A propósito de París

IMG_2324París es un crème brûlée con sabor a madera y frutos rojos. Es un velo de novia multicolor que se traviste caprichosamente si hay sol o lluvia. Es elegante, a veces rebelde y casi siempre, intocable. Es de esas bellezas para admirar pero no para penetrar.

La recorrí hasta el cansancio, con frío, lluvia, ahogado con esa humedad gélida que sólo creía propia de una Londres victoriana. Y sí, siento saudade de París, de esas calles estrechas, mojadas, de sus panaderías en todas las dimensiones, de las conversaciones susurradas, de las parejas en las plazas, de los franceses borrachos los viernes de madrugada, de los jóvenes enloquecidos cuando el día prometía un débil rayo de sol, de los cafecitos al aire libre.

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París es dulce, es un fruto prohibido que no se debe ingerir. París es un museo al que nunca se podrá conocer desde sus raíces. Es que ya no las tiene. Se corroyeron hace mucho como el óxido en el Sena. París es contradictoria, rica, pobre, hambrienta, moribunda, amable, salvaje, decadente, pero siempre digna, elegante. París es Blanche Dubois, Scarlett O’Hara o para decirlo más mainstream, es Cate Blanchett en Blue Jasmine. Paris, como la Piaff -una de sus hijas-, ne regrette rien. No se arrepiente de nada, porque mal o bien, seduce y embruja a quien osa tocarla. Su halo de misterio invita al desvarío y así, una noche cualquiera, se da uno cuenta que París se ha clavado en el pecho.

Y luego de eso, no queda más que la lluvia. Esa lluvia lacrimógena parisina que entristece al Génie de la Place de la Bastille.

Practicar francés con una serie

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En realidad el compromiso empezó así. Ver una serie francesa y tan sólo practicar el oído, aprender vocabulario, alguna que otra expresión y ya. Debía ser una serie light, nada pesada para que pudiera ser de fácil comprensión. No recuerdo exactamente como llegué a Plus belle la vie, pero tampoco es difícil entender cómo la encontré: casi todos los caminos desembocan en esta serie ícono francesa.

Es una serie de emisión diaria cuyos  episodios duran alrededor de 22, 23 minutos y tiene como locación principal el ficticio barrio de Mistral, en Marsella. Con diálogos fáciles y personajes pintorescos, Plus Belle la vie no tiene un protagonista. Se trata de una serie coral, con muchos núcleos de personajes y que se van rotando el protagonismo en diferentes momentos de la historia. Y para ser una serie inclusiva, desde su estreno en el 2004 ha tocado diversas temáticas actuales como la xenofobia, la drogadicción, la homosexualidad, el amor en la tercera edad, racismo, el aborto, entre otras.

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Con más de 3000 capítulos que suman en total doce temporadas, Plus Belle la vie se ha ganado el corazón de un gran número de franceses por la proximidad que se siente con los personajes y por la sencillez de sus tramas. Esto también permitió que pudiera adentrarme más en el estudio del francés y es así como más allá de practicar el idioma, ahora me gusta seguir los conflictos de sus personajes. Una cosa llevó a la otra de una forma natural.

Saudade de Domingo #16: ¡Feliz cumple, Françoise!

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Hoy está de cumpleaños una de las cantantes pop más reconocidas de la música francesa. Con 72 años, es difícil pretender resumir toda la carrera de Françoise Hardy en unas breves líneas. Desde 1962 cuando salió su primer éxito Tous les garçons et les filles, no paró más de trabajar, seduciendo al mundo con su voz dulzona, de letras melancólicas y de belleza serena. No tenía las curvas de Brigitte Bardot que ponían a toda Francia de rodillas. Era más bien de un tipo andrógino, como ella misma ha mencionado en varias ocasiones. Con su estilo enmarcado a la época de la onda ye-yé, conquistó a Bob Dylan, Mick Jagger, David Bowie, Eric Clapton, entre otros. Se declaraban fanáticos de sus canciones que ella misma componía.  Su explosión musical llegó a tal punto que Woody Allen en 1965, la invitó a grabar una breve participación especial en su película What’s New Pussycat. También el diseñador Paco Rabanne caería bajo su magia y la convocó para que junto con otras celebridades francesas, modelaran una colección inspirada en el futurismo. Es que Françoise Hardy con su estilo susurrado y de apariencia ingenua, no era solo una cara linda. Siempre buscó reinventarse como artista y fue así como se posicionó como una de las cantantes francesas con mayor proyección internacional gracias a Comment te dire adieu y Ma jeunesse fout le campe (1968), La question (1971), Message Personnel (1973), Quelqu’un qui s’en va (1982), Décalage (1988). Ha cantado varios de sus éxitos en inglés, alemán e italiano. En el 2006 fue condecorada con la Gran Medalla de la canción francesa y ese mismo año cantó con Julio Iglesias y Alain Delon en su álbum Parenthèses.

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Desde hace diez años lucha contra un cáncer en el sistema linfático y una fuerte recaída la tuvo en coma durante tres semanas en marzo del 2015. La francesa también ha hecho escuchar su voz a través de dos libros: La desesperanza del mono y otras bagatelas (2008) y Opiniones no autorizadas (2015). En este último habla de forma descarnada sobre el aborto, la eutanasia, el sistema político francés actual, la vejez. Sabe que su pensamiento puede llegar a incomodar, que hay quienes no entienden por ejemplo su relación de amor con 032-francoise-hardy-and-jacques-dutronc-theredlist.jpegJacques Dutronc con quien estuvo casada desde 1981 y que pese a estar ya legalmente divorciados, asegura que él siempre será el amor de su vida. Quizás tampoco puedan muchos entender su claro fastidio hacia la izquierda a la que cataloga de creerse dueña de la verdad. La vejez, confiesa, le resulta un proceso humillante y doloroso, sobre todo porque limita su capacidad de movimiento en determinados momentos. Sin embargo Françoise continúa estando entera, exhibiendo su gracia y belleza a la tercera edad. Se rehúsa a teñirse el pelo, acepta las marcas de sus arrugas y aunque su voz ha ido cambiando ligeramente por el paso de los años, sigue cantándole al amor, sigue siendo en sus melodías la chica yé-yé romántica y melancólica de los 60 que marcó a toda una generación. Envejecer duele pero a sus 72 años goza de la admiración y el respeto de sus pares, de las generaciones posteriores y su voz seguirá viva en aquel o aquella que sienta conexión con la poesía que ha sabido plasmar en música.

¡Salud, Françoise!