De la tristeza

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Lloras. Sintonizas con cualquier persona, animal o cosa que vibre en la misma frecuencia de la nostalgia para abajo. Siempre se te dieron bien esos humores relacionados con bilis negra. Ríes. Lo haces de manera sonora, como si tus pulmones se recogieran para tomar un impulso y así lanzar una carcajada furiosa. Pero sigues triste, apretado de recuerdos y con gula de historias interrumpidas. Comes. De forma desmedida, como si en cada comida buscaras repletar a cada célula de tu cuerpo por el miedo ancestral de no poder comer en varios días. Y luego te miras gordo, guatón, con los excesos descansando en los rollos de tu abdomen. Tiras, coges. Con exceso y con temor. Con el deseo de saborear un cuerpo nuevo y con el terror que te produce excitar una piel que podría ser estéril. Te rindes al placer efímero de un orgasmo silencioso. No te gusta gemir y peor gritar. Y sigues triste. Con la melancolía de haber usurpado un cuerpo para abandonarlo como abandonas el tuyo propio. Te vas. Acabado el ritual de amor pasajero, agarras la ruta y te pierdes. El destino no te importa, el punto es huir, vaciarse, ya que lo único que buscas llenar es tu barriga salobre. Caminas. Con la rapidez de tus pies calcificados, escuchando música que no conoces y añorando personas que no amas. Y te ves triste. Así como cuando mirabas las ventanas empañadas mientras llovía cada marzo o abril a la víspera de Semana Santa. Llorabas siempre en esas fechas. Ahora respiras nostalgia y vomitas azúcares. Saltas y sigues triste. Nadas y sigues triste. Te sumerges en el océano dejando el desierto atrás pero conectas con la tristeza del mar en su vaivén eterno. Lloras en la cordillera azul. Te vas, nadas hasta tocar fondo. Descansas, cierras los ojos. Y sigues triste.

El Sol es mi enemigo

Desde hace varias horas me encuentro tenso, preocupado, invadido de dudas y temores que puedo reconocer inmediatamente. Son ciclos que van repitiéndose, situaciones que ya viví, que ya sufrí, que conozco y que regresan a mi presente sin llamarlas… Me siento culpable porque me siento un poco responsable por lo que sucede conmigo pero no puedo evitarlo. Aun no encontré otra forma de vivir… o de no vivir…
Esta mañana una amiga me ha mirado y me ha dicho que mi aureola (¿?) estaba triste… No tuve el valor de negarlo y esbozar una sonrisa como en otras ocasiones. Me agarró desprevenido y el reconocer mi tristeza me hizo pensar en mi verdadero estado de ánimo: Hasta ayer pensaba que estaba enojado, con rabia, con impotencia, pero no, realmente es tristeza… Una nostalgia narcotizada… De cielos grises y brisa fría…
En estos días me he mirado en el espejo intentando ver más allá de mi rostro quemado por el sol… No logro encontrar un mensaje en mis ojos… Es como si todos mis escombros emocionales se redujeran a mi rostro enrojecido… En momentos así maldigo al sol, maldigo la luz, maldigo el calor, por dejarme sin brillo, por dejarme huellas… Prefiero la luna… Callada, fría, paciente que cada noche me permite observarla diferente… Definitivamente el sol y yo no somos compatibles… El sol es mi enemigo…