Tesis, cuenta regresiva (Parte 2)

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El formato de la tesis en mi maestría cambió este año y por tanto el caudal teórico se vio mermado para dar más énfasis a la parte práctica, es decir la que concierne a lo audiovisual. En mi caso decidí sustentar como guionista y eso también mutó con el paso del tiempo. De iniciar con la idea de un cortometraje, se convirtió en una serie de TV de 13 capítulos con 52 minutos de duración para terminar en una serie de 8 capítulos de temporada única y de 26 minutos de extensión.  Para transitar hacia los 26 minutos, teniendo ya varios borradores escritos de 52 páginas, fue casi un parto. Afortunadamente para la tesis sólo necesitaba tener escrito el capítulo piloto y al no poder reducirlo, al director de mi maestría se le ocurrió algo que me salvó la campana: Partir el capítulo 1 de 52 minutos en dos capítulos de 26. Siendo común que los capítulos pilotos de las series tengan una duración especial con un tratamiento distinto al resto de episodios, la solución fue esclarecedora.
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El cambio a serie de 8 capítulos se debió a que, al desear contextualizar las posibilidades de producción de mi serie acá en Argentina, el concurso de fondos que podía facilitar esa realización es uno de los que realiza el INCAA. Fue así como decidí armar el proyecto ajustándolo a los requerimientos del Concurso de Series Federales. La convocatoria pide 3 guiones escritos correspondientes a los 3 primeros capítulos con la sinopsis larga de los siguientes 5. Tocaba entonces crear un capítulo más, algo que no era muy complicado considerando que al haber ideado una serie de 13 capítulos, tenía las sinopsis de los demás episodios.
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Luego vinieron las correcciones. Junto a mi guía de tesis, Emeterio Diez Puertas, emprendimos un camino de revisión de los guiones. Desde el otro lado del Atlántico, con diferencias horarias y con las múltiples ocupaciones de ambos, pudimos amañarnos para tener reuniones por skype al menos una vez por semana. Emeterio es del tipo de docente que tiene la pedagogía en sus venas. Nunca hubo de su parte un comentario negativo. Aun en los momentos que yo flaqueaba, sintiéndome el peor guionista, Emeterio venía con sus comentarios sutiles, ajustando tuercas. Su inmersión en la historia y al mismo tiempo con el distanciamiento al ser el guía, hacía que su feedback fuera muy nutritivo. Siempre quedaba high luego de nuestras charlas e inyectado de energía para reescribir. Otra historia sería sino fuera por su ayuda, sin duda.
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Alguien importante también en este proceso fue José Luis Barro, quien me ayudó con la “argentinización” de los diálogos. Siempre con una visión afilada me hacía preguntas con respecto a los personajes o a las situaciones y eso me obligaba a repensar mis respuestas. Si bien Jose no tiene una formación audiovisual, sus años recorridos en la comedia musical, en el canto, le dan esa sensibilidad de artista y una capacidad de análisis que muchos de mis compañeros del ramo desearían tener.
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Estructurar la parte investigativa y unirla a los guiones en la forma de una carpeta fue otra tarea titánica. No hay algo que me dé mayor molestia que hacer un índice. Realmente lo odio. Si pudiera le pagaría a alguien para que haga los índices de todo lo que escriba. Sin embargo, fue un proceso que no hubo que pensarlo mucho, ya que cuando lo pensaba, estaba en el horno. Dejé que fuera la intuición y las charlas con Emeterio, las que guiaran el formato del índice. Una vez concluído, Emeterio dio la pincelada final y voilà, la tesis estaba lista.
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La última revisión de los guiones y la parte de investigación. Podría pasarme revisando una y otra vez  y siempre encontraría algo que cambiar. Entre el día que terminé de revisar y el siguiente que tenía que imprimir, debo haber realizado unos cinco cambios. Mientras me bañaba, veía tele o trabajaba en mis clases, me saltaba una duda. Iba al texto y efectivamente, encontraba que había que cambiar algo. Estoy seguro que ahora que el documento ya está copiado en triplicado y se encuentra en la facultad esperando por el jurado, debe haber cosas qué mejorar. Pero bueno, ya está. Es un hijo que se fue y que debe ser leído y alimentado por otros, aunque duela.
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El miércoles 19, mi primer día sin pensar en qué escribir para la tesis, me sentía extraño, ajeno. Mi mente disparó varios pensamientos alrededor de la tesis y yo le decía (en argentino): “Pará, ya está. Tomate el día y aprovechá”. Eso intenté hacer. Vi un documental, almorcé sin prisas, leí, me encontré con Héctor, quien hace las veces de mi terapista emocional, espiritual, en resumen, mi padre argentino y luego di una clase en San Isidro. El clima del miércoles fue benévolo al final de la tarde y no morí de calor como el martes al entregar la tesis. Ahora a esperar la fecha de defensa y hacer de esa serie hija, digna de mí y de ella misma. Mientras retorno a la escritura libre, sin ningún propósito hasta que aparezca alguna trama que me remueva y me impulse a crear una nueva historia, en el formato que ella misma precise.

 

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  1. Pingback: Sobre el fin del proyecto de tesis | Escribir con Saudade

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