Me gusta el reciclaje…

…En el arte en general, pero básicamente en la escritura que es de donde luego surge el cine, el teatro, la literatura.

Me gusta reciclar personajes. Tomarlos prestados de otros ‘colegas’ para darles un nuevo giro, moldearlos a mi mirada, hacerlos recorrer por lugares en los que el colega no pudo o no quiso pensar. Cambiar sus decisiones, angustiarlos un poco, brindarles la oportunidad de experimentar a partir de su elixir de vida.

Me gusta reciclar expresiones, frases dichas por personas con las que convivo de una forma u otra. Desde las que podría decir mi padre en un momento de sabia elocuencia o mi abuela con su humor disparatado, hasta aquellas dichas por las recepcionistas de los lugares donde trabajo. Todas aquellas frases, palabras sueltas, de diferentes seres se mezclan, se licúan y dan origen a los diálogos sufridos, alegres o mortíferos de los personajes que pueblan mis líneas.

Me gusta reciclar historias. Estoy atento a aquello que me cuentan, la historia familiar de un amigo o amiga que si bien se ha vuelto casi un mito por las diferentes versiones que tiene, posee una esencia, una dramaturgia popular que es tierra fértil para los caminos que recorrerán los personas.

Escucho con atención la historia del mensajero que debe arriesgarse en lugares peligrosos por el nombre de la empresa, del compañero de trabajo que discutió con su esposa, de la novia que rompe por enésima con su novio, del amigo que está emprendiendo una nueva vida lejos de Ecuador, de los problemas de la amiga que ha dejado a su novia de años por emprender un romance con una mujer de provincia. Escucho, me alimento cada día de historias. Algunas no ‘me tocan’, pasan por el tamiz y se quedan en la nada. Pero en un momento aparece alguna menos elaborada, menos ‘interesante’. Entonces la escribo en mi viejo cuaderno de notas esperando por el momento en que los personajes reclamen espacios, situaciones, frases para empezar a moverse libremente por el papel o en este caso en la blanca pantalla del ordenador.

Sí, me gusta reciclar. Confieso que me gustan los remakes como propuesta de rearmar, de repensar lo ya escrito y vivido. Me gustan los covers, cuando un artista agarra una canción de otro artista y hace una versión a la altura. En contrapartida, me enoja mucho cuando el remake es una vil copia, cuando no pasa por el proceso de reciclaje, cuando no se contextualiza o cuando se ‘manosea’ su valor.

Reciclar es todo un arte dentro del arte.

Unas cuantas letras olvidadas en el tintero

Me he descuidado. Quiero decir, ando repartido en tantos roles en los que comparto millares de objetivos, que de alguna manera he descuidado ciertas cosas. A veces una imagen, una canción o una mirada obligan a observar, a ver fuera de sí mismo y simplemente ‘mirar’.

Las señales van apareciendo, se manifiestan sin un mayor conflicto. Todo está ahí, tan evidente cuando parecía tan complicado, tan lleno de retórica. En fin, hay muchas letras que han quedado en el ambiente y no puedo decir ‘perdidas’, sino ‘olvidadas’ que es aun peor, porque teniendo conciencia de su existencia, las he dejado suspendidas.

Y es así como llega un ahora, un presente y debo escoger entre mis libres elecciones (¡Maldito Sartre!). Entre todas estas disyuntivas en las que me encuentro inmerso, he vuelto a recordar Buenos Aires, ese bullicio, ese aroma que no escapa de mi memoria. Te extraño amada, me haces falta y extraño también ese yo que fui mientras me acogías tiernamente en tu regazo.