Acerca de las Despedidas

… Como odio las despedidas, decido ser siempre yo quien se va. Las despedidas siempre duelen más para quien queda. Cuando el sentimiento me embarga, cuando el amor me ata, cuando la rutina me atenaza, una extraña melancolía amarga mis letras y es entonces que decido dejarlo todo, salir, mirar afuera, aunque esa observación me conlleve a más amargura. A esa altura la decisión está casi tomada. Debo salir a buscar. No soy un aventurero, ni me aburro de las cosas. Simplemente tengo miedo de afincarme, de crear raíces, de amar una estabilidad. Le temo a los compromisos, a los contratos, a las ataduras y antes de que ellos terminen por acabarme o quebrándome, decido romper mis nexos, dejar puntos suspensivos. No digo que no sufro, pero prefiero salvaguardarme… Parezco frío y a veces hasta cruel, pero es al contrario. Por sentir demasiado, por dejarme afectar es que prefiero cubrirme y despedirme es una forma de huir…

Hay algo en las despedidas que me atrae. No es que sea masoquista, pero las personas adquieren una cierta postura, una expresión de lontananza. Las palabras suenan a miel, el tacto es mucho más sutil y las miradas son mucho más profundas. Son las últimas escenas de la historia. Las personas se convierten en personajes y la situación deviene teatral, cinematográfica. Aun no he tenido muchas despedidas en mi vida, pero las que tuve siempre me situaron en una especie de escenario, donde siempre he sido el que hace mutis. Cargo conmigo una inmensa nostalgia, pero nunca se compara a aquella para los que se quedan. Por eso parto. Prefiero sorprender antes que ser sorprendido…

Adiós…

Preferiría no empezar con aquella palabra tan melancólica, pero entre más escribo más negras fluyen las líneas. No consigo hilvanar letras más alegres. Es difícil dirigir las emociones, canalizar los sentimientos. Me apena tu partida… Es verdad… Ya no te veré a través de mi ventana, no escucharé el repicar del teléfono sabiendo que eras tú quien llamaba, no tendré esas repentinas reuniones vespertinas que muchas veces terminaban siendo conversaciones de amigos más allá de lo laboral. Ahora debo decirte adiós y también a esos momentos. Has hecho mutis en esta rara obra del absurdo o de la crueldad… El nudo de la trama se volverá más tenso…. Se ha perdido un gran personaje… una gran actriz… Quiero confiar que como en toda gran obra la salida de un personaje, reserva la llegada de cambios positivos, renovación tanto para el que se va como para los que se quedan… Espero que así sea…

Emprenderás nuevos rumbos, surcarás lugares estériles, transformarás lo mustio en vida. Desconozco tus próximos pasos. Sólo espero verte en el futuro, conversar esta vez fuera de aquella atmósfera asfixiante. Tiempos nuevos están por venir aunque sentiré falta de nuestras charlas, cuando a veces llegaba efusivo imaginando un sinfín de cosas para realizar y cambiar. Recuerdo que me mirabas con emoción, como si te dijeras a ti misma que habías apostado por un loco apasionado. No sé si para bien o para mal. Ni quiero preguntármelo tampoco…

Guardaré mis vivencias en un lugar que nada ni nadie moverá. Quizás nunca hable de ti, quizás no vuelva a verte, pero te tendré muy presente. Un secreto, un recuerdo, una mirada, una sonrisa más que guardar en mi álbum de remembranzas, en aquel océano de vivencias propias y ajenas que de vez en cuando agito en marea alta para bañarme de saudade. Entonces saboreo mis lágrimas, mi respiración se corta como ahora, cuando me doy cuenta que muchas veces se ignora cuánto  se puede llegar a apreciar y a querer a alguien en un lugar tan frío, inhóspito y muchas veces inclemente como en el que nos conocimos. El corazón aun existe, persiste y puede vivir en condiciones tan infrahumanas. Inevitablemente mi alma va formando lazos y raíces en ese desierto que algún día desembocará en el océano del cual me nutro. 

Un abrazo,

Saudade.