La historia que llama a la puerta

No puedo ser ordenado. Hoy no. Escribo esto como mejor me sale, como un impulso, como un arrebato, como escupitajo que debo leer dentro de varios días o semanas después para ver en qué estado me encuentro en este momento. 

Pasa que hay una historia, una trama, un juego o como quieran llamarlo, que ha tocado a mi puerta. Quiero decir, los personajes han estado en mi cabeza desde hace más de un año. Incluso llegué a bocetearlos en los viajes en metro, en las esperas de aeropuertos de Lisboa, Madrid y Estocolmo. Me hacía ilusión ver la historia que se dibujaba ante mí. Al mismo tiempo miraba con pena esa creación porque sentía que no tenía el tiempo para poder desarrollarla. Ni bien estaba naciendo y ya la ubicaba en un pedestal, en un sitio inaccesible al que yo no podría llegar por mi trabajo y por mis ocupaciones cotidianas. 

Pasaron los meses. Escribí algunos cuentos, escribí posts por acá, leí muchísimo y la historia entró, lo confieso, en las aguas del olvido. Todo lo que había avanzado se quedó reposando en un frío archivo de word con la esperanza de “encontrar” el tiempo perfecto para empezar a escribir. Porque debo decir que la había vuelto inaccesible ya que es una historia que habla mucho de mí y a la vez es muy lejana a mí. De alguna manera sentía que era una historia que me iba a remover hasta los huesos y la verdad es que también pocas veces me permito ser vulnerable (aunque lo soy y mucho).

Y ahí la pandemia llegó, hizo trizas el futuro, nos ha puesto delante un presente brumoso, con ansiedad y angustias. Pero el sol sigue ahí, el firmamento sigue siendo azul, los pajaritos cantan igual, mi perrito Noé mueve su rabito contento cuando me levanto, mis papás están sanos, mi hermana a la distancia nos cuenta cómo está viviendo su cuarentena. Estoy tranquilo y trato de mantenerme zen en medio de la crisis. Preparo mis clases con ganas, pensando en cada uno de mis estudiantes. Pienso, hago, pienso, hago.

Así una noche en Instagram me encontré con un post de una cuenta norteamericana de guionistas que proponía el desafío de escribir un guion en 14 días. Me encantó la planificación realista que sugerían. Y ahí en la cama pensando, apareció de nuevo la historia, pequeñita, juguetona tocando la puerta. Me recuerda que no hay tiempo precioso ni perfecto, que debo dejarla entrar y que pase lo que tenga que pasar, como cuando un amigo/a llega de imprevisto y hay que recibirlo bien en casa. 

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Siento que es la historia que siempre he querido contar y que este es el momento para escribir sobre ella. Pocas veces he tenido tanta emoción al pensar en una historia. No estoy pensando si saldrá bien o mal, si le gustará o no a alguien, si se volverá o no una película. Hay una libertad, un mar de posibilidades al escribir este guion. Me levanto pensando en los personajes, en las cosas que van a vivir, en los lugares que van a recorrer. Es una historia de amor con muchas vueltas. Se ha nutrido de mis propias experiencias y de personas cercanas. Estoy en el cuarto día de creación y no tengo miedo. Es liberador poder decir que no tengo miedo a pesar de la incertidumbre que siempre produce la escritura. En medio de estos tiempos raros, la creación aparece y no, no puedo escribir una historia sobre pandemia ni enfermedades. Quiero escribir sobre el amor, sobre esa fuerza sobrenatural que nos enloquece cuando estamos con quien amamos, cuando hacemos el amor, cuando damos un abrazo, cuando besamos, cuando decidimos vivir una historia con alguien a sabiendas que todo puede salir bien o mal. Este guion para mí es un homenaje al amor de pareja, al amor a la obra, al  amor a uno mismo. Y no, no será la gran historia, no será el Ulises de Joyce ni el Quijote de Cervantes, ni el Aleph de Borges, pero será mi historia personalísima y colectiva en medio del encierro. 

En estos momentos no sé desde qué otro lugar escribir que no sea como un arrebato o como una “coquetería”, parafraseando a un amigo mío que usa mucho ese adjetivo para decir que la creación es un juego atrevido y también seductor. ¿Me pongo coqueto cuando escribo? No lo sé, pero tengo claro que cuando escribo esta historia la pandemia se esfuma, se borra el tiempo y está sólo el amor. El amor a las palabras, a las historias de amor, a la vida que sigue latiendo.  

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