Saudade de Domingo #92: La escritura de los otros

Siempre que conozco a alguien, me da curiosidad saber cómo escribe. No me refiero a si escribe literatura o algo creativo (que también me interesa) sino al simple hecho de ir colocando una palabra adelante de la otra. ¿Tendrá faltas ortográficas? ¿Será un obsesivo de las comas? ¿Un amante del sujeto tácito? ¿Alguien que escribe párrafos de una sola frase? La escritura es un proceso tan íntimo y tan vasto que me siento un poco espía cuando llega a mí algún texto escrito por alguien. Como profesor y eventual analista de guiones, he podido leer muchísimos textos, de diferentes naturaleza y siempre hay algo que me llama la atención…

La respiración en el papel (o en la pantalla). Las frases cortas o largas me dan una idea de la respiración del que escribe. Se dice por ejemplo que Lezama Lima escribía frases muy cortas porque tenía problemas respiratorios. A veces me sorprendo cuando me encuentro con textos de estudiantes que no tienen muchos signos de puntuación y sus adjetivos, sus verbos de acción terminan atiborrados y confusos secuestrados bajo la forma. Como parte de mi trabajo muchas veces me toca ayudar a reescribir esos textos. Una tarea muy difícil porque ese texto se volvería entonces “coescrito” entre el estudiante y yo. Al intervenir en la reescritura, algo mío se iría en ese texto también. Por eso intento no modificar directamente sino tratar de que el estudiante encuentre su voz a partir de mis comentarios.

Siempre digo que escribir es terapéutico y que no es necesario tener un don especial ni una mente creativa para hacerlo. Habrá quienes encontremos en la escritura la principal vía de trabajo, pero creo que es una actividad íntima y necesaria para clarificar lo que tenemos por dentro. A diferencia de la charla, del diálogo, en la escritura el pensamiento se ordena diferente. Es necesario darle vuelta a las ideas, repensarlas, reescribirlas, dejarlas remojar y volver a leer. Es un proceso de cocina a fuego lento en el que muchas veces se encuentran pistas para solucionar problemas.

escritura

En lo personal además de todos los trabajos de escritura que hago, llevo una bitácora a modo de diario donde escribo por lo menos durante media hora. Esas páginas no tienen ningún propósito más allá de hablar de lo que me sucede en ese momento. No busco poetizar, ni intento sonar intelectual, pues son páginas íntimas que me ayudan a darle forma a pensamientos abstractos que muchas veces me comen la cabeza. Eventualmente las leo y esas páginas funcionan como una radiografía de mí mismo en determinado momento.

En estas últimas semanas he pasado mucho tiempo leyendo tesis de estudiantes tanto de pregrado como posgrado. Salvando las diferencias intelectuales por los años de experiencia de cada estudiante, me sorprendo a veces al encontrar textos maduros en estudiantes muy jóvenes y textos muy básicos en estudiantes ya con una larga trayectoria. Me sorprendo con lo mágica que puede ser la escritura. Es como un pequeño tesoro que cada uno guarda y del que muchas veces, si no se da la oportunidad, no podemos descubrirlo en el otro. Ahora con las redes sociales y el Whatsapp especialmente, puedo darme una ligera idea de la escritura de alguien. Me doy cuenta cuando alguien ordena bien sus ideas, divaga sin ir al punto o si utiliza muletillas que dificultan la lectura. Leer lo escrito por otros es un vicio que me gusta, del que muchas veces aprendo sobre mi propia escritura.

Por eso escribir es ser también generoso.

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