La serie que finalmente termino

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Empecé con mucha curiosidad y entusiasmo a ver esta serie pero con el paso de los capítulos fui perdiendo un poco el interés. No sé si el horario que elegí para verla (entre 01 y 02 am, antes de dormir) ha sido el responsable de irme alejando emocionalmente de la historia pero el asunto es que terminarla es más un misión que un deseo.

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A pesar de todo la serie es buena. Basada en dos novelas del genial autor argentino Roberto Arlt, la adaptación a lenguaje serial corrió a cargo de otro gran escritor como Ricardo Piglia. Trasladar el universo de Arlt a la televisión actual representó un desafío para Piglia y los productores. Se puede observar a lo largo de los capítulos, el esfuerzo que existe por introducir al espectador en los personajes existencialistas de Arlt. Pero las escenas largas, los diálogos y el desarrollo de la trama se sienten algunas veces separados, como si corrieran por vías diferentes. La historia que cuenta el drama del químico Erdosaín que luego de quedar desempleado se ve inmiscuido en una sociedad secreta que pretende cambiar el orden económico, político y social del mundo a base de atentados, resulta atractiva en primera instancia, pero con el paso de los capítulos, Los siete locos y los lanzallamas se vuelve monótona. Quizás 30 capítulos resultó excesivo para la serie. Quizás debió contarse en menos episodios. De todas formas, como suelo hacer que empiezo una serie, la veo hasta terminarla y poder hacer una apreciación general para lo que según mi criterio, funcionó o no.

Creo ahora que ya me encuentro en el capítulo 28, me dispondré de leer las dos novelas de Arlt. Probablemente el autor argentino sea como García Márquez: que es mejor leerlo que verlo adaptado para lo audiovisual.

Va el capítulo para quien quiera degustar:

El Marginal

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Ayer jueves fue el estreno de El Marginal por TV Pública y claramente no podía perdérmelo. No suelo ver series al momento de su emisión porque luego me pico y no aguanto la ansiedad de esperar una semana para ver otro capítulo. De todas formas, decidí arriesgarme y aunque estoy con las ganas de saber qué pasa en el siguiente capítulo, no me arrepiento. Es una historia que engancha, con personajes claros, con una trama principal sólida que promete no decepcionar a lo largo de sus episodios posteriores (ojalá).

Miguel (Juan Minujín) es un ex policía convicto en una prisión de la Patagonia que recibe una oferta para liberarse de su condena: meterse de infiltrado en una prisión bonaerense para descubrir el paradero de la hija secuestrada de un juez (Mariano Argento). Miguel entra a la cárcel bajo el nombre de Pastor, sin que nadie, ni los mismos policías, sepan que se encuentran en una misión especial. En el primer capítulo vemos su difícil inserción en un ambiente pesado donde conviven reos de las más diferentes procedencias y con un menú de crímenes bastante variado. Luis Ortega dirige la serie con un hiperrealismo que coquetea con lo grotesco y lo burlesco en una rara amalgama que termina por lograr un producto con enganche. Aun cuando se respire un ambiente claustrofóbico en la prisión con diálogos pesados, hay una muy buena estructura dramática. El camino que se percibe que recorrerá Miguel/Pastor a lo viaje del héroe, venciendo pruebas en la prisión no es nada nuevo, pero hay una buena mano en dirección y Minujín consigue una interpretación exacta, acompañada de figuras ya reconocidas en la ficción argentina como Martina Gusmán, Gustavo Pardi, Carlos Portaluppi, Claudio Rissi, entre otros.

Habrá que seguirle la pista…