Merlí

He terminado la primera temporada de Merlí (ya empiezo la segunda) y la verdad es que me ha sorprendido. No le tenía mucha fe durante los primeros capítulos, pues tenía la sensación de estar viendo una telenovela pero en catalán. Ahora la verdad es que estoy muy enganchado con la serie. Los guiones son redondos y se ha logrado compaginar bien  el foco de estudio de cada filósofo en cuestión, con los conflictos propuestos en cada capítulo. Las actuaciones son brillantes y la historia siempre deja ese gustito de querer ver más.

Y para variar, ahora quiero aprender catalán.

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Practicar francés con una serie

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En realidad el compromiso empezó así. Ver una serie francesa y tan sólo practicar el oído, aprender vocabulario, alguna que otra expresión y ya. Debía ser una serie light, nada pesada para que pudiera ser de fácil comprensión. No recuerdo exactamente como llegué a Plus belle la vie, pero tampoco es difícil entender cómo la encontré: casi todos los caminos desembocan en esta serie ícono francesa.

Es una serie de emisión diaria cuyos  episodios duran alrededor de 22, 23 minutos y tiene como locación principal el ficticio barrio de Mistral, en Marsella. Con diálogos fáciles y personajes pintorescos, Plus Belle la vie no tiene un protagonista. Se trata de una serie coral, con muchos núcleos de personajes y que se van rotando el protagonismo en diferentes momentos de la historia. Y para ser una serie inclusiva, desde su estreno en el 2004 ha tocado diversas temáticas actuales como la xenofobia, la drogadicción, la homosexualidad, el amor en la tercera edad, racismo, el aborto, entre otras.

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Con más de 3000 capítulos que suman en total doce temporadas, Plus Belle la vie se ha ganado el corazón de un gran número de franceses por la proximidad que se siente con los personajes y por la sencillez de sus tramas. Esto también permitió que pudiera adentrarme más en el estudio del francés y es así como más allá de practicar el idioma, ahora me gusta seguir los conflictos de sus personajes. Una cosa llevó a la otra de una forma natural.

El Marginal

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Ayer jueves fue el estreno de El Marginal por TV Pública y claramente no podía perdérmelo. No suelo ver series al momento de su emisión porque luego me pico y no aguanto la ansiedad de esperar una semana para ver otro capítulo. De todas formas, decidí arriesgarme y aunque estoy con las ganas de saber qué pasa en el siguiente capítulo, no me arrepiento. Es una historia que engancha, con personajes claros, con una trama principal sólida que promete no decepcionar a lo largo de sus episodios posteriores (ojalá).

Miguel (Juan Minujín) es un ex policía convicto en una prisión de la Patagonia que recibe una oferta para liberarse de su condena: meterse de infiltrado en una prisión bonaerense para descubrir el paradero de la hija secuestrada de un juez (Mariano Argento). Miguel entra a la cárcel bajo el nombre de Pastor, sin que nadie, ni los mismos policías, sepan que se encuentran en una misión especial. En el primer capítulo vemos su difícil inserción en un ambiente pesado donde conviven reos de las más diferentes procedencias y con un menú de crímenes bastante variado. Luis Ortega dirige la serie con un hiperrealismo que coquetea con lo grotesco y lo burlesco en una rara amalgama que termina por lograr un producto con enganche. Aun cuando se respire un ambiente claustrofóbico en la prisión con diálogos pesados, hay una muy buena estructura dramática. El camino que se percibe que recorrerá Miguel/Pastor a lo viaje del héroe, venciendo pruebas en la prisión no es nada nuevo, pero hay una buena mano en dirección y Minujín consigue una interpretación exacta, acompañada de figuras ya reconocidas en la ficción argentina como Martina Gusmán, Gustavo Pardi, Carlos Portaluppi, Claudio Rissi, entre otros.

Habrá que seguirle la pista…