Soraya

Respiró profundo, trató de mantener la calma y se sentó en su sillón de lectura. Al parecer la presencia de aquel extraño no la incomodaba aunque su corazón latía con gran velocidad. El hombre se acerca a ella, le dice que la ha buscado por todas partes. Soraya se muestra impávida ante la emoción del tipo. Se levanta y manteniendo la mayor calma del mundo le pide que se vaya, que ya fue mucho atrevimiento haberlo encontrado en su casa, que debe estarla confundiendo con otra persona. El hombre, más desesperado que emocionado, se le acerca, observa el rostro de Soraya como si quisiera comprobar que era ella a quien tanto buscaba.
No había duda. Ella era la mujer que buscaba, la que lo había enamorado, la que lo había hechizado de amor. No era posible que la mujer que ahora tenía adelante no fuera la que lo enamoró. Pensó que seguramente le estaría haciendo una broma, pero luego al ver el disgusto de Soraya, entendió que la mujer no estaba jugando. El hombre quien se identificó como Xavier, aquel que conoció en el parque hace dos meses, con quien salió durante dos semanas y con quien tuvo momentos de amor y pasión, no podía creer la frialdad con que lo trataba Soraya. Era como si nunca lo hubiera visto. Sería acaso que Xavier imaginó todo aquello o fue en un sueño que vio a Soraya como una aventura suya? Soraya no le dio mucho tiempo para aclarar sus dudas. Tomó como defensa un jarrón antiguo que tenía cerca de ella y lo amenazó con lanzárselo si es que no se iba por las buenas. Poco le hubiera importado a Xavier romperse la cabeza con aquel jarrón si es que al menos con eso pudiera saber lo que estaba pasando. Soraya era la mujer, quizás la única, que lo había enamorado y que así como todo empezó de manera intempestiva, todo terminó de una noche a la otra.
Soraya logró sacarlo sin tener que golpearlo, sin embargo en sus ojos quedó grabada la expresión de desconcierto de Xavier, un nombre que nunca había escuchado, un rostro que recuerda haber visto pero que no puede ni debe volver a ver más.
Ahora, sola en su casa, con sus pensamientos, en ese rígido invierno, Soraya prende la chimenea y contempla el fuego mientras ve su vida que se consume lentamente en ese largo y apacible invierno que parece no terminar jamás…

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