Saudade de Domingo #111: La lengua que me acoge

En estos últimos meses de introspección y reflexión, han aparecido amigos, situaciones que funcionan como una suerte de espejo. Me permiten «ver» aquello que debo mejorar en mí, cuestionar creencias, trazar nuevos destinos. Claramente no es un proceso fácil, hay mucha ansiedad, sensación de vértigo. A momentos podría decir que no tengo ninguna certeza a pesar de que quizás proyecte una imagen de solidez y decisión. Sin embargo, debo decir que de cierta forma me gusta lo que estoy transitando. Siento que es el camino a algo, el trayecto a ser alguien con madurez. Y en medio de toda esta crisis treintañera me sorprendo, muchas veces, pensando en portugués.

No es algo que me lo propongo, simplemente fluye. No me doy cuenta cuando ya estoy pensando en portugués, haciéndome preguntas en portugués, barajando decisiones en portugués. Como si la lengua portuguesa fuera «meu porto seguro», mi lugar de calidez. En esta época también busco inconscientemente música brasileña, fragmentos de producciones brasileñas, lecturas en portugués. En medio de la crisis, quiero a tener al portugués muy cerca, como si el idioma, sus palabras, su fonética pudieran hacerme el camino más ligero.

Hablo otras lenguas también pero quizás el portugués sea la lengua con la que más recuerdos tengo. Ya he mencionado en otros posts mi amor hacia el portugués. Este idioma me abrió un nuevo universo, me ha acompañado miles de horas de música, de lecturas, de películas, de novelas y a lo largo de la vida, me ha dado muchos amigos brasileños. Estudié portugués en la adolescencia con las mismas ansias con la que un chico buscaría salir a fiestas. Dediqué cientos de horas leyendo textos. Estudié portugués en la época del internet jurásico, de modo que no existían aplicaciones como Duolingo ni vídeos de YouTube ni mucho menos Italki para aprender más sobre un idioma. Me tocaba meterme en las escasas secciones de idiomas de las librerías de mi ciudad, rogar que hubiera algo en portugués, así como cuando iba a la tienda de discos y por casualidad encontraba un disco de Caetano, Simone o la banda sonora de una telenovela de Globo. Así, a retazos y con esfuerzos fui construyendo un yo en portugués. Fueron años divertidos en los que mis compañeros de clases me pedían que les dijera frases en portugués y algunos de ellos se entusiasmaban repitiéndolas hasta que lograban decirlas de forma fluida.

Luego vinieron otros idiomas, a los que también les he dedicado muchas horas y que me han abierto otros caminos. En ese ínterin el portugués siempre estuvo presente, aunque en un segundo plano. Y ahora, a las puertas de los 33 años, el portugués se me presenta como una posibilidad, como si el idioma quisiera hacerme la vida más fácil. Como si la saudade me recordara que ella es mucho más amplia que la nostalgia, que ella (la saudade) puede asfixiar a momentos pero también es un canto de alegría y de impulso para seguir adelante.

Pienso ahora en Fernando Pessoa y en ese texto hermoso «A minha pátria é a língua portuguesa», en la que hace una declaración de amor a su propio idioma. Me da gusto pensar que la lengua portuguesa, esa lengua que acoge mis pensamientos por ahora, es mi patria también.

Saudade de Domingo #90: El idioma en la música

Que la música es el lenguaje universal que nos hermana a todos, ya lo sabemos. Pero también es cierto que cada lengua particular le imprime a una canción una marca, un sello que marca un ritmo fonético, de velocidad que da lugar a una sensación de dulzura, acidez, de distancia o calidez.

Quizás por esa búsqueda concreta de lo que me produce cada lengua, me encanta escuchar canciones en varios idiomas. Cantantes que cantan en diferentes idiomas o canciones que se traducen pero que respetan la melodía. En el primer caso me gusta pensar en Charlotte Gainsbourg, a quien siente muy melancólica en francés, mientras que en inglés la siento más colorida y alegre. Depende mi estado de ánimo prefiero escucharla en una de las dos lenguas. Lo mismo me sucede con los brasileños Roberto Carlos, Caetano Veloso o Simone cuando cantan en portugués o español. Dependiendo de la canción los prefiero en un idioma o en otro. Hay veces que cuando los escucho en español con su fuerte acento portugués, la canción adopta una cosa nueva, un canal que circula entre dos aguas, un limbo sonoro que la vuelve especial.

 

Con Andrea Bocelli me pasó algo. Durante la infancia y la adolescencia como sólo tenía acceso a los discos (el internet no estaba muy desarrollado en esa época), sólo podía escuchar a Bocelli en las ediciones para América Latina y por ende en español. Su voz me gustaba y sus canciones también. Fantaseaba en cómo sonaría en italiano. Sólo tenía como referencia Vivo per Lei, canción que me aprendí para una actividad en el colegio italiano donde estudiaba. Sabiendo la canción y escuchándola repetidamente, más ganas me daban de escuchar otras canciones en su idioma original. La fonética italiana de la z y la s como zumbido de abeja, el sonido frecuente de “y,” las palabras terminando casi siempre en vocal debían modificar, enaltecer las melodías. Años después encontré en internet el disco Romanza en su edición italiana. Lo escuché de principio a fin y fue como encontrarme con un amigo pero al mismo tiempo con un desconocido. Como había intuido, la fonética modificaba las canciones aun cuando la melodía era la misma. Bocelli se sentía mucho más vivo, brillante, su voz era una montaña rusa que subía y bajaba a piacere.

Un caso similar fue con la canción La quiero a morir, de Francis Cabrel. Obviando las versiones salseras, shakisrescas que se han hecho de ese clásico de los 70, cuando una vez navegando en youtube llegué a la versión original en francés, fue un impacto tremendo. Me gustó mucho más la versión original porque el francés le imprimía una profundidad que la hacía más grave, más intensa. La versión española del mismo Cabrel era más ligera, menos dramática. Es como si la canción en francés fuera una etapa más reciente de ese amor vivido y la canción en español fuera más bien como una evocación de ese amor pasado. La letra es la misma pero el impacto que me producen las versiones es diferente.

Siempre que empiezo a estudiar un idioma nuevo, trato de buscar canciones que me sumerjan en esa fonética desconocida. Ahora que estudio japonés he descubierto varios cantantes nipones y sigo en la búsqueda porque me atrae mucho la idea de ir deshilvanando las melodías, comprendiendo pequeñas sílabas o palabras. Sumergirme en el lenguaje musical es siempre un viaje no garantizado de retorno invicto. En algunas ocasiones, escucho canciones por una única vez y en cambio otras me acompañan por meses, por años y se vuelven tan personales que quedan atadas a hechos de mi vida. Entonces, cuando las vuelvo a escuchar, años después, no sólo las canto en mi cabeza recordando las letras en lenguas ya no tan extrañas sino que ellas mismas me cantan mis propios recuerdos. Me muestran mis primeros pasos medio torpes cuando empecé a estudiarlas, en principio, sólo por placer para luego volverse parte esencial de mis memorias. Sí, mis recuerdos se evocan en muchos idiomas musicales.

Saudade de Domingo #87: Aprendiendo una nueva lengua

Siento una fascinación por las palabras y eso se extiende no sólo a las de mi propio idioma sino a todas las de otras lenguas que por alguna u otra razón voy conociendo. Me gusta eso de que palabras en un comienzo extrañas, después se me vuelvan familiares y pueda identificarlas sin mayores problemas. Es como ver la luz en medio de la oscuridad. Es sumergirme en un universo de posibilidades con nuevas palabras. Ya hablé acá de mi fascinación portugués, por ejemplo.

En algunos casos logro internalizar tanto ciertas palabras, que luego me resulta imposible no relacionar ciertos momentos de mi vida con esas palabras. Me pasa con la palabra portuguesa saudade. No tiene un significado literal en español y justamente por ser polisémica, la puedo usar en diferentes contextos. Me gusta también la versatilidad que tiene el verbo tocar en inglés y francés (Touch) o la palabra italiana “diventare” que estaría relacionada con la palabra española devenir y que a momentos se usa como sinónimo de “convertirse en”. Creo que aprender nuevas palabras y lo que significan, amplía la manera en la que puedo poner mis pensamientos en palabras. Cada lengua esconde dentro de sí misma una cosmogonía que me deseo descubrir, escudriñando en sus libros, en sus reglas gramaticales, en su fonética.

Ahora he emprendido un largo camino en el aprendizaje del japonés. Una lengua que en realidad siempre he visto lejana y que cuando me preguntaban si me interesaba aprender una lengua asiática, siempre respondía que no, que no estaba entre mis planes, aunque en el fondo nunca descartaba la oportunidad de aprenderla en algún momento.

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Mis primeras letras en Hiragana: las vocales

Desde hace una semana decidí emprender el desafío. Quiero probarme en una lengua completamente distinta, con un sistema de escritura atemorizante (de paso en japonés son tres) y por supuesto, en el futuro, viajar a Japón para “practicar” el idioma. Sé que no será fácil ni tampoco rápido, pero quiero sobre todo disfrutar del proceso. Una de las cosas que más me gusta de aprender idiomas es llegar a más personas. Es verdad que con el inglés tenemos una gran herramienta de comunicación, pero como decía Mandela, hablarle a alguien en su propia lengua es hablarle directamente a su corazón. Me emociono cuando un extranjero de otra lengua se esfuerza por hablarme en español. No importa si comete errores o si tiene mucho acento foráneo, me gusta el esfuerzo por hablarme en mi idioma y por interesarse en mi cultura. Aprender idiomas para mí, es un acto de amor a los otros. Requiere de tiempo, paciencia, produce incertidumbre, miedos pero una vez que se atraviesan esos umbrales, se descubre un mundo de infinitas posibilidades. Y eso es lo que busco con el japonés. Todos tenemos muchas imágenes estereotipadas sobre Japón y su gente. Pensamos en el anime, en los samurais, en el budismo, en gente fría, en tecnología, en el sushi, pero sé que Japón es más que todo eso y quiero descubrirlo a través del idioma. Para que ese viaje sea más agradable vi decenas de vídeos en youtube de personas que cuentan sus experiencias estudiando japonés, vi recomendaciones de textos, he empezado a hacer amigos japoneses y aunque sólo llevo una semana de estudio, siento que mi visión de Japón está cambiando. Ahora al frente, en lo cotidiano, se me han aparecido un montón de cosas que están ligadas con Japón y su cultura. Quizás siempre estuvieron pero no les daba mucha atención, quizás solo ahora estaba listo para poder verlas o quizás por la sincronicidad de la que hablaba Jung, ahora que tengo interés por el idioma y la cultura, he podido atraer hacia mí todas esas cosas.

Me voy a tomar tranquilo mi tiempo con el japonés porque además quiero estudiarme. IMG_0805Quiero saber, analizar cómo voy adquiriendo destrezas en el idioma. Por lo pronto he empezado a estudiar el Hiragana, que es el primer sistema de escritura que todos sugieren aprender. Luego viene el Katakana y por último, el más difícil, el Kanji, que tiene los caracteres chinos. Para los tres alfabetos hay una infinidad de material de estudio en internet, así que lo difícil es saber por dónde empezar. Un portal muy bueno para iniciar los estudios en The Japanese Page. Tienen mucho material didáctico si se quiere estudiar independiente y una sección para conocer de la cultura japonesa que está muy buena y surtida. Yo estoy estudiando ahí las sílabas del Hiragana y es muy práctico. Como complemento estoy utilizando también el libro Japonés desde cero, que lo vi en varios reviews en Amazon como un buen texto para iniciarse en el idioma. Más adelante usaré Basic Japanese Grammar, que lo compré en New York a inicios de año (cuando todavía no sabía que me iba a poner a estudiar en serio japonés).

Como quiero hacer un análisis de cómo aprendo un idioma completamente ajeno al mío, he decidido crear una cuenta en Instagram ( @saudadeinjapanese ) que de alguna forma funcione como una bitácora de mi aprendizaje. No es que voy a enseñar japonés, lo que busco es compartir con otros cómo avanzo y sobre todo tener como un diario virtual de lo que voy aprendiendo.

 

Reflexiones de medianoche

…Helena sigue aquí. Pierre aunque siempre se va, permanece aquí. Helena siempre espera siguiendo cabalmente la herencia de su nombre. Pierre es ese otro yo que siempre vuela y que cree que algún día volverá.

…La lengua (el idioma) es un pretexto. Lo que me interesa realmente es la fonética, el sonido que genera el texto y que le apunta color al sentimiento, a la emoción que busco abordar.

… Siempre he tenido la impresión que al abrir la puerta de mi cuarto voy a encontrar a una mujer con un cuchillo dispuesta a apuñalarme en el rostro…