Saudade de Domingo #116: El aula de clase como una posibilidad

Aunque suena a frase hecha, los estudiantes enseñan también a sus profesores. Con el paso de los años, tengo más diferencia generacional entre mis estudiantes que cuando empecé a los 22. Ahora ellos me ponen al día de lo que está «in», de lo que funciona a nivel social e incluso técnico, pensando en el ámbito audiovisual. Me gusta saberme inexperto también y que sean ellos quienes terminen provocando en mí las ganas de seguir aprendiendo.

En este nuevo ciclo de clases que empieza mañana, vuelvo a tener a cargo la materia de Storytelling. Es una asignatura que armé con amor, pensando en cada clase con su parte teórica y su respectivo taller. Leí mucho para entregar un material que le sirviera al estudiante en su desarrollo profesional. De todas las materias que he tenido, debo decir que Storytelling fue una de las que más disfruté. Pude hablar en ella sobre mi pasión por la escritura, escuchar los relatos de los alumnos y ver en qué funcionaban o en qué no. Pude escuchar los comentarios de otros estudiantes que me hacían ver las historias desde otra perspectiva. Muchas veces armando esta materia, me decía: «me encantaría a mí hacer este taller con ellos». Pero bueno, parafraseando al meme famoso «luego me acuerdo que soy el profesor y se me pasa». También debo decir que en Storytelling conocí a estudiantes brillantes con los que aun hoy tengo contacto. Me encanta cuando una materia propicia luego una amistad que sobrepasa las barreras del campus universitario. No siempre sucede pero cuando pasa, lo agradezco.

Han pasado tres años desde que di esa materia, revisé el syllabus, recordé los talleres y la carta que le escribí a cada estudiante al final del curso por haberse dejado «afectar» (en buen sentido) por el trabajo de escritura. Leyendo de nuevo el syllabus me sentí otro. Miré con cariño los contenidos mientras pensaba que este año no quería replicar lo que hice en el 2016. En el transcurso de estos tres años, ha habido nuevas lecturas, nuevos escritos, talleres que cursé en diferentes lugares. De modo que el Storytelling de este año debía estar acorde con el Santiago profesor que soy en el 2019. Ahí comenzaron a emerger un sinnúmero de ejercicios, temas para explorar. La carta abierta del decano para permitirme que los estudiantes exploren su creatividad a través de la escritura, me hizo que pensara en esta materia casi las 24 horas del día. Cualquier conversación, lectura ocasional o video en Facebook era una posibilidad para convertirse en un posible taller o módulo de la materia. Tenía la misma emoción que cuando curso un taller de escritura y me invade la ansiedad por no saber lo que voy a escribir.

Aunque suelo ser bastante digital, cuando tengo proyectos nuevos (sea de clases o de escritura) necesito fijar cosas en papel. Así que cuando empecé el proceso caótico de dar forma a las clases, agarré una hoja y empecé a bocetear, primero temas generales con lecturas y videos, para luego ir depurando hasta llegar al contenido clase a clase. En ese proceso algunas cosas se han quedado afuera. Talleres que me encantaría dar pero que quizás llevarían a la clase por otro camino, lecturas que pueden ser interesantes pero que serían más pertinentes para otra asignatura. Tuve que depurar contenidos para que las clases también fueran más ligeras y permitieran la espontaneidad necesaria en una clase de escritura.

No sé lo que pasará en este ciclo de clases, no sé qué estudiantes tendré ni qué tan  dispuestos estén para arriesgarse en lo difuso que puede ser el camino del escritor. Lo que sí tengo claro es que esta materia habla mucho de mí, de lo que busco, de lo que me conmueve en este 2019. Quizás como en otros años y en otras materias, algunos estudiantes me sirvan como espejo y pueda aprender también qué taller funcionó, qué lectura fue fundamental o qué definitivamente falló. En esta materia por la estructura que tiene, el único error posible es el de no arriesgarse. Todo lo demás es bienvenido, porque afortunadamente, todo suma en el proceso de escritura.

Saudade de Domingo #62: El deber cumplido

«El show debe continuar», es una frase que a modo de mantra he logrado hacer carne desde la época en que hacía teatro en la universidad como estudiante con Marina Salvarezza. En cada montaje siempre surgían problemas, inconvenientes que amenazaban la realización de determinada obra, pero con Marina a la cabeza siempre repitiendo «the show must go on, chicos», todo parecía arreglarse. Aquello más difícil de resolver, de repente tenía solución y eso, obviamente sucedía porque había un trabajo en equipo.

Recientemente en la facultad, hicimos Guayaquil de mis amoresun evento que mis estudiantes de Producción Dramática 2 hicieron el año pasado para proyectar la película que hicieron durante el curso y que este año, por deseo de la Facultad, tomó mayores proporciones con la nueva generación de alumnos, involucrando además otro tipo de productos realizados por estudiantes. Así, tuvimos obras de teatro, exposición fotográfica, instalación sonora, charlas,  lectura de cuentos, además de la película, que fue la cereza del pastel luego de casi 12 horas de actividades.

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Logo de Guayaquil de Amores, de la peli y el evento

Hubo muchos inconvenientes en medio de la realización, a momentos quise mandar todo por la borda pero las palabras de Marina de años atrás me recordaban mi propia experiencia. De hecho, Pa et blunk, el monólogo que monté con Itzel Cuevas el año pasado, también pasó por momentos difíciles en los que también quise tirar la toalla, pero el mantra «el show debe continuar» me hacía seguir adelante, con lágrimas, desazón, con malestar físico (Guayaquil de mis amores me ha dejado muy jodido de la columna) y así pudimos llegar al jueves 20 de julio con una sala llena viendo la película que los estudiantes realizaron durante un período de tres meses. Sí, tres meses. Los chicos, son unos ganadores y en función de esa entrega, de ese entusiasmo, el evento debía salir bacán, debía hacer que un público viera el trabajo por el que los chicos se han amanecido, han sufrido y por el que también, vale decir, se han divertido.

Al igual que con el grupo del año pasado, cuyo evento fue mucho más modesto aunque no por eso menos cálido, siempre me quedo con la sensación de un nexo familiar con los estudiantes. Es como si la cantidad de horas que pasé junto a ellos y junto a «Pachukis» (mi amiga y colega con la que llevamos este proyecto) revisando guiones, propuestas estéticas, cronogramas, cortes de edición, nos hubiera acercado al punto de ser como una especie de familia. Disfuncional quizás, pero familia al fin. Obviamente al ser este año un evento más grande Pachukis y yo no podíamos cargar solos con semejante responsabilidad. También estuvo la facultad, con el decano, con Mafer en la logística del evento, con las gestoras de área, con Marina dando ideas para la concepción general y con los profes del área multimedia que participaron. Fue emocionante también tener la presencia de la rectora, la vicerrectora y el coordinador de la carrera de audiovisual. Era una manera simbólica de decirles a los chicos «Los queremos y estamos acá con Uds.».

El evento ha pasado, la euforia va pasando, todo empieza a asentarse a pesar de las dificultades. Queda la satisfacción del deber cumplido, de demostrarnos que fue posible hacerlo y con la convicción de que si se mejoran ciertos aspectos internos, una futura edición del evento será excelente con todo el aprendizaje obtenido. Por el momento no queda más que agradecer a todos los involucrados que apostaron en Pachukis y en mí como docentes y en los estudiantes como creadores de una película que busca mirar la ciudad con otros ojos. Recuerdo ahora las palabras del decano en alguna de las reuniones de producción que tuvimos donde dejó clara su posición frente a este evento grande que se nos venía encima: «Hacer algo nuevo siempre es un riesgo y como facultad debemos acompañar ese riesgo».

Nada más acertado. Lo nuevo siempre trae riesgos y con esa mística tratamos de que los estudiantes comprendan de que ellos son fundamentales no sólo para generar cambios en su carrera, sino en la ciudad y en el país.

Y ahora el show debe continuar, con nuevos proyectos venideros.