Mi querido Vinicius

FullSizeRender-6  Siempre he dicho que dar clases es un hermoso intercambio. Los alumnos adquieren conocimiento y uno como profesor se obliga a investigar más, leer con mayor profundidad, analizar, rebobinar, masticar conceptos, deglutirlos. Con mis clases de portugués, he vuelto a unas de mis pasiones de adolescencia: la música brasileña.

Vinícius de Moraes (1913-1980), reconocido como uno de los mayores poetas de lengua portuguesa, fue el personaje que elegí la semana pasada para charlar un poco en mis clases sobre cultura brasileña. A partir de esa elección, me sumergí en la espesura nostálgica de sus letras, tanto en poesía como en música. Es que el autor de A garota de Ipanema, fue un hombre como pocos: abogado, diplomático, compositor musical, poeta, cantante. “O poetinha”, como es conocido hasta ahora, vivía el amor por las letras desde la sangre.

Tuve la suerte de comprar un libro del que el mismo Vinícius hizo la antología poética. Una verdadera joya, editado en Río de Janeiro en 1960. Es inevitable no sentir las cadencias del bossa en cada uno de los versos que escribe a lo largo de toda su obra poética. Se trata de un largo viaje que inicia con sus primeros poemas escritos durante sus estudios de Derecho hasta los concebidos a fines de los 50.

Vinicius de MoraesComo el mismo Vinicius anticipa en su introducción a modo de advertencia, la antología que realizó se divide en dos grandes períodos: la primera, puramente cristiana, mística y una segunda, más material, en la que se permite abordar temáticas más propias de su entorno social. Entre ambas etapas, existe un momento de transición que según Vinicius está representado por el poemario Cinco elegias (1943).

De sus poemas, podría destacar Ariana a mulher, su último trabajo de la etapa mística, Saudade de Manuel Bandeira, un hermoso poema dedicado a su gran amigo Manuel Bandeira, uno de los más grandes exponentes del modernismo brasileño.

El poema A manhã do morto, es el trabajo que más me sorprendió. Una combinación perfecta de poesía y narración cinematográfica. Vinicius se permite hacer aclaraciones como si indicara al lector hacia dónde mirar mientras va narrando el paso a paso de un sueño hipotético en el que muere su amigo Rodrigo M. F. de Andrade en un accidente aéreo. En este poema, Vinicius imagina luego un encuentro con el fallecido para terminar con una disculpa dolida al no poder asistir al entierro del amigo.

En otras páginas del libro, me encuentro con un Poema dedicado a García Lorcapoema dedicado a García Lorca en A morte de madrugada, donde Vinicius como narrador testigo ve al poeta y dramaturgo español siendo masacrado por los soldados franquistas. En una mezcla de castellano y portugués, con un manejo exquisito del lenguaje, uno como lector puede situarse en la Granada que propone Vinicius. Impecable manejo de las metáforas, del ritmo poético y con un final agridulce, con ese gusto de saudade que Vinicius sabe utilizar como nadie.

El paso de Vinicius por Argentina

Vinicius tuvo varios coqueteos con Argentina entre finales de los 60 e inicios de los 70, por donde estuvo junto con María Creuza, Toquinho, Maria Bethânia, Chico Buarque. Es memorable el paso de Vinicius por La Fusa en Mar del Plata, un refugio de artistas de la época, durante el verano de 1971. A partir de esa experiencia nace el disco La Fusa, que grabó en Buenos Aires junto a Toquinho y María Creuza.

Tom e Vinícius
Tom Jobim junto a Vinícius en uno de sus momentos de creación musical

Vinicius fue un hombre de muchas mujeres, bebidas y grandes amigos. Su  gran parceiro fue el genial Tom Jobim, con quien compuso A Garota de Ipanema, Chega de Saudade, entre muchos otros temas. Amigos y compañeros de trabajo, siempre con un whisky de por medio, componían y creaban las mejores melodías del bossa nova, que hasta hoy siguen siendo grabadas por nuevos artistas y en decenas de idiomas.

Aunque el Vinicius poeta es el que menos se conoce, no hay que perder la oportunidad de leer y sentir en la piel la fuerza de sus palabras, con un portugués moderno, vacilante y al mismo tiempo barroco, metálico, que se atreve a jugar con su propia saudade y los amores perdidos. Si a eso se le agrega el sonido de un violão de bossa, el cóctel no puede ser más que perfecto.

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