Saudade de Domingo #42: På et Blunk o cómo construir un texto dramático

På et Blunk significa “en un parpadeo” en noruego. El título en esa lengua nórdica apareció como una urgencia, una necesidad por tener un nombre, ya que desde la primera versión del texto no había un título. Me suele pasar cuando escribo que, o bien ya tengo el título que de alguna manera direcciona toda la obra en cuestión o empiezo a escribir sin título y a medida que avanzo me resulta cada vez más difícil decidirme por un nombre. Esta obra se encuentra en el segundo caso. Comencé a escribir el texto como parte de una tarea dentro del taller de entrenamiento para actores que tomaba con Itzel Cuevas. La idea era tener un texto para trabajar. Aun no estaba claro si se iba a hacer un montaje o no pero al menos queríamos hacer el ejercicio.

Luego de buscar entre varios textos ya escritos, decidí que debía escribir algo nuevo. Recuerdo que en alguna de las sesiones con Itzel, nos mencionó que el trabajo del actor consiste en revisarse, mirarse por dentro y luego exponer todo eso en escena. “De que es un proceso que puede ser doloroso, claro que sí, y mostrarlo también puede ser sanador”, nos dijo con la convicción de alguien que tiene más de 35 años en escena, enfrentando personajes, estudiando textos, construyendo y rearmando montajes completos.

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La sexta versión del texto, con la que ya empezamos a armar el montaje, en agosto.

Recordando sus palabras, me vino a la memoria el ejercicio final que había hecho durante un taller con Leo Van Cleynenbreugel, donde a modo de improvisación trabajé mi fobia a los controles de migración en los aeropuertos. Para sorpresa mía, toda esa improvisación causó mucha risa en Leo y en los compañeros talleristas. Había algo -o mucho- de chistoso en esa drama mío con los aeropuertos. Eran además situaciones fácilmente identificables y por las que todos, sin excepción, hemos pasado. Decidí entonces escribir un texto alrededor de ese tema, a mediados de junio de este año. Era totalmente literario, narrado más bien a modo de diario, en el que todo se concentraba en mi proceso mental frente a las situaciones de filtro en el aeropuerto (detector de metales, sellado del pasaporte, filas de espera, etc.). La primera observación de Itzel ante ese texto fue: “Está narrado todo desde la mente, el texto necesita tener acciones -físicas- para que lo puedas transitar”. Vino una segunda corrección, en el que ese aspecto mejoró pero seguía sonando muy narrativo. Como nuevo ejercicio, Itzel me mandó a escribir el texto ahora enfocándome en las emociones. Era como la versión visceral de la segunda corrección, que debía escribirlo apenas para tener conciencia de qué me pasaba corporalmente con cada momento dentro del aeropuerto. En medio de cada revisión transcurría el tiempo ya que yo estaba a full con el trabajo en la facultad e Itzel estaba con el montaje de Romeo y Julieta. Así que el texto tenía ciertos lapsos de reposo, que ahora viendo en retrospectiva, fueron necesarios para que la historia se fuera gestando. Cada texto tiene su propio ritmo y modo de crecer.

Vino después una nueva versión en la que decidimos que había que involucrar al público, reescribiendo textos que debían ser dirigidos para los asistentes. En esa reescritura, ciertas momentos se borraron para siempre, otros se extendieron. Había que llevar la historia a un cuento y yo me volvería una especie de cuentacuentos en escena. Itzel me había dicho durante alguna sesión que yo tenía vis cómica, que era cómico por naturaleza y que podíamos utilizar eso en la escena.

Con esta nueva versión, el texto se potenció y mientras se trabajaba la escenografía, empezaron los primeros ensayos. Ya a esas alturas, el texto había pasado por varios nombres: Paranoia, En un parpadeo, La sala de migración, pero ninguno terminaba de convencerme, sin embargo había que elegir uno ya que teníamos fecha de estreno en el Microteatro GYE. Dado que la historia es el recorrido de un personaje que viaja a Noruega con su respectivo vía crucis, Itzel me dijo que quizás el título En un Parpadeo podría funcionar en noruego. Busqué en google translator, consulté con algunos conocidos noruegos  y la traducción era Pa et Blunk. Sonaba bien y con la estética cómic, diseñada por Valeria Galarza, el título adquiría una apariencia pop art, retro, que me gustaba.

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Las primeras versiones del texto de Pa et Blunk, cuando aun no se llamaba así.

Ahora ya en la última semana de På et Blunk, mirando hacia atrás y revisando las versiones, me doy cuenta del recorrido que ha llevado el texto. Lo que más me gusta es darme cuenta que la esencia, esa locura, ese frenesí por el viaje estaba presente desde el primer borrador. Aun el personaje estaba en embrión para ese momento, pero se fue fortaleciendo a lo largo de las reescrituras. Hoy en día es un tierno paranoico que vuela a Oslo a visitar a su tío y que trata de mantener íntegro su amor por los viajes, pese a los filtros en los aeropuertos. Esta semana que viene På et Blunk terminará sus funciones en el Microteatro GYE, con un personaje fortalecido, sorprendente y que ha crecido frente a mí.

Para quienes quieran ver På et Blunk en su última semana, estará de miércoles a sábado a las 20h15 y 21h55, en el Microteatro GYE (Av. Las Palmas #307, diagonal a la entrada de Miraflores de la Universidad Casa Grande).

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