Saudade de Domingo #126: No ser una máquina

En el trabajo de mesa de una obra que montaremos en el futuro con unos compañeros, surgió, entre varios cuestionamientos, qué es lo que nos diferencia a los humanos de las máquinas/robots/plataformas. Aunque la respuesta podría ser obvia y cargada de verdades absolutas y de lugares comunes, el asunto se complejizó cuando empezamos a discutir acerca de la humanidad versus el automatismo de las máquinas. ¿Podemos los humanos «volvernos» robots cuando tenemos comportamientos automáticos y «perdemos» la sensibilidad? ¿Los robots, las máquinas y/o plataformas se irán perfeccionando en el futuro en materia de humanidad? Aunque suenan a preguntas descabelladas, hacen mucho sentido para el montaje de una obra de teatro en la que la humanidad y la robótica se unen, generando malentendidos y problemas que más allá de ser una ficción invitan a una reflexión.

Así que la pregunta sobre la humanidad me ha seguido dando vueltas. No basta con tener un corazón que lata para hablar de humanidad cuando vivimos en rutinas sistematizadas, organizadas para encajar y cumplir. Es inevitable bajo este esquema cuestionar relaciones afectivas, laborales, el vínculo con la ciudad, con el mundo. Aunque suena a frase hecha, creo que más que nunca es necesario «salir de la zona de confort», probarnos en otras áreas, reinventarnos y sobre todo ganar confianza. Es el miedo lo que paraliza.

En una época donde todos corren y como diría Byung-Chul Han, la realización personal está en explotarse a uno mismo, creo necesario hacer un alto y pensar en las cosas que hacemos. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? Sin duda son preguntas existenciales que las máquinas no podrían hacerse y que los humanos estamos perdiendo la capacidad de formularlas.

Aunque pareciera no tener relación, en paralelo a este nuevo proceso de teatro, estuve leyendo el libro The Bullet Journal Method, que básicamente se enfoca en llevar un diario monitoreando todas las actividades que realizamos en el día a día, a través de colecciones anuales y mensuales. Empecé a leerlo con recelo, con sospecha de que fuera otro libro más de coaching, de mindfulness para dummies. Sin embargo mientras avanzaba la lectura me encontré con un texto sólido en el que queda claro que el diario es sólo una herramienta para realmente estar felices con lo que hacemos. Más allá de la parte técnica que propone utilizando nomenclaturas, índices de clasificación, el valor real que tiene este libro para mí es que invita a reflexionar sobre cada actividad que hacemos preguntándonos si es útil o no, por qué la realizamos, por qué la posponemos (oh, maldita procrastinación) y si vale la pena invertir tiempo en ella.

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Aprovechando el inicio de mes, he decidido llevar adelante mi primer bullet journal. Me he tomado el tiempo de armarla de acuerdo a mis necesidades (eso es lo interesante de esta metodología) y de ir anotando las actividades que tengo y quiero hacer durante este mes y en lo sucesivo. Si bien ya llevaba registro con el Google Calendar, creo que el volver a lo analógico, al cuaderno y a la tinta me permite desconectar un poco de lo digital y sobre todo me hace reflexionar sobre lo que hago y lo que dejo de hacer. Trabajar en un diario ofrece una relación intimista, voluntaria y necesaria.

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Podría parecer que con el Bullet Journal se perdería la naturalidad de lo espontáneo pero esta dinámica no es rígida sino que está abierta a los cambios y cada uno la puede adaptar a lo que necesite. Me gusta el hecho de que el diario sea como una especie de inventario de mis actividades y de esa manera puedo tener la cabeza con más aire, con más espacio para pensar en cómo llevar a cabo lo que quiero. Siempre me he sentido ahorcado de trabajo, de actividades que se suceden una a la otra y ahora llevando un registro puedo mirar en qué estoy invirtiendo mi tiempo real.

Puede que el Bullet Journal no sea para todo el mundo pero creo que está bien probarlo y ver si funciona. Creo que ya es ganancia el hecho de hacer un alto momentáneo a lo digital y concentrarse en uno mismo y el papel, dejando que sea esa relación la que invite a pensar, a reflexionar, a saber cuándo decir no. El Bullet Journal es una herramienta con la que se puede salir del automatismo diario, del ser una emulación robótica que al final del día siempre se recriminará no hacer lo que realmente quiere «por falta de tiempo». Yo diría que es por falta de organización y de ganas de cambiar lo que no ha funcionado hasta ahora.

Some thoughts about «the calling»

Writing is a hard process but if you love it, it will be the most beautiful craft. By reading Elizabeth Gilbert’s Big Magic and many interviews of the Turkish author Ellif Shakaf, I underlined some thoughts about «that thing» usually named «The calling». That thing you can’t deny, you’re a creative person, you see and feel the world in another way. Sometimes is hard being different. Sometimes you’d like to be like everybody else, but you have a gift, and you have to face it.  Obviously, you need to have fun being a creative person.

Those are some thoughts from Elizabeth Gilbert and Ellis Shakaf:

  • Make something creative in order to live healthy and sane. If not, your brain will look for something to work. And perhaps it will not a good thing (maybe you can be self destructive or break your relationship, etc.)

 

  • Storytelling is not about being perfect, is about being honest with you, putting you on a chair and writing whatever you feel. Ellif believes is more important to feel than to know something. As Marcus Aurelius wrote in his memories “don’t expect to write Plato’s Republic. Don’t be perfectionist». Elizabeth Gilbert says that perfectionism is a kind of fear, an intelectual way to hide your afraid to show you.

 

  • Do your job no matter what people think about you. Your novel or short story is a gift at the end of your creative journey, not a curse.

 

  • We need a time to escape for ourselves at the point to forget who we are, our families and focusing in the craft of creating stories. For instance, Mihaly Csíkszentmihályi discovered by interviewing some artists that they have in common the feeling of not being «alive» in the moment there were creating something. That’s the great moment of connection with the universe, with the magic and with your soul.

 

  • Done is better than good. People usually don’t finish their jobs. They stop their projects. It’s much better a work finished than a work pretend to be perfect but unfinished.