Saudade de Domingo #98: Regresar al alma mater

El 16 de abril de 2004, marcó sin saberlo, un antes y después en mi «formación» de personalidad. Fue mi primer día de clases en la universidad y aunque estaba consciente a mis 18 años de la nueva vida que empezaría, no sabía en ese momento lo importante que sería para mí iniciar mis estudios de Comunicación Audiovisual en Casa Grande.

Como ya conté por acá, la escuela y el colegio no fueron etapas muy agradables. Siempre me sentí muy ajeno, diferente a mis compañeros. Al entrar a la universidad conocí a mucha gente con mis propios intereses y obviamente gente muy diversa pero con la que podía establecer comunicación a otros niveles. Aprendí en la universidad el respeto a la diferencia, aceptar a los otros y lo más importante, aceptarse a uno mismo con ese puñado de virtudes y defectos que cada uno carga a cuestas.

IMG_9324

Ayer sábado se celebró en la universidad una jornada de integración de ex alumnos, llamada Puerto Toronja, a modo de continuación de Puerto Limón y Puerto Naranja. Son actividades lúdico-pegagógicas que todos los estudiantes de la Universidad Casa Grande realizan en diferentes momentos de su carrera. Son actividades que buscan durante un día o dos colocar a los estudiantes en escenarios profesionales que simulan la vida real a través pedidos de clientes reales o ficticios. Aunque son actividades «serias», llevan el distintivo lúdico que caracteriza a Casa Grande. Cada Puerto viene acompañado de una temática, que es un pretexto para transformar físicamente la universidad y una excusa para disfrazarnos todos (y cuando digo todos, va desde la cúpula directiva hasta los estudiantes, pasando por el personal administrativo y docente). Así, a lo largo de ya 25 años, la universidad ha tenido puertos con temáticas como Star Wars, los Aztecas, Juego de Tronos, los Vikingos, entre otros.

IMG_9325

IMG_9347Puerto Toronja surge como un proyecto final de alumnos de tesis con la idea de reunir a los ex alumnos, a aquellos que hoy son ya profesionales y que muy en el fondo de sus corazones recuerdan con cariño a la universidad y a las actividades que en ella realizaron. Ayer se vivió una jornada interesante de muchos ex alumnos, de diferentes generaciones pero teniendo en común ese espíritu casagrandino: descontracturado, divertido, creativo, sagaz, investigador.

IMG_9366
Souvenir de Puerto Toronja. El relojito de abajo era el «terror» de las presentaciones que hacíamos cada semestre en la instancia de Casos, una actividad en la que se suspendían las clases durante dos semanas para realizar un proyecto en grupo.

No pude participar del puerto porque tuve que dar clases durante la mañana ahí mismo en Casa Grande, pero sí pude ver las últimas actividades y la fiesta posterior. Fue lindo reencontrarse con amigos de otras épocas, con profesores que ahora son colegas, ex alumnos que ahora son profesionales también. Tuve saudade de mis tiempos de estudiante, de pelo largo, de jeans rotos, barba tupida y de grandes sueños. En medio de la música, de las charlas de recuerdo, de las cervezas, pensé en todos los años que llevo en la universidad desde que empecé en ese 2004. Le debo mucho de lo que soy a Casa Grande. Puedo ser serio y cómico a la vez, estricto y permisivo, investigador y creativo, paradojas habituales con las que convivimos profesores y estudiantes en la universidad. Casa Grande es una universidad pequeña, de corazones grandes y cabezas brillantes (sorry la poca modestia). Tratamos de hacer posible lo imposible en una ciudad tropical como Guayaquil y siempre buscamos generar algún cambio, que es algo que todos aprendemos desde nuestro primer día de clases. Lo viví desde mi primer día de clases como estudiante y es lo que intento hacer ahora desde la docencia.

No exagero cuando digo que debo mucho a Casa Grande en cuanto a mi personalidad. Hice muchos cortos escritos y dirigidos por mí, pasé muchas horas en su biblioteca, me enamoré varias veces en sus pasillos, pasé madrugadas haciendo proyectos, ensayando obras de teatro. Terminada la carrera a fines del 2008, mientras trabajaba en un canal de TV empecé a dar clases y como pocas veces en la vida, fui firme con ese canal al decirle que no pensaba quedarme nunca horas extras, porque tenía mi compromiso como profesor con Casa Grande. Luego en el 2012 me fui a hacer mi maestría a Argentina y tres años después regresé a Ecuador, gracias a Casa Grande, que confío a ciegas en mí para abrazarme nuevamente.

No sé si estaré toda la vida en Casa Grande pero claramente es esa madre académica, que  cobija, protege, que sabe soltar y que siempre estará feliz de recibir de vuelta a sus hijos. Pensar en la universidad siempre me hace sonreír y vivir jornadas como la de ayer ma despertaron una oleada de recuerdos.

Fue una sobredosis de saudade, de la buena.

Saudade de Domingo #62: El deber cumplido

«El show debe continuar», es una frase que a modo de mantra he logrado hacer carne desde la época en que hacía teatro en la universidad como estudiante con Marina Salvarezza. En cada montaje siempre surgían problemas, inconvenientes que amenazaban la realización de determinada obra, pero con Marina a la cabeza siempre repitiendo «the show must go on, chicos», todo parecía arreglarse. Aquello más difícil de resolver, de repente tenía solución y eso, obviamente sucedía porque había un trabajo en equipo.

Recientemente en la facultad, hicimos Guayaquil de mis amoresun evento que mis estudiantes de Producción Dramática 2 hicieron el año pasado para proyectar la película que hicieron durante el curso y que este año, por deseo de la Facultad, tomó mayores proporciones con la nueva generación de alumnos, involucrando además otro tipo de productos realizados por estudiantes. Así, tuvimos obras de teatro, exposición fotográfica, instalación sonora, charlas,  lectura de cuentos, además de la película, que fue la cereza del pastel luego de casi 12 horas de actividades.

20032112_1987115271522882_4458856470221878523_n.jpg
Logo de Guayaquil de Amores, de la peli y el evento

Hubo muchos inconvenientes en medio de la realización, a momentos quise mandar todo por la borda pero las palabras de Marina de años atrás me recordaban mi propia experiencia. De hecho, Pa et blunk, el monólogo que monté con Itzel Cuevas el año pasado, también pasó por momentos difíciles en los que también quise tirar la toalla, pero el mantra «el show debe continuar» me hacía seguir adelante, con lágrimas, desazón, con malestar físico (Guayaquil de mis amores me ha dejado muy jodido de la columna) y así pudimos llegar al jueves 20 de julio con una sala llena viendo la película que los estudiantes realizaron durante un período de tres meses. Sí, tres meses. Los chicos, son unos ganadores y en función de esa entrega, de ese entusiasmo, el evento debía salir bacán, debía hacer que un público viera el trabajo por el que los chicos se han amanecido, han sufrido y por el que también, vale decir, se han divertido.

Al igual que con el grupo del año pasado, cuyo evento fue mucho más modesto aunque no por eso menos cálido, siempre me quedo con la sensación de un nexo familiar con los estudiantes. Es como si la cantidad de horas que pasé junto a ellos y junto a «Pachukis» (mi amiga y colega con la que llevamos este proyecto) revisando guiones, propuestas estéticas, cronogramas, cortes de edición, nos hubiera acercado al punto de ser como una especie de familia. Disfuncional quizás, pero familia al fin. Obviamente al ser este año un evento más grande Pachukis y yo no podíamos cargar solos con semejante responsabilidad. También estuvo la facultad, con el decano, con Mafer en la logística del evento, con las gestoras de área, con Marina dando ideas para la concepción general y con los profes del área multimedia que participaron. Fue emocionante también tener la presencia de la rectora, la vicerrectora y el coordinador de la carrera de audiovisual. Era una manera simbólica de decirles a los chicos «Los queremos y estamos acá con Uds.».

El evento ha pasado, la euforia va pasando, todo empieza a asentarse a pesar de las dificultades. Queda la satisfacción del deber cumplido, de demostrarnos que fue posible hacerlo y con la convicción de que si se mejoran ciertos aspectos internos, una futura edición del evento será excelente con todo el aprendizaje obtenido. Por el momento no queda más que agradecer a todos los involucrados que apostaron en Pachukis y en mí como docentes y en los estudiantes como creadores de una película que busca mirar la ciudad con otros ojos. Recuerdo ahora las palabras del decano en alguna de las reuniones de producción que tuvimos donde dejó clara su posición frente a este evento grande que se nos venía encima: «Hacer algo nuevo siempre es un riesgo y como facultad debemos acompañar ese riesgo».

Nada más acertado. Lo nuevo siempre trae riesgos y con esa mística tratamos de que los estudiantes comprendan de que ellos son fundamentales no sólo para generar cambios en su carrera, sino en la ciudad y en el país.

Y ahora el show debe continuar, con nuevos proyectos venideros.

Godfather cumplió 45 años

17192618_714076105462955_9070566487429790102_o.jpg

El Padrino cumplió 45 años el pasado 14 de marzo. En 1972, New York recibía con gran expectativa la película a la que la crítica ya había catalogado como una obra maestra. A pesar de la nieve de esa noche, el público se agolpó al estreno para ver al gran Marlon Brando convertido en el patriarca Vito Corleone.

45 años después, Vito Corleone sigue siendo grande, el mundo cambió y la película junto a sus dos secuelas grandiosas parecen haberse actualizado también. Al igual que el vino -perdón por la analogía común- se ha añejado y ganado tamaño. Es descomunal.

Desde la Universidad Casa Grande y específicamente desde la Facultad de Comunicación donde trabajo, decidimos rendirle homenaje al Padrino, para que esos 45 años no pasaran desapercibidos. Junto a Diana Pacheco -amiga, colega, partner in crime– con quien llevo adelante el cine club Contraplano, armamos el cronograma y la ambientación del evento en el auditorio de la universidad.

Nuestro invitado de honor fue Jorge Suárez, ya un ícono en el Ecuador en cuanto a la crítica cinematográfica. Al verlo, tan generoso y apasionado por el séptimo arte no pude evitar recordar su programa Noches del Oscar, donde todos los sábado a las 22h00 presentaba las grandes películas ganadoras de todos los tiempos. Sus comentarios acerca de la producción, los entretelones me hacían delirar imaginando ese mundo de actores, actrices, platós. Quién sabe si Jorge es en parte responsable de que haya elegido hacer cine al transmitirme desde la pantalla ese amor por las películas. En todo caso, Jorge es una personalidad obligada en el Ecuador al hablar de crítica cinematográfica y en honor a esa carrera de más de cinco décadas, la universidad le otorgó una placa de reconocimiento por su trayectoria.

Fue emocionante poder ver las tres películas de El Padrino el 14 de marzo. Fue extenso también pero con un cierre lindo a través de un conversatorio en el que intervinimos Jorge, Marina Salvarezza y yo, moderados por Diana. Nuestro público fue en su mayoría la comunidad universitaria, que espero haya podido apreciar la belleza de estas películas en sus guiones, en la interpretación, en la dirección.

Es alentador también encontrarse en las páginas de un diario, resaltando la labor que hacemos. Desde el año pasado venimos llevando un cine foro todos los martes con entrada libre. A Diana y a mí nos mueve el deseo de que el cine que no llega a las salas comerciales tenga un espacio en el corazón de nuestra universidad y que el público entre, se conflictúe, se pregunte cosas, se familiarice con realidades distintas e idiomas indescifrables. Al final de las proyecciones, armamos un conversatorio a modo de diálogo con el público. Esto no solo enriquece al público sino a nosotros como organizadores, que nos saca una sonrisa ver a esos espectadores felices de haber conocido a través del cine otro punto geográfico, con rostros de actores más allá del Star System.

Luego de esta función especial de 45 años de El Padrino, nos queda el impulso para seguir con el cine foro que reinicia con fuerza este martes 11 de abril.