Saudade de Domingo #121: El último acto del 2019

Dentro de un mes exactamente será Nochebuena. Las tiendas de la ciudad ya se han vestido de navidad, los edificios y centros comerciales han encendido sus árboles navideños, ha comenzado la publicidad de los descuentos. En paralelo, desde el ámbito laboral ya se da por liquidado el 2019 y ha empezado la planificación del 2020. Me suena tan lejano ese número cuando en realidad está a la vuelta de la esquina. Agoniza el 2019, está en la recta final.

Este año ha sido particularmente muy movido, he viajado con mucha regularidad, he leído mucho y también, debo reconocerlo, no he escrito tanto como me hubiera gustado. Ha sido un año de mucho trabajo, de nuevos conocimientos. A diferencia de la trama aristotélica en la que podemos identificar un gran momento de clímax, en este año creo que he tenido varios puntos de giro pero nada catártico. Ayer por la noche se efectuó quizás el último giro del 2019. He comenzado a escribir las primeras líneas de una novela, una que ya tenía en la cabeza desde hace algún tiempo pero que no sabía cómo encararla.

Aun no sé cómo hacerlo pero ayer, luego de conversar con varios amigos que tienen sobre sus hombros proyectos ambiciosos e interesantes, me di cuenta que era el momento para emprender un nuevo desafío personal. Revisé los apuntes que tenía de esa historia y ahí vi que ya tenía “algo”. Había marcado algunas directrices de la trama, algunos datos biográficos del personaje principal, anotaciones varias sobre el ambiente de la historia. Lo demás, lo sabía, se iría descubriendo en el mismo camino.

De modo que me animé a crear un nuevo documento de Scrivener (ese momento es siempre una ceremonia, es la iniciación de algo mágico), coloqué el título y empecé a escribir las primeras líneas. Al poco rato vino el Sr. Crítico a hacer de las suyas, a disuadirme de mi nueva tarea. Traté de no escucharlo, interrumpí la escritura para escuchar música un rato y luego regresé. Hice el ejercicio de no leer lo que había escrito y seguí con el flujo de conciencia, escribiendo lo que iba saliendo, continuando la escena.

Puse punto final a la escritura luego de algunas páginas pero mi cabeza siguió maquinando. Ya acostado, listo para dormir, hice unas anotaciones más que fueron apareciendo. Podía sentir como si todo fuera un dictado y las imágenes iban surgiendo como escenas sueltas de una película. Me sentí satisfecho. Al menos ayer.

Así que en medio de planificaciones laborales para el año que viene y la culminación del semestre con los respectivos trabajos finales, he empezado una novela en el tercer acto del 2019. No tendré mucho tiempo por estas semanas, pero es bueno saber que el 2019 reservaba esta sorpresa que me llena de expectativas y también de ansiedad.

Seguiré trabajando para ver cómo llega ese final del 2019.

 

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