Nuevo libro para la biblioteca y para más

FullSizeRenderNo es un libro cualquiera. A simple vista no tendría nada de especial, pues se trata de un compilado de obras del teatro uruguayo contemporáneo, cada una con su respectivo valor, pero lo que me llevó a atravesar media ciudad para conseguir ese libro se debe específicamente a una obra: Un agujero en la pared, de Jacobo Langsner.

Conocí a este autor no por esta obra sino por otra suya que fue adaptada al cine en los 80. No podía ser otra que Esperando la carroza (1985). Nunca la vi en escena, pero haberla visto en su reestreno en el cine remasterizada, con una China Zorrilla impecable acompañada de un elenco de primer nivel, me hizo querer buscar más información sobre la película y así llegué al autor: Jacobo Langsner, a quien luego olvidé hasta que en la televisión pública decidieron homenajear a China Zorrilla luego de su fallecimiento y exhibieron la película Besos en la frente (1996), basada en la obra de Langsner Un agujero en la pared.

El romance platónico, idílico y hasta cierto punto “distante” entre la octogenaria Mercedes (Chinza Zorrilla) y el veinteañero Sebastián (Leonardo Sbaraglia), llamó profundamente mi atención. No me bastó ver la película y disfrutar de una China tragicómica, sino que decidí buscar la obra de teatro, en la que el libro se basaba. Supe que se había montado varias veces en Uruguay y Argentina, que de hecho Zorrilla la había hecho en Buenos Aires con su compañía. En el mismo 2014, se realizó una versión teatral en San Isidro pero la verdad al ver la gráfica no me motivé mucho.

En fin, comencé a buscar el texto de la obra para leerlo, pero resultó prácticamente imposible. Sí encontré muchas referencias, críticas a la obra. Al inicio realicé la búsqueda con el nombre Una margarita llamada Mercedes, que es el nombre alternativo de la obra. Al no tener éxito por internet, me di a la tarea de recorrer varias librerías de Buenos Aires. Sabía que habían publicado la obra en una antología de teatro uruguayo así que armado de esa información me enfrenté a los libreros. Las respuestas eran casi siempre las mismas: es un libro que no se editó más, que lo tuvieron en stock hace algunos años pero no volvió a entrar. En una librería tenían uno de nombre parecido, pero no contenía obras sino sólo críticas y análisis teatrales. Paralelamente empecé a buscar en Mercado Libre y de todas las opciones, emergió un vendedor con un ejemplar de esa antología. En vista de que en las librerías no había tenido suerte, decidí comprarlo por internet. El único inconveniente era el lugar, ya que se encontraba en un barrio bastante distante de donde vivo y en estas semanas he estado con bastante trabajo y poco tiempo libre.

Afortunadamente, el sistema de transporte en Buenos Aires es bastante bueno, así que luego del trabajo tomé el Subte línea A, bajé en San Pedrito y luego tomé el 53 para llegar al barrio de Montecastro. Todas las calles que pasaba me resultaban desconocidas y aunque puedo decir que conozco muy bien Buenos Aires, esta nueva zona de la ciudad me sorprendió. Mientras me acercaba al destino, trataba de capturar con los ojos la mayor cantidad de nombres de calles, plazas, restaurantes, tiendas, con la supuesta idea de “debo venir acá para comprar, almorzar, hacer algo, etc”. Como de costumbre, eso sólo sirve para entrenar al cerebro, ya que a la hora de la hora, siempre termino yendo a los mismos lugares de entretenimiento.

Este viernes de verano soleado con un viento fresco primaveral, producto de la lluvia de hace dos días, dulcificó mi trayecto. Al bajar del colectivo, luego de una hora de viaje desde que tomé el subte, me encontré con la librería de Montecastro. Sus dimensiones no permiten que más de dos personas entren por la puerta. Si hay algo que amo de Buenos Aires, es esa posibilidad de encontrar librerías de todas las clases: grandes, modernas, chiquitas, barriales, decadentes, viejas, todas con grandes historias, con libreros siempre prestos a hablar de sus nuevas adquisiciones o de aquellos libros difíciles que no se editan más y que por cosas de la vida, a veces conservan en sus húmedas bodegas. El librero en cuestión, antes de escucharme hablar pensó que era uruguayo, dado mi interés por el libro. Le aclaré que no, que era de Ecuador y sonrió. Nunca había escuchado ni visto a alguien de allá. Mientras me cobraba el libro, miré rápidamente el índice para comprobar que Un agujero en la pared estaba ahí. Efectivamente ahí estaba  y luego de dar un vistazo a la librería que dado al reducido decidió cubrir sus paredes con libros de todas las clases, le pregunté al librero por un colectivo que me llevara a Belgrano, donde tenía una reunión. Sus indicaciones precisas, tomando como referencia una peluquería y una tienda de videojuegos sobre Álvarez Jonte, me hizo llegar a tiempo justo cuando pasaba el 107. En el trayecto del libro, empecé a leer el estudio introductorio de la obra y empecé a fantasear con lo sabrosa que sería esa lectura y con el proyecto que deseo hacer posteriormente. Quiero hacer algo con esa obra, pero por el momento es algo muy embrionario. Vamos a ver en qué desemboca todo. Como en muchos casos, prefiero hacer que el tiempo vaya marcando las directrices… Por lo pronto, empezaré a leer la obra.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s