Cocinando ideas

Eros se inquieta, Poiesis se entibia. La noche llega al punto de congelación, pero el corazón hierve mientras las musas danzan alrededor de la habitación. Un ambiente de fiesta se apropia de las paredes y a las palabras toca agarrarlas en el aire para evitar que se evaporen. También es válido absorberlas con el aliento, pero en este caso es necesario transformarlas en letras a través del tipeo, a pincelazos sobre un lienzo o exorcizarlas en alguna sinfonía. De lo contrario, causa indigestión. Quince días de estómago sensible ante la aparente inercia de la ingenuidad de las ideas. La experiencia es buena consejera, así que cuando atrapo ideas, las transformo. Guardarse partículas de belleza es demasiado para la materia. Eros y Poiesis buscan siempre unirse, aunque a veces ninguno de los dos esté plenamente consciente del juego. A veces Eros es sorprendida cuando Poiesis la espera mientras se fuma un habano. En otras ocasiones es Eros quien con un leve zumbido despierta a Poiesis de su sueño ligero. Lo cierto es que cuando se funden es difícil separarlos. Se apelmazan de tal manera, que es necesario una ligera sierra para despegarlos. Esta tarea debe hacerse con cuidado ya que en el proceso, se disparan diminutas astillas de color violeta y rosa que al contacto con la piel humana, pueden causar escozor o una quemadura permanente. Sin embargo no es una quemadura que desfigure ni dolorosa. Al contrario, es placentera y luce siempre como un original tatuaje. Yo por mi parte, prefiero no acercarme, que se separen cuando el candor haya pasado. Es que no me gustan los tatuajes, ni originales, ni repetidos. Las marcas, aunque bellas, no me gustan en la permanencia.
Mientras Eros y Poiesis se funden, preparo la mezcla en un mortero. Machaco palabras, figuras, el cuerpo se vuelve pesado, aunque a veces me he visto a varios centímetros del suelo. Una ligereza me cubre al mismo tiempo que una energía cálida me impide estar a gusto. Las ideas siguen apareciendo, imagino recuadros, susurros en lenguas conocidas pero cuya mezcla arbitraria parecería una creación de lenguas ancestrales. Solo machaco, escribo, dibujo, hilvano ideas, mientras se va componiendo un tejido de azúcar. La pasión de Eros y Poiesis provoca diminutos géiseres de espuma que a escasos segundos se petrifican dando lugar a pequeños monolitos. Poco tiempo después, la unión cesa y solo escucho a lo lejos el sonido eterno del grifo que gota a gota se deshace cada noche. 

Para ti, mi amiga

No logro recordar el momento preciso en que nos tornamos amigos, pero sí tengo en detalle la sonrisa amplia que me ofrecías cada vez que nos encontrábamos. ‘Toralito!!!!’, me gritabas a la distancia, lo que a mí siempre me daba un poco de vergüenza, pero viniendo de ti me producía una extraña alegría. Sabía que tu saludo era sincero, espontáneo y creo que había entre nosotros una conexión especial.
Tú lo arrasabas todo, te ibas con todo, decías lo que pensabas sin ponerte restricciones. Era en esa honestidad siempre jocosa, en la que encontraba tu principal fortaleza. Un ser de luz que iluminaba cualquier lugar donde hubiera un rostro compungido.
Nuestro último encuentro fue conmovedor. Fue en marzo del recién acabado año pasado. Un sábado particularmente agrio al ser mi último en Guayaquil y en el que me hallaba desesperanzado. Otra amiga mía había sufrido un aneurisma y apenas si podía recordarme. Me junté con dos amigas en el shopping frente al hospital y mientras conversábamos de cualquier tema, me llamaste para saber dónde estaba. Semanas atrás nos habíamos visto en el estreno del documental de Pepe ‘La Nariz del Diablo’, conversamos, nos tomamos fotos en Diva y prometiste que nos veríamos antes de mi partida. Con tu llamada confirmé que ese encuentro pasaría. 
Al cabo de una hora llegaste con Pepe. Estabas en silla de ruedas por una fractura de cadera, de la que empezabas a recuperarte. Me conmovió mucho verlos. Rápidamente te incorporaste a nuestra conversación y pasaste a contarnos los pormenores de la operación de cadera. Siempre con ese tono tan chistoso, con tu ritmo tan vivaz de hablar. 
Luego de mi llegada a Buenos Aires, mantuvimos comunicación por mail. De esos correos recuerdo con alegría en el que me felicitabas por mi cumpleaños. Me escribiste un día después, el 8 de abril y me dijiste que éramos los bacanes del zodíaco (Aries). En esos días de otoño que andaba melancólico producto de mi primera soledad en cumpleaños, me sacaste una sonrisa y por supuesto, me sentí más tranquilo.
Los siguientes mails fueron de apoyo, recordándome que debía ser fuerte, que debía estudiar y que Pepe y tú me daban la mayor energía del mundo para que siga adelante con mis estudios y no me dejara vencer por la nostalgia del país lejano. 
¿Qué más puedo decir sobre ti? Creo que más nada. Darte más calificativos sería encerrarte en una finitud que ya no tienes más. Ahora eres un ser del universo, que camina hacia la luz y cualquier adjetivo resultaría laxo. Me alegro de haberte tenido cerca y de llamarte con orgullo mi amiga. No te tengo más en este plano material para abrazarte, pero al cerrar los ojos y evocarte estoy seguro que puedo visualizarte sonriendo y llamándome ‘Toralito’ de nuevo, con tu tono tan particular… Y yo seguramente, en mi interior, de alguna manera me sonrojaré, aun cuando no haya nadie para vernos.

Viernes de Llovizna

Te he visto esta mañana y me desencajaste…
Me he quedado aéreo, extraño, con una extraña agriedad sobre mí mismo. Mi conducta siempre errática para vos es una recriminación constante en mi cabeza. Los pocos minutos que caminamos sobe Callao, a veces hablando, a veces presas de un silencio incómodo, me hicieron pensar en tantos recuerdos. Como siempre la saudade no me da tregua…
Hablabas como si nada hubiera pasado, a momentos fuiste distante, hostil e incluso cruel. Te negaste a mi pedido de seguir una amistad, para vos estaba todo terminado, no había más qué decir. Mientras que yo seguía -y  sigo- con muchas cosas atravesadas en la garganta.
Quizás nunca entiendas lo que siento. Quizás vos tampoco entiendas todo lo que pasó entre nosotros. En todo caso, je ne regrette ríen
Aun cuando lo niegues, sé me guardas rencor, me volví sin quererlo en un recuerdo amargo, incómodo. Para mí vos también sos todo eso pero también sos nuestros viernes de salidas, nuestras horas de pasión, nuestras charlas, nuestros recorridos. Quizás ya no recuerdes o no quieres guardar en tu memoria todas esas lembranças.
No sé si vuelva a verte, no sé si volveremos a hablar. En todo caso he querido tenerte cerca, escuchar el latido de tus arterias, el olor de tu cuello y tocar la textura de tus cabellos. No quiero olvidarte porque con vos se iría inexorablemente una parte de mí, que quizás ya se fue sin darme cuenta, pero en todo caso preferiría pensar que aun somos un nosotros, en alguna partícula, en una gota de mar, en otra dimensión o en alguna página mustia de un libro de segunda de aquellos que se venden en las rebajas de Corrientes. 
Ojalá un día llegues a leer estas líneas…

No logro olvidarte

Intento borrarte en otros cuerpos, en otras miradas,
en labios que por momentos fugaces me recuerdan
la intensidad de tu boca surcando la mía.
Todo intento es vano…
Terminadas las horas de amor sin sal, tu presencia
resurge como aparición, estás vivo, omnipresente
en una cabeza enferma que se niega a dejarte ir…
A momentos te olvido, puedo incluso pensarte con
indiferencia, pero luego la mente me castiga con
días de angustia, de dolor ahogado en tu voz
cada vez más lejana.
Mientras más te alejo, más te acerco…
Clausuraré mi cuerpo, sublimaré mis dolores en las letras,
te escribiré, me escribiré, violaré la semántica, sofocaré
la sintaxis. Me arrullaré entre esdrújulas mientras veo el 
tiempo pasar.

Lunes

Me hallo entre textos difíciles, anárquicos, dulces y despreciables. Una aparente calma me circunda mientras quedo expectante de la titilante luz roja del teléfono. No espero nada en especial, solo el deseo de existir, de reconocerme acaso. El sueño se mezcla con la pereza, con las ansias eréctiles de crear, de dar vida a letras melancólicas. Soy carente, freaky y no soy chistoso. Y la semántica me sigue reclamando, que la use, que la someta, que la viole y carbonice… 
Y yo solo puedo apenas masturbarla.

Mensaje de Papá

En medio de una carretera lluviosa, atravesando de la costa a la selva, mi padre con su poco manejo de tecnología me envía un mensaje.
¨Imagina la mística evolución que tuve con ustedes: Antes yo solo como en una isla; obviamente buscando ser feliz hasta que llegó tu mamá. Decidimos formar un hogar como había sido mi sueño desde niño y tener mis hijos. Nada raro hasta ahí porque eso es lo ‘normal’. Luego vinieron ustedes dos y mi vida tuvo otro motivo para luchar y hacer junto a tu mamá que esos niños fueran buenos y así útiles a los demás. Lo logramos y ahora pasamos a refundirnos en una entelequia que nos nutre. De esa comunión brota el amor que solidariza nuestras almas. ¿Quién puede ganarnos, entonces?¨
(Yo, solo esperando poder estar a la altura)
Te amo papá.

Rien à dire

El acento delata.

El aire es pétreo.
Incendia los alveolos.
La piel es dura, cobriza, con marcas de días y años vacíos.
El espíritu no se compromete.
Siente, arde, respira, pero solo describe.
Ama mas prefiere espectar.
Sufre pero guarda sus coplas en las frías paredes de sus venas.
Espera, camina, recoge sus pasos, respira,
maldice los años a cuestas, la jeunesse.
Continúa en el pasillo de la incerteza,
callado, mustio,
reproduciendo escenas pasadas y futuras
Sin embargo, nada dice, nada escribe,
nada procesa…
Merde, J’suis fatigué

Tiempo, Tiempo

Me gustaría gozar de más tiempo para regocijarme en

novelas, personajes y escenarios tan ficticios 

como las narraciones de mi vida diaria…

Quisiera tener un espacio temporal para escribir mis cuitas, 

mis frustraciones, mis pasiones

y llevar a cabo irrealidades con personajes cotidianos.

Me encantaría tener tiempo para pensar un poco en mí 

y reflexionar más sobre

mis actitudes y aptitudes…

Desearía invertir tiempo en mi propio cultivo, 

con buenas semillas seleccionadas 

de las más preciosas obras de arte 

y germinar así un material productivo…

Añoro un poco de tiempo para respirar, 

para pensar en mí, 

para volar en recuerdos, en poesías, en sofías..

Tiempo, tiempo, 

espacio precioso que se esfuma 

como nenúfares en miel salobre…

Confesiones de una hija atormentada

Será bueno desterrarte? Dejarte ir? 

O debería matarte de una vez por todas? 

Tu recuerdo se parece a aquel bossa nova de antaño 

cuyo título quiero pero no puedo olvidar…

Tu presencia metafísica 

me recuerda la suave caricia que hace mi lengua al recorrer la miel dispuesta sobre la afilada hoja del puñal que espero se encaje en mis vísceras envenenadas de saudade…

La música ha perdido su color, 

ahora escucho los mismos compases en todos los versos que intento escribir… 

De qué me sirve? 

Sigues ahí como una fuerza mayor 

a la que tengo que aceptar irremediablemente 

como un cáncer que me carcome día a día, 

pero sin el que podría vivir ni un sólo segundo.

No se puede más, estamos condenados,

Ya no hay cintas, ya no hay escenas, 

escribo en la angustia, en la meditación, en los banquetes intelectuales, 

donde te mezclas entre el vino 

y las discusiones acaloradas de la Nouvelle Vague, 

el Expresionismo de los 20 y las letras de Pessoa…

Es una convivencia obligada la que nos hemos impuesto,

pero al menos espero aniquilarte por retazos

a través de mis confesiones, 

donde pueda ponerte en evidencia 

y para que cuando seas leído e identificado 

te veas obligado a mutar 

y huir en busca de una nueva máscara. 

Yo hasta eso, te esperaré con los brazos abiertos 

para seguir pagando mi condena de tenerte a mi lado, padre querido, 

por haberme lanzado al mundo cargando tus locuras, tus fobias y tus vicios.