Saudade de Domingo #89: La terapia del domingo

Hace algunos meses atrás, en esta misma columna escribía sobre el malestar o el síndrome que me produce el domingo por la tarde. No es que haya cambiado ese problema pero he podido capitalizar mejor el uso del domingo. Siempre he sentido al domingo como un día indefinido: No es un día de mucha actividad como el sábado, tampoco es un día “serio” como el lunes y aunque a veces se hagan reuniones familiares ese día, tampoco hay tanta festividad como si fuera un sábado. Es mi concepción acerca del domingo. Siempre le he encontrado cierta alegría a las primeras horas de la mañana, cuando todavía se sienten los rezagos del sábado por la noche. Pero cuando el domingo va tomando cara de lunes, me resulta asfixiante.

Desde hace varias semanas he empezado a trabajar con un libro que se llama El Camino del Artista y en medio de toda esa labor introspectiva de autoconocimiento, le he encontrado una utilidad al domingo. Ahora es mi día personal, mi día “egoísta”. Es el día que estoy destinando para una escritura libre desligada de algún proyecto en particular, de organizar mis prioridades, de escuchar música, de hacer ejercicio. Es el día que puedo preguntarme cosas, responderlas si quiero; es el día que he elegido para escucharme.

IMG_7642En esta nueva versión de domingo, empiezo la mañana escribiendo algo que Julia Cameron (autora de El Camino del Artista) denomina páginas matutinas (morning pages). Consiste en escribir tres páginas sobre lo que salga, todos los días. Y el domingo no podía ser la excepción. De modo que empiezo con ese trabajo que me lleva aproximadamente una hora. Trato de no distraerme con WhatsApp ni con redes sociales para que sea una escritura profunda. Es curioso la introspección que puede producirse con este tipo de escritura. Siento que los pensamientos se ordenan mejor, emergen en medio de la maraña de tareas que tengo en la cabeza. Me clarifica y me obliga a establecer prioridades.

Luego de esa escritura matutina lo más probable es que tenga material para definir cuáles van a ser las actividades más relevantes durante la semana laboral que empieza el lunes. A veces de esa escritura surgen temas que voy a terminar escribiendo en el blog o en ocasiones sirve para trabajar en una obra de teatro o en un cuento.

Aunque no todos los domingos hago las actividades en el mismo orden, después de la escritura matutina suelo escribir entradas que vendrán a este blog. Algunas veces las dejo reposar unos días y las publico más adelante, a veces siento que deben encontrar la luz enseguida a través de esta columna Saudade de Domingo. En el medio del proceso suelo escuchar música instrumental porque si pongo música que me gusta termino volándome y me distraigo. (Sí, para algunos la música es esencial para escribir, para mí no tanto, me suele llevar a otros mundos y me desapego de lo que estoy escribiendo en ese momento).

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El domingo ahora es el día en el que hago un balance de mi semana. Anoto en mi journal cuáles fueron los hechos más importantes. Puede parecer una bobería pero eso me ayuda para medir si mi semana fue productiva o no y tiene un cierto impacto en las actividades que deseo realizar la semana siguiente. Debo decir que todo esto son guías, no tiene nada de rígido, porque también en el ritmo del trabajo en la universidad las cosas suelen modificarse en el camino.

También trato de incluir dentro del domingo una actividad física de ejercicios (dependiendo de lo que quiera trabajar) y un poco de meditación después. En otras épocas podía meditar media hora, cuarenta minutos, ahora me cuesta un poco más y voy gradualmente. Actualmente estoy usando la app Headspace, que propone meditaciones de 3 a 5 minutos. Convertirlo en un hábito diario trae mucha satisfacción con el paso de las semanas.

Ya por la tarde, a eso de las cuatro suelo ver alguna serie o película. Después de terminar la segunda temporada 13 reasons why, esta semana he pasado viendo más películas hasta encontrar una serie a la que me quiera dedicar.

Ya cerca de las 5, 6 de la tarde escucho un poco de música, veo algo de tele, leo algo interesante (estoy terminando ahora Big Magic y leyendo varios libros de no ficción). Por la noche, después de cenar algo ligero, dedico una hora aproximadamente al aprendizaje de japonés. Puede que estudie el Hiragana (uno de los sistemas de escritura en japonés) o aprenda algo de vocabulario. Hoy creo que optaré por reforzar el aprendizaje de los números.

Así que mi domingo ha pasado de ser un día tortuoso y aburrido para convertirse en algo egoístamente productivo. No quiere decir que haya superado el síndrome del domingo por la tarde, pero puedo manejarlo mejor ahora. A veces a eso de las seis, siete de la noche me asalta esa sensación pero al estar imbuido en mis actividades, no tengo tiempo para pensar en la agonía del domingo.

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