Diario de un Tesista

Cada día que pasa, es una transformación en mi ser, en todos mis órganos, en mi cerebro, en mi corazón, en mi espíritu. Nunca pude imaginarme que todo este proceso me llevaría a lugares insospechados, a situaciones adversamente maravillosas, a conocer seres de gran calidad humana y artística. Estoy agradecido por todo lo que he aprendido gracias a este accidental y transcendental proyecto, cuya panorámica de mi vida, si bien ya era amplia, ahora es monumental.
Mi bagaje ahora es mucho más pesado, con más conceptos, con más experiencias y con una sensibilidad capaz de producir kamikazes de arte con sabores dulces y amargos, con un suspiro de nostalgia y con una caricia que me recordará siempre al amado mundo de las tablas, aquel lugar donde todo es posible y al mismo incierto.
Ahora lloro, pero de no de pena ni de nostalgia, sino de lo mucho que he ganado, de saber con más firmeza que el arte es un camino pedregoso y extenso, en donde nada es mejor ni peor, sino diferente, donde la belleza es relativa y todo radica en los ojos del receptor y en la pasión y entrega del creador.
Llorar y reír hacen parte de la misma acción, de la misma forma que están unidos los inicios y finales, la vida y la muerte, el amor y el odio. Todo es energía, así como los personajes que habitan en el escenario, cuyo sexo no existe, son sólo energía, una energía capaz de provocar risa, llanto, dolor, nostalgia, pero que jamás logra indiferencia. Eso es lo mágico del mundo de las tablas: Todo puede hacerse incluso sin nada.
Asimismo yo, siento que ahora gracias a esta experiencia, puedo hacer lo que quiera con poco o nada. No soy el mismo. He crecido mucho como ser humano, como artista y me emociona saber todo lo que aun me falta por aprender. Me preparo ahora para culminar mi proyecto y continuar realizando aquellos que vienen atrás cargados de nuevas enseñanzas, nuevas melodías, nuevos seres y nuevos amores.

Poco a poco, físicamente iré cambiando también. Mis proyectos exigirán cambios en mi apariencia para sumergirme en la intensidad de los mismos. Estoy dispuesto al reto de ser vampiro, nadador, teatrero, mentalista, citadino -pelucón?-, mendigo de alma alegre, un viejecillo lector de historias de amor, un donjuan apasionado o un exiliado político. De todos aprenderé, todos ellos seré y a todos recordaré con alegría, nostalgia y melancolía, teniendo siempre presente que sino hubiera conocido el teatro, nada de esto sería posible.

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