Con Saudade

La fiesta terminó. Las máscaras volvieron al baúl de costumbre y los pesados trajes han adquirido nuevamente el olor a pasado que siempre ha inundado las ventanas de este lúgubre salón. Lo que ayer fue algarabía, derroche de alegría, música y sonrisas, ahora no es más que un escandaloso silencio que amenaza con destruir lo poco que queda de este lugar. Cada rincón guarda un recuerdo especial, un encuentro furtivo, una mirada, una caricia, un beso desesperado. Sobre este amplio lugar sólo se respira una extraña alegría amarga en la que la tristeza y la belleza se fusionan en un aroma de saudade que me envuelve hasta dejarme sin aliento. Es entonces cuando tomo conciencia que debo partir, que debo cerrar las puertas de este lugar, hasta que un día, quizás no muy lejano, el polvo se convierta en brillo y los azules se transformen en naranjas cuando el salón vuelva a recibir a sus entusiastas convidados.

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