecho respaldo en ningún procesador de texto en mi compu.

Intenté reescribir el texto, pero por mi propia frustración, las ideas no me venían, me recriminé no recordar nada y amargado, dejé a un lado las ganas de reescribir. Con mi mente pesada del momento, nada que escribiera iba a ser mejor que lo que había escrito. Al desaparecer el artículo, se había vuelto etéreo y por tanto, perfecto en idea.

Fue entonces cuando decidí hacer algo «mejor». Contar lo que me había pasado (lo que estoy haciendo ahora) y aprovechar el bajón para hablar sobre el aquí y ahora. Si hubiera publicado el artículo más rápido, quizás ahora estaría publicado y no se habría perdido. Ese afán de siempre corregir, siempre pulir, mejorar, terminó por desaparecer el artículo y como consecuencia ya no hay nada de él. Recordé entonces a Elizabeth Gilbert, autora de un libro que estoy leyendo ahora, Big Magic, en el que dice que el mayor obstáculo para llevar una vida creativa es el miedo. En este caso me dominó el miedo de que mi artículo no estuviera bien y por eso no lo publiqué enseguida.

Así que bueno, me he puesto en esta tarea de contar lo que sucedió, escribiéndolo de una forma visceral. No sé si después me arrepienta de todo lo que he escrito, pero creo que me gustará tener en mi blog este artículo para recordarme la importancia del aquí y ahora, ejecutando, haciendo, escribiendo. Pensando en esto recordé el pasaje de una entrevista que le hicieron a Gilbert en el que ella decía:

No quiere decir que todo va a salir perfecto y que va a ser todo lindo pero si al final del día, cuando haces el balance, te preguntas: ¿es mejor hacer esto que no hacerlo? Si tu respuesta es sí, entonces estás en el camino correcto.

Mi respuesta ha sido sí, vale la pena hacerlo antes que no hacer nada y sólo fantasear. Podía haberme quedado con la idea de lo bueno que fue el artículo pero decidí usar la frustración para crear este post. Pensando también en esa respuesta afirmativa a la pregunta de Elizabeth Gilbert, ayer por la noche me obligué a sentarme delante de mi compu y terminar el tercer y último acto del guion que estoy escribiendo. Al inicio me sentía frenado, pero luego los personajes fueron hablando con su impronta, la escritura fluyó, el miedo quedó a un lado hasta que digité la palabra «Fin». El primer borrador del guion es una escala dentro del proceso de maduración de la historia pero ya he dado el primer gran paso que fue sacar a los personajes de mi cabeza y llevarlos al papel. Luego de varios años pensando en ellos ahora han encontrado asilo en el guion. Ya he empezado a hacer algunas anotaciones para el segundo borrador y dentro de unos días me pondré en ello. Este es un largo viaje pero que me llena de satisfacción de haber emprendido.

No sé si este artículo es mejor que el que se perdió pero lo único cierto es que este es el que existe ahora y ya solo por eso, por ser el sobreviviente, el del presente, es el mejor.

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Llegar a este punto en un guion, es uno de los momentos más gratificantes. Es el inicio de un largo viaje con muchos altos y bajos, como cualquier proceso creativo.

Saudade de Domingo #52: Siempre en presente

«No gerundio, no pretérito, no futuro, siempre presente», he perdido la noción de cuántas veces he dicho esto a mis estudiantes en las clases de Guión. Hoy he hecho las últimas correcciones en la versión 10 del guion de una estudiante de maestría a la que dirijo en su proyecto. Su guion es ya prácticamente la versión final y estoy satisfecho con el resultado obtenido a lo largo de dos años de tutoría. Y justo hoy, en su documento de tesis, me encuentro con el storyline de su guion, escrito en algunas partes en futuro. Inmediatamente vino mi comentario: «Nunca se escribe en futuro, siempre en presente». Miré lo que escribí en la pantalla con el cursor titilante, observando la palabra presente varias veces y cada vez era más grande, como si mis ojos hicieran un zoom in a esa palabra: PRESENTE – PRESENTE  – PRESENTE. La importancia del aquí y ahora, donde el pasado no está ni el futuro se conoce. En toda película se vive en un presente eterno. Por más que los personajes tengan traumas del pasado o incluso la película lleve años de estrenada, las escenas suceden aquí y ahora, en el preciso instante en que un espectador mira el hecho y acompaña su alma con la de los personajes. Puede que Marlon Brando esté físicamente en otro plano, pero cada vez que vea Un Tranvía llamado Deseo o El Padrino, Stanley y Vito Corleone estarán ahí. Y el patriarca italiano volverá a vivir una y otra vez en tanto repita la película para mi propio deleite.

A pesar de esta gran enseñanza que da el guion y el cine, resulta difícil enfocarse sólo en el presente. Siempre cargamos con el pasado pesado (¡viva la cacofonía!) y vivimos proyectando un futuro como si quisiéramos ser marionetas de nosotros mismos. Como si predecir los pasos o anticiparse fuera sinónimo de éxito garantizado. A veces el mismo destino tiene preparado algo mejor… o algo peor. Pero claramente, no se puede vivir proyectando porque se pierde la maravilla del ahora y ahí se cae en ese círculo vicioso de saudade. Añorar el pasado porque en realidad fue alguna vez un presente que no se disfrutó plenamente. Así que uno está recriminándose el pasado o resguardándose del futuro. Y del presente nadie se ocupa porque es esa cosa molestosa que tengo adelante y que aparentemente no me da perspectiva. Debería ser una lección fácil de aprender la del vivir en el aquí y ahora, sin embargo es una de las más complejas empresas de lograr.

Y es tan medicinal cuando uno logra por momentos vivir en el ahora, olvidando, dejando la carga del pasado y dejando que el futuro se encargue de sí mismo para recibirlo pleno cuando se vuelva presente. Es hermoso caminar de la mano con quien amas, tomar un café en soledad con libros, viajar, salir con amigos un sábado por la noche, ver una película siendo parte de ella, hacer el amor olvidándolo todo y estar solo ahí con esa persona en ese momento único de conexión. El presente es ese amigo al que nunca se valora, pero al que se extraña cuando está en ausencia (en pasado).

Y volver al guion, siempre me recuerda que debo estar aquí y ahora, preocupado sólo de escribir estas líneas, enfocando mi ser en estas palabras. Lo que haga después ya se verá. Pero ahora escribo y quien me lee está en este momento presente leyendo. Estamos hilados por este presente, como si un guionista escribiera la escena y debiera narrar en tiempo presente la acción de Ud. que lee y yo que escribo.

El presente une lo que el pasado y el futuro separan.

Saudade de domingo #5: Mi nuevo teclado, Volver al Futuro y mi graduación

El miércoles 21 de octubre, además de la llegada del futuro (a propósito de la peli Back to the Future II) tuvieron lugar dos momentos para mí muy importantes: el primero, un nuevo teclado para mi compu y el segundo, quizás el más visible, mi graduación de maestría.

Empiezo por mi teclado. Quizás no debería ser motivo de mucha alegría y menos para dedicarle unas líneas, pero vale decir que si no fuera por el nuevo teclado no podría escribir libremente estas palabras. Pasé durante meses confinado a un teclado bluetooth que colocaba encima del teclado dañado de mi MacBook Pro. De un día al otro, en alguna noche de enero, las letras O, P, L, 9, 0, más las flechas de movimiento dejaron de accionar. Tomé conciencia que no podría hacer nada FullSizeRender-2cuando intentaba ingresar mi clave y como esta contenía una de las letras mencionadas más arriba, no conseguía entrar al sistema. Ahí fue cuando empezó mi relación forzosa con el teclado bluetooth. Mi laptop dejó de serlo para convertirse en una especie de Frankenstein, que llamaba la atención en cualquier parte. Pensé que sería fácil de arreglar, pero todos los técnicos que consulté me dijeron de forma unánime: «Tenés que cambiar todo el teclado porque el circuito está muerto». No entendía bien eso del circuito pero sonaba a una especie de cáncer terminal, una metástasis en el teclado que me condenaba al teclado bluetooth por tiempo indefinido.

Volví a vivir en Guayaquil y los técnicos de allá me dieron el mismo diagnóstico: «Hay que cambiar el teclado». Así que me puse a la tarea de buscar teclado para mi compu de finales del 2008. Las posibilidades de encontrar uno que además fuera en español y para una MacBook de 15 pulgadas eran casi nulas. Encontré varios en inglés, para 13 pulgadas, modelos más recientes. Parecía una causa perdida. Vine a Argentina en agosto por un viaje académico y me di a la caza por Mercado Libre de todas las ofertas de teclado para MacBook. Parecía haber encontrado el ideal a través de un proveedor, pero a último momento me dijo que para el modelo de finales de 2008 ya no tenía y que probablemente le llegaría en septiembre.

Regresé a Guayaquil, me hice la idea de seguir con el bluetooth hasta que un día recibí un mail del proveedor informándome que ya tenía mi teclado. Le pedí que me espere hasta octubre cuando volvería a Argentina por mi graduación de maestría. Intercambiamos números para seguir en contacto hasta que este martes 20 le dejé mi laptop para que procediera con el trasplante de teclado. Mientras buscaba una camisa para el traje de la ceremonia de graduación, pensaba en mi teclado. ¿Será que volvería a deslizar los dedos directamente sobre mi laptop? FullSizeRender¿Volvería a escuchar el sonido de las teclas de la MacBook mientras escribía? (perdón, parezco un poco frívolo, pero el tecleo es muy importante para mí mientras escribo) ¿No se dañaría otra cosa en el intento de extirpar el viejo teclado y colocar el nuevo? El miércoles 21 a la mañana retiré mi compu. Me la entregó la madre del proveedor. La señora no entendía bien mi alegría desmedida por el teclado nuevo y como si tuviera la necesidad de compartir mi emoción con alguien, le dije antes de irme que iba a “jubilar” al teclado bluetooth. La señora, en su instinto maternal, sólo atinó a decir: “Y guardalo de todas formas, por si lo necesitás en algún momento”. Lo guardaré pero espero no necesitarlo sobre mi laptop nunca más.

Por la tarde de ese mismo miércoles fue la ceremonia de graduación (acto de colación como dicen en la UCA). Si bien ya había defendido mi tesis en diciembre 1921907_10207785258128352_3884154450082152668_ny en teoría ya era magíster desde entonces, la ceremonia era el ritual necesario para confirmar ante una sociedad que ya poseía el título. Siempre he sido escurridizo en este tipo de eventos, me siento incómodo, ser el centro de miradas me pone un tanto nervioso, pero era parte del protocolo esperar a ser llamado, subir al escenario, recibir el diploma simbólico de las manos del director de la maestría y volver al asiento. Fue la oportunidad de verme con dos amigos de la maestría y de encontrar con sorpresa a varias ex alumnas que se recibían de licenciadas en Periodismo. Volvía a sentirme en casa.

No tuve a mi familia en la ceremonia pero cuatro amigos míos estuvieron ahí “haciéndome el aguante”. Puedo decir que fue un bonito cierre de ciclo que se12106988_10153001117821486_4511908170201835477_n abrió en marzo de 2012, cuando en una maleta cargada de sueños venía a Buenos Aires con la intención de cruzar una maestría. Sentí ese miércoles un sabor a fin de ciclo, como cuando la serie está al fin de una temporada. Mirando para atrás, mucha agua ha corrido y la verdad que volvería a hacer todo de nuevo, con los aciertos y los errores.

La vida continúa y un ciclo que se cierra da paso a otros, al fiel estilo del Camino del Héroe de Vogler. Con un teclado nuevo y la maestría concluida, puedo vivir el presente en el futuro que Zemeckis y Spielberg diseñaron en Back to the Future II.