Saudade de Domingo #14: Felices Fiestas

No se me ocurría otro nombre con el que empezar este post. Tampoco encontré otro más apropiado para las festividades que se viven en estos momentos. Se vuelve casi una obligación desear felices fiestas a todos los que nos rodean aun cuando no haya una verdadera voluntad. Trato de ser consistente conmigo mismo y desear felices fiestas desde el corazón, aunque desde hace algunos años no me siento invadido por un espíritu navideño como en otras épocas. Aprendí a ver las fiestas con otra óptica. Las dos últimas las pasé alejado de mi familia, en otro país, en mesa de amigos, recibiendo como regalo el afecto sincero de quienes me acogían en lugar de objetos materiales. Y me gustó impregnarme de las festividades en otra latitud. Obviamente la nostalgia siempre estuvo presente pero también tenía claro que luego volvería a las fiestas navideñas en familia, cosa que ya sucedió este año y ha sido un lindo retorno.

No me considero un grinch navideño tampoco. Amo ver el espíritu navideño en otros, la preparación de la cena, la compra de regalos, las fotos en Facebook de familias reunidas. En momentos de una geopolítica mundial complicada, con crisis económicas internas, está bueno buscar el regocijo en estas festividades. Si ese regocijo es fingido o natural depende de cada uno y no me parece saludable tampoco ir señalando con el dedo que en la cena navideña todos son asesinos porque comen pavo o cerdo, que todos son unos hipócritas porque sólo se creen en las fiestas de diciembre. Esas posturas de ataque, cargadas de un fastidio y resentimiento hacia los otros me recuerdan a los evaluadores del sufrimiento, de los que ya hablé en un post hace varias semanas. ¿Para qué criticar a quienes sienten espíritu navideño? Todo bien quien no lo siente pero ¿por qué desmerecer al que se emociona con la navidad? Si hay que aportar en algo habría que hacerlo desde lo positivo, resaltando lo que está bien, pues para lo negativo ya están los diarios, las conversaciones de pasillo, los discursos políticos demagógicos. Nos hemos acostumbrado tanto a la crítica, en señalar lo negativo que hemos perdido la costumbre de encontrar el lado positivo de las cosas. Se ha creado la idea de que quien señala lo positivo es un soñador y quien busca el error, la falla en todo, es un realista. ¿Desde dónde estamos viendo la realidad para decir eso? Ya la búsqueda de una realidad única es una utopía, porque divide, porque legitima a algunos y anula a otros. Personalmente prefiero estar del lado de los soñadores y creer que se puede construir desde lo positivo.

Siguiendo con el idealismo, deseo para el próximo año que muchos conocidos y amigos míos dejaran de juzgar al otro por sus posturas, prácticas y más bien resalten lo bueno que cada uno tiene para ofrecer desde su propio lugar. Me incluyo yo también en este deseo.

¡Felices fiestas!

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