Piel

Te vi y algo en mí se estremeció (frase cliché). Algún chasquido de magia pareció encender moléculas dormidas y las cadenas de ADN se aceleraron a la velocidad de la luz. El cosmos confabuló a tu favor y yo perdí. Un frío repentino en la boca del estómago acompañado de un sabor biliar en los labios me hizo temblar hasta los huesos. Al verte sabía que no había retorno. Era tuyo y mis venas, tejidos responderían a vos (fuck you). Los demás personajes en la escena carecían ahora de sentido, habían hecho mutis y sólo estábamos vos y yo en un extraño juego de identidades y abstracciones. Yoes, nosotros, mezclados en la humedad porteña de fin de agosto. La odiada primavera llega y el polen empieza a invadir los alvéolos (nunca me gustaste, printemps). Una primavera para apoderarme de tu osamenta gris, absurda quizás y con tonada rioplatense. 
Desde ya somos una cobra destinada a comerse a sí misma. 

La euforia argentina

13 de julio de 2014 será un día para recordar. Dos grandes del fútbol se enfrentaron a muerte por la victoria de la Copa Mundial. Lograron vencer a selecciones valiosas y finalmente el domingo 13 en un Maracanã colmado por argentinos y alemanes, se llegaba a un duelo encarnizado.

Ambos equipos sabían que no sería un partido fácil. Sin embargo, desde acá, el sur del continente, se vivía una verdadera fiesta. El domingo a la mañana Buenos Aires lucía inundada de celeste y blanco, en el ambiente se respiraba la victoria. El porteño y los foráneos sonreían, se abrazaban, se miraban a los ojos y caminaban con paso seguro. Un clima radiante tenía al sol como aliado argentino. Era muy fácil impregnarse de esa alegría. Invadido por la euforia vestí también la camiseta de la selección argentina. No seré argento, pero vivo acá, amo este país y el fútbol tiene ese raro encanto de unir a las personas (a veces también de separarlas).

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Todo mundial es una telenovela

Desde el 12 de junio de este año, el planeta entero se mantiene en vilo al Mundial de Fútbol. Sin duda, será una de las ediciones que más se recordarán. Brasil 2014 dio de qué hablar incluso antes de su inicio, con las innumerables protestas que se dieron en el coloso de América del Sur en contra de la realización del Mundial. En poco tiempo, la popularidad de Dilma cayó exponencialmente y su figura se volvió poco atractiva para la reelección a la presidencia en octubre.
Aun con todo, ese panorama, Brasil 2014 ha sido hasta ahora toda una telenovela. Por twitter un amigo me decía esto y la premisa me quedó sonando. Este mundial así como cualquier torneo futbolístico es una telenovela. Hay público, protagonistas, villanos, personajes secundarios enmascarados, estrategias, venganzas. Estas mismas descripciones valen tanto para una novela como para el fútbol. Y digo fútbol porque sin duda es el deporte que más plata e ideologías mueve en el mundo. Igual que la telenovela, producto orgullosamente latinoamericano.

Pincelando un ensayo

Tengo que escribir un pequeño artículo sobre mi vivencia en Buenos Aires que será publicado online… 
Muchas ideas vienen y de pronto se hace material una necesidad que había revoloteado por mi cabeza hace tiempo: dejar en palabras un testimonio sobre lo vivido acá en el Sur. Tarea ardua. 
Siento que podría escribir un libro. Pero podría ser aburrido y solo interesante para mí. Me reconozco monótono y complejo a veces. También soy lúdico y medio dulzón. Me gusto a momentos, así como quiero a Buenos Aires. 
Todas mis relaciones son dicotómicas (¿cuáles no?). Forzarme a pensar sobre Buenos Aires, me produce adrenalina y me parece un ajuste de cuentas necesario con esta ciudad.
Escribir sobre Buenos Aires, me hace sentir paz, desprecio, amor, alegría y agradecimiento por todo lo que me define ahora (y también por lo que ya no me define).
Me gusta esta ciudad aunque a veces no la entienda. Creo que no logro comprenderla del todo porque nos parecemos y prefiero no ver en ella lo que yo soy. 
Buenos Aires y yo nos queremos, probándonos constantemente que somos impredecibles.

Saudade en parpadeo

Removido. 
El corazón se ha ejercitado mucho en las últimas semanas. 
Los amigos empiezan a irse, los exámenes finales, esa sensación de final invade y enrarece el ambiente. Pinta de almíbar y cenizas lo que en otro tiempo fue llamado presente. 
El vacío ahoga mis fuerzas y visualizo a retazos, los fotogramas de momentos alegres y tristes. 
Un abrazo es apenas el único modo de atesorar a esas personas que compartieron las palabras, el corazón. 
Y un poco de todos quedará en los bares de Palermo, en los pasillos de la facultad, en la feria de San Telmo, en las noches de chori de la Costanera, en el melancólico y negado Río de la Plata.

Promiscuidad Literaria

Dícese del irresistible deseo por empezar diversas novelas, relatos en simultáneo, sin terminar ninguno de ellos en un tiempo y espacio determinado. Personajes se trasladan de un libro a otro y parajes distantes terminan encontrándose en un soslayo. Acostarse con varios libros a la vez es adictivo y aunque en algunas noches aframbuesadas una novela de lavanda puede acaparar la atención sobre las almohadas de plumas, horas después se impone algún cuentito gélido con gusto a sangre hiperglucémica. Una mañana amoratada se lleva una novela policial inglesa y una tarde de nubes perlas un relato de dos personajes atrapados en alguna casa sin frío ni calor. 
Ni para qué hablar de la prostitución literaria…

Desfile de Personajes

Perdí la cuenta de cuántos personajes condené. Y no porque les haya dado muerte en escenas, como correspondería según el caso, sino porque murieron antes de ver la luz. Los trazos difusos de un personaje al que miraba más con prejuicios que con amor, me hacía rápidamente aplastar con fuerza y sin pensar la letra delete, para terminar de desaparecer al pobre ser apalabrado que no logró convencerme.
Y así pasaron Rosas, Guidos, Juanes, Alicias, Antonios, Tomases, Pedros, Javieras, Beatrices, Rafaeles y demás nombres que fueron licuados en el limbo del olvido. Siempre tuve la esperanza de que en ese licuado, surgiera un mutante fuerte con un nombre enérgico que se levantara para abandonar ese oráculo sin gravedad y emerger con fuerza a mi conciencia. Alguno que otro pasó la prueba, sin embargo, hay noches en las que me parece escuchar su clamor, su pedido de auxilio, la súplica por existir, así sea en forma de personaje efímero. A veces tomo valor y agudizo el oído. Luego escribo, vacilo, doy unos cuantos trazos, se desvanece. Otra noche será.

Mejor leo un capítulo de Rayuela.

Camila

Con ansias locas y movimientos torpes, rompió todos los botones de la camisa de cuadros azules y rojos que lleva Sebastián esa noche otoñal con sabor a glaciar. La calentura proveniente de su primer chakra, siempre acumulada, parecía consumir a Camila hasta el punto de asfixiarla. La furia volcánica subía por su útero, quemaba sin piedad su estómago y corroía su tracto digestivo para luego pasar a su corazón, cuyos latidos hace mucho habían perdido su conteo regular. Su entrepierna, viscosa, deseaba ser poseída, castigada, aniquilada. Con el ímpetu de loba que su abuela habría de aplicar medio siglo atrás con muchos de sus queridos, Camila se perdió entre la selva oscura que poblaba el corazón de Sebastián. A mordiscos, penetró en el pectoral izquierdo, trituró el esternón y como un trofeo, obtuvo su corazón. Aquella bomba de color rubí, brillante, con destellos dorados iluminaron el rostro de Camila. Sebastian, turbado en un estado de éxtasis como nunca antes, veía en ella, a una diosa griega, a una cuyo nombre no puede recordar. Deseó que ella se trague su corazón y estar en su interior. Penetrar sus vísceras y unirse a su corazón, hasta latir al unísono. Camila, como digna nieta de su abuela española mitad gitana, mitad teutona, tomó entre sus manos el corazón de Sebastian. Lo apretó a su pecho perforando su cavidad torácica. Su cuerpo fibriló y por sus muslos descendió una viscosidad oscura que quemaba su piel. Camila aun encima de él, exhausta, se tornó violácea y sus ojos inmóviles parecían agradecerle por la entrega de su mejor ofrenda.

Espasmos

Calles, deseos, esquinas dolientes, desconozco los medios con los que la primavera
fibrila la aridez del invierno. Tampoco me interesa saberlo. Ya filosofé e intelectualicé…
Y perdí…
Me va mejor ser personaje de telenovela y no de peli.
En la peli soy un extracto, un fotograma. En la telenovela, me vuelvo un culebrón,
reiterativo, bicicleteo en un sinsentido que me permite divagar hasta cuando el villano
de turno me invita a una supuesta batalla final. 
Y ahí empiezo a hablar mexicano…
Me congelo en verano, el sudor que inunda la frente no es más que el frío concentrado
en mi pétrea glándula pineal. Debería ablandarla con azafrán y lavanda.
Tengo hemofilia. Me corto usualmente para beber de mí. 
No quiero que me ames, lo hago yo mejor que vos. Si los errores en las ciencias duras son fatales
en las del amor son tragedia griega.
Y no, no puedo escribir más que de nosotros…

O mejor, puedo, pero me sale mejor el papel de evocador…

Antes de la despedida

Nubes de hielo circundaban nuestros pasos y una ensalada de palabras vertidas en nata evaporada ponían el intertítulo FIN antes de tiempo. ¿Quién dijo que se acabó? El ‘acción’ se prolonga aun cuando ya se ha dicho ‘Corte’.
El sabor de la granadina persiste en mi boca, la misma que surcaste con tus tentáculos de hiel, la misma que juraste poseer hasta los tiempos de la nueva luna. La granadina en conserva ha empezado a levantar una vegetación de microfrutos rojos sobre las papilas almibaradas. 
Te hago responsable.